Natale in casa Cupiello
Foto: La Perla 29 | Natale in casa Cupiello

Reseña

Natale in casa Cupiello

4 de 5 estrellas
Pep Cruz y Marissa Josa dan (de nuevo) una lección de tragicomedia napolitana con el clásico de Eduardo de Filippo que vuelve a dirigir Oriol Broggi
  • Teatro
  • Crítica de Time Out
Andreu Gomila
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Time Out dice

Pep Cruz y Marissa Josa ya se pusieron en la piel de Luca y Concetta hace quince años, en Natale in casa Cupiello de Eduardo de Filippo en la Biblioteca de Catalunya. Una astracanada navideña, una comedia que tira hacia la tragedia, un monumento al pueblo, una zambullida en una familia napolitana, los Cupiello, donde los hombres no las ven ni venir y las mujeres tiran del carro con abnegación. Una pieza sublime del gran autor napolitano, que ahora Oriol Broggi ha decidido volver a levantar, con los mismos protagonistas y buena parte de aquel reparto. ¿El resultado? Bastante óptimo.

Todo, en esta obra, tiene el volumen de la carcajada desatada, bien subrayada en las transiciones entre actos, donde los intérpretes rompen la cuarta pared e invitan al público a bailar, a café, a pastas, entre gritos y un italiano muy extraño. "¡Aquí todos quieren parecer italianos, pero hay cuatro de Girona!", estalla Cruz en la previa del tercer acto... La trama, sin embargo, va por otro lado. Porque los Cupiello bordean el naufragio: tienen un hijo gandul, con el que no saben qué hacer, y una hija "bien casada" con un empresario local que está tentando a la suerte fuera del matrimonio.

Su estado de ánimo es una montaña rusa a punto de descarrilar

La acción se mueve entre Luca y Concetta, entre el hombre que juega a ser el pater familias y la mujer que aguanta fuerte la tapa de la olla a presión para que no estalle. De ahí que la sintonía entre Cruz y Josa sea clave. No es que el resto sobren, pero todo pasa por su tamiz, por sus ojos, por sus gestos. Ya desde el primer momento, con ella levantada y él en la cama, de buena mañana, dan el tono de lo que vendrá. Su estado de ánimo es una montaña rusa a punto de descarrilar.

Respecto a la función de hace quince años, diría que Broggi ha ralentizado un poco la función, como si hubiera dejado que actores y actrices se recrearan un poco en ciertas escenas. Quizá para remarcar el punto dramático de la obra. Las nuevas incorporaciones, como Lluís Marquès (Tommasino, el hijo), desempeñan muy bien su trabajo.

Esta pieza de De Filippo nos sirve para recordar el poder del teatro para hablar de la gente, de la gente corriente, en medio de un panorama teatral muy ensimismado, donde todo es autorreferencial, autoficcional, donde las historias parecen haber perdido peso. El napolitano miraba a la gente de su calle y hacía teatro. No solo se miraba el ombligo.

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Detalles

Dirección
Precio
12-30 €
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