Os explicamos por qué hay que saborear los restaurantes que han ganado el Premio Restauración 2025

Un total de 7 restaurantes se han alzado con los premios y las menciones honoríficas de las diferentes categorías, que otorga cada año l’Ajuntament de Barcelona, y que ponen en valor desde la sostenibilidad hasta la restauración de mercados
Ajuntament de Barcelona I Premis Restauració 2025
Ajuntament de Barcelona I Premis Restauració 2025
Time Out en colaboración con Ajuntament de Barcelona
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Barcelona es un templo culinario, con restaurantes que ofrecen la mejor calidad y una de las gastronomías más aplaudidas a nivel mundial. Y hay que decir que las guías internacionales no son las únicas que tienen la potestad de ordenarla en rankings: l’Ajuntament de Barcelona también otorga medallas cada año a diferentes restaurantes de la ciudad. Se valora la cocina desde todas sus diversas facetas y modos de hacer, que van desde la alta gastronomía hasta los fogones más populares.

En este contexto, los Premios Barcelona Restauración 2025 ya tienen ganadores. El Bellafila, situado en Ciutat Vella, se ha llevado el premio a la calidad gastronómica; La Esquinica, en Nou Barris, ha sido reconocida por su integración en el barrio; el Restaurante Xavier Pellicer, en l’Eixample, ha recibido el galardón a la sostenibilidad; el mítico Flash Flash, en Sarrià–Sant Gervasi, ha sido premiado por su excelente servicio de sala, y El Racó del Mercat, del mercado de Provençals (Sant Martí), ha obtenido el reconocimiento a la restauración de los mercados de Barcelona.

Además, en esta sexta edición, el jurado ha querido conceder un premio honorífico especial al restaurante Los Caracoles, que celebra 190 años de historia en Ciutat Vella, y al restaurador Moncho Neira, de Gràcia, en reconocimiento a su trayectoria icónica y a su labor como fundador de El Botafumeiro. Unos premios que, un año más, ponen en valor la diversidad, la calidad y el arraigo de la restauración barcelonesa. Seguid leyendo, que os explicamos por qué hay que descubrir y saborear a cada uno de estos premiados.

1. Bellafila: Premio a la calidad gastronómica

Los propietarios de la exquisita Bodega La Palma (2025), en pleno Barri Gòtic, inauguraron en un local vecino el Bellafila en 2024 y, poco a poco, lo han posicionado como todo un lugar de peregrinación gastronómica en el distrito de Ciutat Vella. Trabaja con gran exigencia el producto fresco y de temporada, uno de los índices que más puntos suma en la categoría de “calidad gastronómica” de los premios; así como con un discurso propio, un servicio a la altura y un recorrido de largo plazo, que este restaurante cumple con creces.

La cocina de Bellafila parte de la tradición catalana, pero la mira con ojos actuales y le quita un poco de peso. No busca el plato efectista, sino el sabor limpio. Una carta corta y cambiante, que sigue el ritmo de la temporada y invita a volver.

Entre los platos que mejor definen la casa se encuentra la ensalada de tomates, afinada con un mar y montaña sutil que combina frescura y profundidad, o la sardina con uva, brillante, aparentemente sencilla, pero llena de capas de sabor. También destacan las elaboraciones de cuchara reinterpretadas, como las albóndigas mar y montaña o los snacks salados, que convierten recetas populares en bocados crujientes.

Bellafila, 5. M: Jaume I (L1)

2. La Esquinica: Premio a la integración en el barrio

Con más de cincuenta años de historia, La Esquinica es una taberna de tapas que se ha ganado su buena fama. Ha sabido preservar su idiosincrasia (es un bar aragonés), a la vez que ha conectado con el distrito barcelonés de Nou Barris y su gente, motivos por los cuales ha sido premiado por su integración en el barrio.

