¿Cuántos grandes aciertos son, en realidad, la evolución de un fracaso? Falstaff es un buen ejemplo de ello. Giuseppe Verdi ya había intentado escribir una obra cómica con Un giorno di regno, pero no lo consiguió. Lejos de rendirse, aquel fracaso lo empujó a superarse y a convertir la frustración en creatividad. Pero el fracaso no termina ahí. Falstaff, el protagonista de la ópera, también parece, de entrada, la personificación de un perdedor: antiguo compañero de armas del futuro Enrique V de Inglaterra, ahora vive entregado a la bebida, la gula, la lascivia y la fanfarronería. Marchito, corto de dinero, grotesco y presuntuoso, parece un personaje destinado al ridículo. Pero, como ocurre con los grandes personajes, hay más de lo que parece: su cinismo, su ingenio y una inteligencia desarmante lo convierten en uno de los protagonistas más irresistibles que Verdi jamás escribió.
Ahora, el Gran Teatre del Liceu recupera esta última ópera de Verdi del 9 al 19 de julio. Estrenada en 1893, cuando el compositor ya tenía ochenta años, Falstaff demostró que también se podía despedir de los escenarios con una comedia brillante. Basada en Las alegres comadres de Windsor de William Shakespeare, la obra sigue los intentos del viejo caballero por seducir a Alice Ford y Meg Page, dos mujeres casadas que, lejos de caer en su trampa, deciden darle una lección. A partir de ahí, se despliega una cadena de engaños, disfraces y malentendidos que convierten a la ópera en una maquinaria teatral perfecta. Pero detrás de tanta comedia también hay una reflexión sobre la vanidad, el paso del tiempo y la necesidad de aceptar nuestras propias debilidades.
La producción de Laurent Pelly traslada la acción al siglo XX y culmina con un espejo que refleja al público, convirtiéndonos también en objeto de la gran broma final. Al frente del reparto están los barítonos Luca Salsi y Ambrogio Maestri, que alternarán el papel de Falstaff, acompañados de Roberta Mantegna, Daniela Barcellona, Serena Sáenz, Santiago Ballerini y Mattia Olivieri. Las funciones también tendrán un valor especial porque serán las últimas con Josep Pons como director musical titular del Liceu tras doce años al frente de la orquesta.
"Tutto nel mondo è burla" ("Todo en el mundo es una broma"), canta el coro al final de la ópera. Una sentencia cargada de cinismo que nos recuerda que nadie es tan listo ni tan digno como se cree. Quizá sea precisamente esta mirada irónica sobre la condición humana lo que continúa haciendo de Falstaff una obra absolutamente moderna. ¡Aquí podéis comprar las entradas!



