Ivànov

Teatro
Recomendado
4 de 5 estrellas
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Time Out dice

4 de 5 estrellas

¡Ojo! Nos esforzamos para informar con precisión. Pero estos son tiempos inusuales, así que, por favor, confirma que esta actividad aún se hace.

Autor: Anton Txékhov. Dirección: Àlex Rigola. Con: Nao Albet, Andreu Benito, Joan Carreras, Pep Cruz, Vicky Luengo, Sandra Monclús, Àgata Roca, Pau Roca, Mar Ulldemolins.
 
El Ivanov de Chejov es "un psicópata, un llorón", en un entorno de "parásitos" y "perdedores", donde incluso los viejos quieren irse. Él, que era la esperanza blanca, el motor de la comunidad, quien tenía ideas y las ejecutaba, quien gozaba de ideales. Pero, como uno de sus agricultores, cargó demasiado peso y se rompió. Ahora sobrevive refunfuñando, con la mujer enferma, a quien ya no ama, deprimido por lo que no ha sido y lo que no será, pasa las noches lejos de casa con el objetivo de matar el aburrimiento visceral que ha contaminado la comarca. Este es el Ivanov de Chéjov y es el Ivanov de Àlex Rigola, que ha despojado de sentimentalismo la obra para ofrecernos una hora y media de teatro performativo de altos vuelos poéticos, personificados en el Ivanov de Joan Carreras, cabizbajo y distante, magnífico, y las canciones interpretadas como un susurro por el doctor Nao Albet, desde el 'Under pressure' de Queen hasta el 'Hurt' de Trent Reznor.
Este 'Ivanov' comienza, como la pieza original, en un jardín, con los personajes intentando ahuyentar el tedio. Y todo pasa desde lejos. Los actores, que usan su ropa y sus nombres, hablan a kilómetros de distancia. Sólo se tocan para abrazarse o pelearse, cosa que pasa sólo dos o tres veces durante toda la función. Hablan casi a ambos lados del escenario. Están muy lejos unos de otros. En medio, Ivanov pasea su talante de hombre abatido por la vida, envenena todo lo que toca y acabará como todos los personajes de Chéjov insumisos, con el ruido de la pistola.
Rigola ha montado esta obra como si fuera Jan Lauwers, atrevido, sin complejos, cargando los aspectos íntimos de la pieza, lo que exige un trabajo extra a los intérpretes, obligados a actuar sin teatralidad. Traslada el conflicto exterior al interior de los personajes. Cuando se enfrentan, cuando se acercan, saltan chispas reales en escena, en diálogos que azotan al espectador a la hora que le hacen entender la magnitud del drama: el tedio, la desesperanza, la sinceridad extrema, son los vehículos de la negrura humana. Su 'Ivanov' podría ser la cara B de aquel magnífico 'Maridos y mujeres', con la Rusia profunda en lugar de Nueva York. Cuando el teatro aspira a ser arte deviene esto, una gran función.

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