El Jovencito Frankenstein

Teatro
2 de 5 estrellas
El Jovencito Frankenstein
El Jovencito Frankenstein

Time Out dice

2 de 5 estrellas

Mel Brooks lo tenía claro: el musical basado en 'El jovencito Frankenstei'n es para fans de la película. Los que -como en una sesión de 'The Rocky Horror Picture Show'- se avanzan a los gags más celebrados, como el relincho fantasmagórico que resuena cada vez que se menciona a Frau Blucher o la joroba danzante del esbirro Igor. Sin ese contexto nostálgico -la situación para la mayoría del público del Tívoli- esta producción nacida para aprovechar el éxito de 'The Producers' está expuesta a todas sus carencias. Pecado original que parece multiplicarse en el plano montaje madrileño dirigido por Esteve Ferrer.

Para empezar, la partitura se sirve con la calidad musical de una grabación para un karaoke. La orquestación original de Broadway para 25 maestros se redujo en Londres a diez y llega Barcelona en un formato tan reducido que cabe en un palco del Tívoli. Se supone que los músicos estaban dentro. Del director musical sólo se vio un brazo a cortina corrida para saludar brevemente. Un sonido plano -de teclado-mezclador que todo lo puede- sin siquiera la gracia de una orquestina de un teatro de variedades, que es la idea que se impuso en el West End y que mejor encaja con el humor nada refinado de Brooks, en este libreto más Esteso-Pajares que nunca.

En esta puesta en escena, con una iluminación de discoteca, se pierde todo el ambiente vintage de un título que es un desmadrado homenaje a los musicales de la RKO de los años 30, década también del 'Frankenstein' original de la Universal. Ferrer carga aún más las tintas de la caricaturización de los personajes -como el de Elizabeth Benning- para crear algo así como una revista de provincias old-style. Salvable: el número de claqué final.

Por Juan Carlos Olivares

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