Buena parte de las víctimas de la Guerra Civil española enterradas en el Valle de los Caídos están allí porque, décadas atrás, fueron trasladadas sin la autorización de sus familias. Entre tantas exhumaciones clandestinas, la historia del abuelo del vecino de Capellades Joan Piñol, autor del libro Avi, et trauré d’aquí!, es el hilo dramatúrgico que Víctor Borràs ha hilvanado en este espectáculo homónimo cargado de convicción.
La obra sigue a la pareja formada por un profesor de catalán cuadriculado e inocentón y una bibliotecaria desenvuelta y espabilada, que preparan una conferencia sobre la historia del abuelo de él, cómo descubrieron el traslado ilícito de su cuerpo de Lleida a Madrid y, desde entonces, persisten en el intento de recuperarlo. Un tema grave que la pareja artística y romántica formada por Miquel Malirach y Àurea Márquez parece surfear entre el metateatro y los recuerdos, sin acabar de sumergirse en los debates que abre la historia.
La construcción dramatúrgica, hecha de fogonazos con aire de cuento, es dinámica y deja espacio para pequeños regalos
De hecho, la fuerza de la propuesta de Teatre Nu radica en la vigencia de la temática, que se aborda con la firmeza tajante de años de reivindicación y escasos éxitos. Cabe decir que la construcción dramatúrgica, hecha de fogonazos con aire de cuento, es dinámica y deja espacio para pequeños regalos como una canción dulce, estéticas proyecciones sobre tela y piel, y entrañables bromas cotidianas. El dispositivo escénico, un cubo giratorio, se completa con un acompañamiento sonoro y un trabajo de iluminación minuciosos, que aportan textura e intimidad a los recuerdos.
Avi, et trauré d’aquí arranca temporada en un formato de proximidad que debe ganar rodaje para lograr el esperado impacto emocional en el público. Los intérpretes tienen margen para profundizar en matices y dar mayor consistencia a los personajes. Es necesario que cada figura brille precisamente por su pequeñez anónima y trascienda la anécdota particular para conectar con las vidas de decenas de miles de víctimas. Porque la lista de familias despreciadas por el franquismo es interminable.

