Viaggio in Italia, con nombre de peli de Rossellini, es un oasis de helado de verdad en medio del bullicio turístico. Justo delante de la Casa Vicens, Fabio Ceresa –un excomercial de maquinaria de frío de Brescia que decidió cambiar de vida en 2017– huye de los
toppings y del helado industrial. Su receta es rigurosidad sencilla y laboriosa: pasteuriza leche fresca, elige fruta madura o tritura avellanas de verdad, por ejemplo, sin grasas ni colorantes. Hechos con agua de los Pirineos y poco azúcar, sus helados son "simplemente los que se hacen en una heladería italiana artesana tradicional". Y esto los sitúa
entre las mejores heladerías de Barcelona.
En este rinconcito de barrio, Ceresa renueva cada día 14 sabores de helado, la mitad de ellos veganos y sin gluten. Hay clásicos y hallazgos como el sorbete de hibisco y menta –donde masticas las hojas de hierba aromática fresca y no el aroma de pasta de dientes– o un Cappuccino Biscottino cremoso, un helado de sabor cálido e intenso que junta el café y la galleta, y que es pura Italia. En su tierra, la licencia de helado artesano exige obrador propio para proteger al consumidor de la picaresca industrial y Ceresa reclama que se haga lo mismo en España. También encontraréis un rinconcito de café con café a la italiana –que escasea en Barcelona– y el affogato, la combinación entre café exprés italiano y una bola de helado.