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Reseña
Según Tiago Rodrigues, el mundo está separado en dos hemisferios: el posible y el imposible. El primero sería Occidente o, mejor dicho, todos esos lugares que pueden permitirse el lujo de no vivir permanentemente en estado de guerra. El otro correspondería a todos esos rincones que están sometidos a las bombas. En medio estarían los trabajadores humanitarios, todos aquellos que, proviniendo de lo "posible", trabajan en lo "imposible". ¿La razón? Un trabajo como cualquier otro, dicen los personajes del director y dramaturgo portugués. Pero es algo más que eso.
Hace un par de años, el propio Rodrigues trajo este mismo espectáculo, que ahora ha estrenado La Perla 29, al festival Temporada Alta. En Barcelona, es Cristina Genebat quien se ha encargado de dirigirlo, en lo que supone su debut con la batuta. En el montaje original, los cuatro intérpretes hablaban en su propia lengua, un residuo que ha quedado en la versión catalana con Joan Amargós (francés), Màrcia Cisteró (catalán), Andrew Tarbet (inglés) y Elena Tarrats (portugués). Pero solo en la presentación en vídeo y durante alguna escena.
El montaje es frontal y desarrolla las vidas de estos cuatro cooperantes. Todo está pensado bajo la idea de una compañía que entrevista a los trabajadores humanitarios para hacer una obra de teatro. De ahí que todo empiece con el vídeo de todos ellos llegando al teatro y empezando a explicar quiénes son, cuál es su trabajo y cómo debería ser la obra. Acto seguido, los intérpretes saltan a escena y desarrollan la trama.
Los cuatro, con el acompañamiento musical en directo de Mar Orfila, están muy bien en un montaje que subraya el naturalismo. Los cuatro intérpretes suplantan a los trabajadores humanitarios de verdad y deben hacer de todo menos teatro; es decir, pueden no mantener un discurso coherente, tropezar o contradecirse, cosas normales cuando lo que prima es la oralidad y la espontaneidad de un discurso no ensayado. De ahí que podamos afirmar que el trabajo de Genebat ha sido fino y cuidadoso para transmitir una cierta sensación de found footage, de imágenes no terminadas.
El trabajo de Genebat ha sido fino, cuidadoso
Rodrigues ha hecho muy bien su trabajo en el sentido de que juega magistralmente con la metáfora, eje crucial de su última producción teatral, como la propia Dans la mesure de l'impossible (o La distance), que hemos visto esta temporada en el Lliure. No es que todas las guerras se parezcan, pero quizás sí, porque en todas hay muchas víctimas inocentes y muchas forman parte de conflictos irresolutos que se alargan durante décadas: conflictos imposibles. Su mirada sobre los trabajadores humanitarios tampoco es complaciente. ¿Por qué hacen lo que hacen? ¿Qué les lleva a jugarse la vida por los demás? ¿Qué vida tienen ellos? Preguntas, todas, que no tienen una única respuesta.
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