Los chipironicos, los choquicos, el morrico fritico y el resto de fritos se han convertido en un imaginario colectivo para quienes los frecuentan, al igual que los clásicos tigres o los pimientos de Padrón. Las patatas bravas, con un allioli contundente, son uno de los símbolos más recordados de la casa y un motivo habitual de regreso. Pero su seña de identidad compartida va mucho más allá del plato. Y es que aragoneses y catalanes no estamos tan lejos: no solo por la proximidad geográfica, sino que estamos unidos por siglos y siglos de historia, y eso se nota.

Los fines de semana, el local va lleno y la salita de espera se transforma en una verdadera plaza de barrio donde se entrelazan las conversaciones. Un caldo de cultivo donde se mezclan generaciones, vecinos de toda la vida y caras nuevas, en un ambiente de convivencia natural.

Fabra i Puig, 296. M: Villapicina (L5)

3. Restaurante Xavier Pellicer: Premio a la sostenibilidad

El restaurante Xavier Pellicer ha sido reconocido por ser un referente indiscutible en el campo de la sostenibilidad y por demostrar que la cocina de alta calidad puede ir de la mano de un modelo responsable, consciente y profundamente respetuoso con el entorno.

El proyecto liderado por el chef parte de una apuesta clara por el producto vegetal como eje central, trabajado con rigor técnico, investigación constante y una mirada contemporánea.

Todas estas cualidades le han valido el Premio a la sostenibilidad de l’Ajuntament de Barcelona, pero este no es el único galardón que ha recibido recientemente: la We’re Smart Green Guide ha situado el restaurante como el mejor restaurante de verduras del mundo.

Tras el cierre de Celerí, y con la reapertura del restaurante en l’Eixample bajo su propio nombre, Pellicer reforzó aún más esta filosofía: más espacio, una cocina centrada en la brasa de encina y el wok, y una propuesta que sitúa la verdura en el centro del discurso gastronómico. Platos como la zanahoria a la brasa con pil-pil de naranja o la alcachofa con ñame y emulsión de almendra ejemplifican una cocina que transforma el producto sin desnaturalizarlo.

La carta, con tres recorridos diferenciados —con proteína animal, ovolactovegetariano y vegano— refleja una clara voluntad de inclusión y de adaptación a diferentes sensibilidades alimentarias, siempre desde una óptica saludable y responsable.

Provença, 310. M: Diagonal (L3, L5)

4. Flash Flash: Premio al servicio de sala

El Flash Flash ha sido distinguido por ofrecer, durante más de cincuenta y cinco años, un servicio de sala de lujo discreto, constante y profundamente humano, donde cada cliente se siente como en casa. Una forma de entender el oficio que cuida cada detalle, mantiene un alto nivel de exigencia y preserva el espíritu de uno de los restaurantes más emblemáticos de Barcelona sin caer en la nostalgia ni en la inmovilidad.

Abierto el 3 de julio de 1970, el Flash Flash es un caso único en la ciudad. Medio siglo después, el paso del tiempo no lo ha erosionado ni lo ha obligado a reinventarse: el restaurante sigue fiel a su esencia, con una propuesta basada en tortillas (saladas y… ¡dulces!), ensaladas, carnes, hamburguesas y postres de la casa (como flanes, torrijas o tarta de queso) servidos en un espacio elegantísimo muy cerca de la Diagonal y del emblemático calle Tuset, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi. Clásicos como la hamburguesa neoyorquesa, la tortilla panadera o el repertorio de platos tradicionales catalanes se mantienen gracias a un equipo estable y comprometido.

Un equilibrio entre permanencia y actualidad que es posible gracias a una sala que funciona como un reloj. La organización del espacio —con su planta en ese, las terrazas interiores y los cambios de sección— genera un ritmo pausado donde dejar correr las horas.

Granada del Penedès, 25. M: Diagonal (L3, L5) 

5. El Racó del Mercat: Premio a la restauración de los mercados de Barcelona

El Racó del Mercat ha sido reconocido por ser un auténtico restaurante de mercado y un punto de encuentro consolidado para vecinos y visitantes. Con más de veinte años de trayectoria en el Mercado de los Provençals del barrio de Sant Martí y con Sonia López al frente, el local se ha convertido en un referente gastronómico del barrio, tanto por la calidad de su cocina como por su papel social dentro del mercado.

