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Marina Abramović, que ha dejado una huella imborrable en el mundo de la performance y ha abierto interrogantes infinitos sobre la condición humana, regresa con una nueva propuesta que se estrena en el Gran Teatre del Liceu y que se puede ver del 24 al 30 de enero: Balkan Erotic Epic. La pieza se sitúa a caballo entre la danza, el teatro y la performance, y fusiona el erotismo con las tradiciones folclóricas y el mito de los Balcanes, proponiendo una reflexión profunda sobre la identidad y las tensiones políticas y sociales del territorio, así como sobre la condición humana en un sentido más general.
Uno de los ejes centrales de la obra es la recuperación de rituales ancestrales vinculados a la sexualidad como fuerza vital y colectiva. Abramović rescata prácticas precristianas de los Balcanes en las que el cuerpo y el erotismo se concebían como herramientas de conexión con la naturaleza, la fertilidad y la comunidad, y las traslada a escena para cuestionar la represión contemporánea del deseo y del cuerpo. En este sentido, la pieza funciona también como un acto de resistencia cultural y de memoria, en el que el cuerpo se convierte en un archivo vivo de una historia silenciada o transformada por el paso del tiempo y por los discursos de poder.
La escenografía cultural, con su marco particular, ejerce una función de límite que se reproduce en todas las culturas. Abramović utiliza este dispositivo escénico para reflexionar sobre los límites culturales en un sentido universal y los contrapone a la experiencia humana y a sus contradicciones, evidenciando la tensión constante entre lo colectivo y lo individual.
El erotismo no se representa de manera superficial, sino que se convierte en un lenguaje capaz de transmitir tanto la belleza como la violencia de las relaciones humanas. La obra explora cómo el deseo, la pasión y el poder se entrelazan de manera compleja y desafían las convenciones de género y sexualidad, a la vez que permiten al público enfrentarse a sus propios prejuicios y expectativas. El audiovisual y la danza refuerzan el mensaje mediante puestas en escena que rozan tanto lo sublime como lo grotesco, generando una experiencia intensa y físicamente impactante.
La obra solo se puede ver a partir de los 18 años, y aquí podéis conseguir las entradas.
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