El filósofo Gilles Deleuze y el pintor Nicolas de Staël solo tienen aparentemente una cosa en común: su muerte. Ambos se lanzaron por la ventana, con 40 años de diferencia. ¿Y el boxeador mataronense Fred Galiana? ¿Y la vedete Juanita de Tánger? Un año después de la muerte de Deleuze, en 1996, dos estudiantes de filosofía están en París intentando analizar el Abecedario de Deleuze, la serie de entrevistas que el filósofo dejó como legado, pero mientras Jan (Joan Sentís) se obsesiona con ello, Maria (Míriam Moukhles) se desanima y sale de la madriguera académica. Él encuentra el nexo entre el pintor y el filósofo: su hija (Cris Martínez). Y ella topa con otra verdad: un cuaderno donde estaría el origen de todos los cuentos. Y lo que parece una obra de tesis se convierte en un cabaret filosófico donde Moukhles se transforma en la perfecta vedete.
Si en Nodi: de gossos i malditos (2024), Moukhles i Sentís hicieron una brillante investigación histórica en la subcultura barcelonesa de los años 70 y 80, con Pau Riba y Pau Malvido como referentes, en Abecedari buscan otras cosas. De todas las letras de Deleuze, hay una en la que caen a menudo: la C, de Cultura. Para el filósofo, la cultura no es conocimiento sino encuentro, con cosas y no con personas. Y aquí tanto el entusiasta como la decepcionada seguirán caminos diferentes para llegar al mismo lugar. Pero lo importante, teatralmente hablando, será el camino, porque no siempre para ir de A a C tienes que pasar por B.
Moukhles emerge como la actriz superdotada que es: canta, imita, seduce
Es verdad que Abecedari parece una amalgama de ideas que cuestan de unir, que a menudo no sabemos qué nos está contando, que de tantas digresiones nos hace olvidar el punto de partida. ¿Importa esto, sin embargo? Porque bien podemos asumir esta obra como un montaje surrealista, donde pasado y presente se fusionan, donde los espacios se multiplican, los personajes flotan, las imágenes se desbordan y la filosofía y el cabaret se dan la mano. En medio de todos los huracanes, Moukhles emerge como la actriz superdotada que es: canta, imita, seduce. Hace lo que quiere con el público. En una fracción de segundo, puede ser un árabe granado que chapurrea castellano y convertirse en una vedete risueña.
En un año, Moukhles ha protagonizado Little women (Teatre Lliure) y Maria Magdalena (TNC), y ha conseguido hacer de La Moukhles&Sentís, su compañía, un refugio galáctico, un espacio de libertad, donde poder dar vida a los disparates más deliciosos. Porque si bien Abecedari parece un espectáculo serio y con ínfulas, se trata al final de una auténtica gamberrada, la cual, no lo dudemos, habría entusiasmado al mismo Deleuze, aunque no le gustara el teatro. Sobre todo por cómo exponen el material con el que juegan, siempre desde el gozo, siempre desde la alegría del descubrimiento. Y eso es maravilloso.