El ambiente acogedor y familiar, sumado a una atención cordial y ágil, hace que el servicio funcione con precisión incluso en las horas de mayor afluencia, cuando muchos clientes hacen parada antes de volver al trabajo. Entre el ruido del mercado y las conversaciones animadas, el aroma de los platos tradicionales marca el ritmo del día: tortillas recién hechas —también para llevar—, croquetas caseras fritas al momento y una cocina que siempre parte del producto fresco disponible en los puestos.

El Racó del Mercat es especialmente conocido por los desayunos contundentes, con platos muy populares como la tripa —de la que se venden cerca de cien kilos a la semana—, los pies de cerdo, las carrilleras al Oporto, el conejo guisado o el bacalao con samfaina. El bocadillo de brocheta moruna de secreto ibérico con allioli, la paella de los jueves, el menú de los viernes, con una oferta variada de primeros y segundos, y el marisco a la plancha de los sábados son algunos de sus otros atractivos.

Este premio reconoce a El Racó del Mercat como un ejemplo a seguir en la restauración de mercado: cocina popular bien hecha, producto de temporada y una función social esencial que mantiene viva la chispa del mercado.

Menorca, 19. M: Sant Martí (L2)

6. Los Caracoles: Reconocimiento Honorífico

Los Caracoles ha sido reconocido por ser el segundo restaurante más antiguo de Barcelona, con 190 años de historia ininterrumpida. Fundado en 1835 por la familia Bofarull, que ya suma cinco generaciones al frente del negocio, el restaurante sigue ofreciendo una cocina catalana tradicional de renombre mundial desde el corazón del Barri Gòtic, fiel a sus orígenes y a su identidad.

Más que un restaurante, Los Caracoles es casi un museo vivo de la ciudad. Las paredes, llenas de fotografías, funcionan como un relato visual de la historia contemporánea de Barcelona, mientras que la icónica fachada, con los pollos a la brasa visibles desde la calle, forma parte del imaginario urbano del barrio. Cruzar su puerta es hacer un viaje en el tiempo.

La carta es un homenaje constante a la cocina catalana clásica —esqueixada, canelones, paella de bacalao con verduras, cabrito al horno, croquetas, suquet— donde los caracoles, evidentemente, se llevan la palma: son el plato emblema de la casa y de consumo obligatorio para quien la visite. El recorrido se completa con postres tan nostálgicos que provocan lágrimas de alegría, como el pijama, los sorbetes variados o las profiteroles con chocolate.

Escudellers, 15. M: Liceu (L3)

7. Moncho Neira: Reconocimiento Honorífico

En este caso, los Premios Restauración han entregado un galardón póstumo a una persona: Moncho Neira, que nos dejó hace unos meses y que ha sido una figura clave en la historia reciente de la restauración de Barcelona por haber construido un modelo gastronómico sólido y respetado en todas partes. Fundador de El Botafumeiro en 1975, convirtió este restaurante en un auténtico templo del marisco, que todo amante de la cocina de mercado y del producto marino de excelencia debe probar al menos una vez en la vida.

Desde Botafumeiro, Neira inició una singladura que acabaría dando forma al grupo Moncho’s, integrado hoy por quince restaurantes. Rompieron fronteras a partir de 1990, con la llegada de Moncho Neira a California y la apertura del restaurante Moncho’s Barcelona en Malibú, un paso decisivo en la internacionalización de la cocina catalana y española, y en la consolidación de Barcelona como capital gastronómica de referencia.

Botafumeiro sigue siendo la gran obra y el buque insignia de este legado. Este reconocimiento honorífico distingue a Moncho Neira como un líder inspirador y un referente indiscutible de la gastronomía barcelonesa, alguien que ha sabido construir una obra perdurable y proyectarla al mundo sin perder nunca la esencia del producto, del mar y de la ciudad.

Botafumeiro. Gran de Gràcia, 81. M: Fontana (L3)

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