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Reseña
A cierta edad, quién no se ha preguntado qué habría sucedido si no hubiera dado aquel paso, si no se hubiera echado atrás. Tanto en las relaciones sentimentales como en muchas otras cosas. ¿Nuestra vida habría sido mejor? Pues esto es lo que se plantea Paula (Maria Molins), ya madura, cuando está a punto de enfrentarse a un reto mayúsculo. No sabe qué ocurrió la última noche del viaje de fin de curso en Göteborg, en el último curso de bachillerato, cuando se fue sola a un concierto de Depeche Mode y dejó a Sergi (Roger Coma). Después de tres días de acercamiento, discutieron y no se volvieron a ver nunca más.
Göteborg comienza con Paula irrumpiendo en el piso de Sergi, casi 33 años después de aquella noche que no recuerda. Él está solo, leía y va en pijama. Ella carga una bolsa con su diario de adolescente y una botella de schnapps. Quiere rememorar aquel viaje, ante lo cual Sergi duda. No lo ve claro, pero cederá. Y lo reconstruirán con la aparición de ambos de jóvenes, interpretados por unos solventes Berta Rabascall y Jan Mediavilla, que reproducirán ante nuestros ojos aquellos días suecos.
Casanovas, haga lo que haga, es un maestro de las tramas
Jordi Casanovas ha escrito y dirige la función. En su trayectoria, podríamos afirmar que Göteborg es una pieza extraña, en medio de Ruz-Bárcenas, Jauría, Mala broma, Valenciana y Un menú tancat. En todo su extenso corpus, cuesta encontrar un texto equivalente, un melodrama romántico casi de manual, parecido, por ejemplo, a L'illa deserta, Començar y Love, love, love, obras, respectivamente, de Marc Artigau, David Eldridge y Mike Barlett, que también han pasado por La Villarroel. Casanovas, sin embargo, haga lo que haga, es un maestro de las tramas y aquí no se priva de enredarla con bisturí para intentar rehuir la plantilla.
Sus personajes nunca son lo que parecen a primera vista. Y aquí, tanto Paula como Sergi guardan unos cuantos ases en la manga para sorprender al espectador. Sin embargo, el dramaturgo y director no logra subvertir el patrón. Y el twist final, cuando sabremos por qué, realmente, Paula ha ido a ver a Sergi, no deja de ser nada más que una escena esperada. O al menos posible en todo el amplio catálogo de melodramas románticos que ya se han escrito.
Molins y Coma hacen muy bien su trabajo. Pero quienes están bien de verdad son Rabascall y Mediavilla. Los dos jóvenes tienen que lidiar con la emoción, en el cuerpo a cuerpo. De adultos, juegan a mirarse de lejos, como en una partida de ajedrez. No bajan nunca la guardia. De jóvenes, los filtros se evaporan y todo es más de verdad. Si la función sale adelante es gracias a ellos.
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