El patio de butacas se convierte en una aula magna de universidad y, al ritmo frenético de un partido de frontón, los espectadores van cambiando de facultad: de la de ciencias a la de letras. Mientras el profesor de física cuàntica, Pere (Joan Carreras), nos revela que 'L’últim àtom' no existe, la de lingüística, Sara (Mia Esteve), intenta explicarnos cómo determinar un mundo indeterminado. Dos caras de una misma moneda, que harà de hilo conductor durante toda la función: la incapacidad para definir la realidad.
Los dos docentes son una pareja separada que tienen en común una hija desaparecida desde hace muchos años. Tantos, que el sistema està a punto de darla por muerta. En este juego de duda constante entre si lo que vemos es real o no, completan el reparto haciendo múltiples personajes Carles Pedragosa, Carme Milán y el regidor Ruben Ametllé. Todos ellos espléndidos, con el añadido de que este último, aparte de hacer el trabajo de regiduría (quedan al descubierto los “top” que indican cuándo tiene que entrar una luz, un sonido, un cambio de escena), también tiene que decir el texto de la actriz Lara Segur, a la que por lo que parece le sentó mal la cena, y también un par de letras del nombre y el apellido. Nos encanta la faceta más traviesa de Jordi Oriol.
'L’últim àtom' funciona como thriller y como comedia, como clase de ciencias y de letras
Con este montaje, la compañía Indi Gest demuestra que es capaz de hacer propuestas para el gran público sin renunciar a su idiosincrasia. Los que hace tiempo que siguen la trayectoria de Jordi Oriol detectarán los juegos paronomásticos habituales (empezando por el mismo título, o por el nombre completo de la profesora de filosofía del lenguaje: Sara Sert), el despliegue de talento de Carles Pedragosa en un diálogo brillante con él mismo (que no un monólogo) y la ya habitual zanahoria que aparece en todos los montajes como un easter egg marca de la casa.
L’últim àtom funciona como thriller y como comedia, como clase de ciencias y de letras, funciona por capas y también sin ellas. Mientras el gato de Schrödinger y la relatividad lingüística nos proponen dudar de todo, los de Indi Gest nos invitan a hacerlo con un humor muy fino. Top.

