Global icon-chevron-right España icon-chevron-right Barcelona icon-chevron-right Las tres generaciones del Lliure

Las tres generaciones del Lliure

El Teatre Lliure celebra el 40 aniversario de la inauguración, un "sueño" hecho realidad que nos ha ofrecido grandes noches con nombres y apellidos

2666
1/9
Ros Ribas2666
Els feréstecs
2/9
©Ros RibasEls feréstecs
Camí de nit, 1854
3/9
© Teatre LliureCamí de nit, 1854
La nit de les tríbades
4/9
La nit de les tríbades
Un dels últims vespres de carnaval
5/9
Un dels últims vespres de carnaval
Roberto Zucco
6/9
Roberto Zucco
Les noces de Figaro (1989)
7/9
Les noces de Figaro (1989)
Operació Ubú
8/9
Operació Ubú
Gata sobre teulada de zinc calenta
9/9
Gata sobre teulada de zinc calenta
Advertising

Antes de empezar 'Camí de nit, 1854', con la antigua cooperativa La Lleialtat a tope, en la calle del Montseny de Gràcia, el público aplaudió. La gente aplaudía a los valientes que habían decidido abrir un espacio a una especie de teatro como nunca la habíamos visto. No sabían qué pasaría, pero intuían que sería algo diferente, con las gradas a cuatro bandas y los tiempos que estaban cambiando. Fabià Puigserver había logrado enrolar a los más jóvenes y valientes en un proyecto que, hoy todavía, nos regala, quizás, el mejor teatro que se puede ver en Barcelona. El Lliure lo han hecho las personas que han pasado por él. Por eso hemos hablado con tres artistas que son la historia viva del teatro.

Lluís Homar
©Cristina Reche

Lluís Homar: el fundador

Es él quien recuerda, con piel de gallina, aquella noche del 2 de diciembre de 1976. Tenía diecinueve años y, por tanto, era el más joven de la tropa –Puigserver, Lluís Pasqual, Pere Planella, Muntsa Alcañiz, Imma Colomer, Joan Ferrer, Quim Lecina, Anna Lizaran, Josep Minguell, Domènec Reixach, Fermí Reixach, Antonio Sevilla y Carlota Soldevila–. Dice que cuando le dijeron, hacia la Semana Santa de aquel año, que formaría parte de la nueva compañía del Teatre Lliure, no se lo podía creer. El 1 de agosto entraron en la antigua cooperativa La Lleialtat para ponerse el mono de trabajo y recibir con gusto las órdenes de Puigserver mientras los albañiles terminaban la obra. Cuatro meses más tarde, saltó al escenario para comenzar a escribir una historia teatral llena de ilusiones, juerga, llantos, muertes y muchísimas batallas.
Homar, de hecho, capitanea la celebración del 40 aniversario dirigiendo 'Les noces de Fígaro' a partir del montaje que Puigserver hizo en 1989, donde el actor interpretaba el papel principal. Entonces, recuerda, vivían una época conflictiva, hasta el punto que retrasaron el estreno hasta que las administraciones no se comprometieran de una vez por todas a ceder un espacio más grande para el Lliure. Hubo mucha presión y, finalmente, Ferran Mascarell, entonces concejal de Cultura, anunció que el Palacio de la Agricultura sería para el Lliure durante 50 años. Nada mejor que cargar con 'Las bodas de Fígaro', una pieza de Beaumarchais estrenada en 1784 que anunciaba la Revolución Francesa de 1789. Entonces, era "el resultado de trabajo conjunto durante trece años" de una tropa donde había Anna Lizaran, Carlota Soldevila, Emma Vilarasau y Jordi Bosch, entre otros. Ahora, ¿tal vez anuncia otra revolución?

Àlex Rigola
©Iván Moreno

Àlex Rigola: el revolucionario

La primera vez que Àlex Rigola puso un pie en el Lliure tenía diecisiete años y fue a ver, con su madre, 'Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta', dirigida por Puigserver. Y ya tuvo la sensación de "entrar en un sueño", esa "caja" mágica que era el Lliure de Gràcia. En el año 2000, con 31, está estrenó 'Tito Andrónico', una auténtica revolución por aquella época. Y pronto pasaría a formar parte del equipo de dirección del teatro que encabezaba Josep Montanyès, hasta que la muerte repentina de éste le encumbraría, contra todo pronóstico, al frente de la institución.
"Fue un cambio radical de vida que se llevó mi juventud", recuerda Rigola. Él tuvo que hacerse cargo del nuevo Palacio de la Agricultura, el actual Lliure de Montjuïc, estrenado en 2001 con 'L'adéi de Lucrècia Borja', de Carles Santos, tuvo que cerrar la sede de Gràcia para hacer reformas y batallar con tesón para volverla a abrir, el 30 de septiembre de 2010, con 'Gata sobre tejado de zinc caliente', de Tennessee Williams. "El Lliure pasó de ser una tienda artesanal a un macrocomplejo", dice. Mientras tanto, rejuveneció el equipo, con una media de edad por debajo de los 30 años y llevó la compañía del teatro por toda Europa, de San Petersburgo en Milán. Y allí dentro se dejó la vida. "Cuando me despedí del Lliure fui al cine, a los Verdi, y no reconocía los bares y las tiendas de al lado", recuerda.
El ahora codirector de los Teatros del Canal de Madrid destaca la capacidad del Lliure de evolucionar. "Si fuera el mismo del 76, ya habría cerrado", dispara.

Advertising
Les noces de Fígaro
© Ros Ribas

Marcel Borràs: el nuevo talento

El actor es el encargado de hacer de Lluís Homar en 'Les noces de Fígaro' que el Lliure recupera. Tiene 27 años recién cumplidos, pero no es un recién llegado: debutó en ella con catorce añitos con el 'Tot és perfecte' de Roger Bernat (2005). Entonces no vivía en Barcelona y "no conocía nada", dice. Pero descubrió un espacio donde se hacía "lo que tiene sentido que sea un teatro público", y una familia. Sólo hizo cuatro funciones y se sintió como en casa. Recuerda, por ejemplo, una conversación en el ascensor con Noemí Alesana, responsable de relaciones públicas, que le animó y le dijo que seguro que se verían mucho en el futuro. Una pitonisa, Noe. Con Nao Albet, que también estaba en aquel montaje, han hecho en el Lliure algunas obras maestras del teatro contemporáneo catalán en el ciclo Radicals Lliure que existió durante el mandato de Rigola. Recuerdan aquel magnífico 'Dictadura-Transició-Democràcia'?
"Lo mejor del Lliure es que no ha perdido la crítica constante hacia él mismo, la pregunta constante de qué sentido tiene esto que hacemos. Tiene una identidad que persiste ", dice. Pero, hoy por hoy, no se ve como director del teatro dentro de diez años. "Esto es muy difícil", exclama. Cree que todavía le falta construir un discurso y que, cuando haga 37 años, todavía no lo tendrá. Nunca digas nunca, que dice el refrán.

Advertising