Quién diría que un espectáculo que empieza por el final tendría un inicio tan animado. Los hermanos Llorenç i Robert González comienzan el montaje con un número musical muy cabaretero donde hacen de músicos, de cantantes y de bailarines de claqué. En casa, de pequeños, debieron de armar mucho jaleo, porque se requiere mucha práctica para hacerlo todo bien a la vez.
Marc Artigau ha escrito y dirigido para los hermanos González un texto que reflexiona con alegría sobre una de las relaciones humanas más tiernas y complejas que existen: la fraternal. Y lo hace a través de escenas independientes que forman un recorrido extenso desde la infancia, con una litera con sábanas de las tortugas ninja y pósters culers, hasta la vejez, con los actores caracterizados con rebequitas y boinas de lana. Todo ello haciendo alusiones a hermanos que forman parte del imaginario popular: Hansel y Gretel, los Jackson Five, los Kennedy, Raúl y Fidel Castro o los hermanos Lumière, pero también incorporando un cuento de Quim Monzó y un poema musical de Verdaguer. Un popurrí de referencias.
Gran peso del montaje recae en algunos espectadores
Llorenç i Robert González son los únicos intérpretes profesionales encima del escenario, pero gran peso del montaje recae en algunos espectadores, que serán clave para hacer avanzar algunas de las escenas. Sirva esto como un aviso para navegantes para el público más tímido. Estos espectadores servirán de espejo para los hermanos protagonistas y les harán recordar esa norma no escrita tan básica que todos los que tenemos hermanos conocemos bien: a mi hermano solo lo critico yo.
De relaciones fraternales las hay de tantos tipos como hermanos en este mundo, y muchos sabemos lo diversas e incluso complicadas que pueden llegar a ser. El montaje no pretende explorar a fondo esta complejidad, sino que muestra una relación plácida con sus rifirrafes inevitables. El meu germà es una obra que te acompaña en un viaje a tu propia infancia. Los que hemos tenido la suerte de disfrutar de una buena relación con nuestros hermanos, empatizaremos mucho con uno de los diálogos de Robert y Llorenç: "¿A dónde vas? No lo sé. Pues voy contigo".

