Blanca desvelada

Teatro
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Blanca desvelada
Blanca desvelada

Dramaturgia: Alejandra Jiménez-Cascón. Dirección: Montse Bonet. Con: Alejandra Jiménez-Cascón.
 
'Blanca desvelada', proyecto fraguado por Alejandra Jiménez Cascón (actriz y dramaturga) y Montse Bonet (directora), desconcierta. Durante casi toda la función conduce al espectador por la senda del teatro político –en línea con 'Las trece rosas' de Júlia Bel– y en el último tercio suelta las riendas de la denuncia para virar hacia una freudiana interpretación de los sueños. La motivación de este giro no queda muy claro, incluso la conexión a través de la reivindicación de la memoria –la íntima y la histórica– es ambigua.

Lo único cierto es que el texto reflexiona desde diversos ángulos sobre la maternidad, no como un fin en sí mismo sino como una circunstancia que afecta a las mujeres. A través de ella, por su frustración o realización, se habla de otros muchos temas, como un test de Rorschach.

La pátina psicológica también se extiende sobre la multiplicidad de personajes que nacen de una única actriz. Más de diez (incluida Blanca, la protagonista, hermana de leche de Eva Hache) que nacen de las entrañas de un solo cuerpo. Nunca mejor aplicada la imagen: “de las entrañas”. Aquí el discurso se mueve en un circuito cerrado entre el corazón y el estómago.

Dramaturgia visceral que no se avergüenza de dejar la parte cerebral del análisis en el umbral del escenario. Es evidente que la implicación de la intérprete tiene que ser absoluta para que la lectura emocional funcione, y Jiménez Cascón se aplica a fondo en defender cada una de las máscaras. Quizá se incurre en un exceso de acentos identificativos, con dejes que cruzan gran parte de la Península y las Américas. Pero es un pecado menor.

Por Juan Carlos Olivares

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