48 horas en las Montañas de Prades y la Sierra de Llaberia

Pueblos con encanto y caminos entre las montañas a pocos kilómetros de la playa

©Rafael López-Monné

La Costa Daurada no es sólo sus magníficas playas. Las montañas parecen querer ver como las olas llegan a la arena, y se asoman por todas partes, con sus verdes y sus caminos siempre listos para ser descubiertos. La comarca del Baix Camp, con las Montañas de Prades y las sierras de Llaberia y de Pradell-l'Argentera, es ideal para pasar 48 horas rodeados de Naturaleza.

CON LA COLABORACIÓN DEL PATRONAT COMARCAL DE TURISME MUNTANYES DE LA COSTA DAURADA

Tarde día 1: Capafonts, La Mussara y la Abellera

Tarde día 1: Capafonts, La Mussara y la Abellera

350 kilómetros cuadrados de zonas boscosas y agrícolas son con los que cuenta el ámbito geográfico de las Montañas de Prades. Se nos hace difícil elegir por dónde empezar, pero lo podemos hacer por ejemplo en Capafonts, pueblo tranquilo y con buenas panorámicas de los entornos, y que cuenta como principal reclamo con un horno de pan. Tal y como lo leéis. ¡Pero es que se trata de un horno del siglo XIII! Se encuentra situado en los bajos de la Casa de la Villa, y formaba parte de un conjunto más amplio, pero la parte que hoy podemos ver está museizada y muy bien conservada. Estuvo en funcionamiento hasta no hace muchos años, en 1985, y por tanto se trata de una "rareza" en Cataluña y con un valor patrimonial de excepción. En el pueblo también encontraremos unos interesantes lavaderos.

Media hora de coche nos separa de la Mussara, una aldea despoblada desde el año 1959. Las panorámicas sobre el Campo de Tarragona son bonitas, pero quizá lo que más nos atrae del lugar es su aire romántico y enigmático. La Mussara pertenece al municipio de Vilaplana, y en medio de las ruinas se alza con fuerza la iglesia y su campanario de mediados del siglo XIX.

Podemos seguir la tarde yendo hasta la ermita de la Abellera, a dos kilómetros de Prades. La construcción data del año 1570 y está incrustada en un risco aprovechando una cueva existente, por lo que es una ermita y un lugar singular y de gran atractivo, por la cueva y también por las tierras rojizas. Se venera la patrona de los apicultores catalanes, y la corona de la Virgen (normalmente no la lleva puesta) tiene cincuenta abejas de plata, con su reina y el escudo de Prades en lo alto.

Mañana día 2: ¡vamos a buscar setas!

Mañana día 2: ¡vamos a buscar setas!

Las montañas de Prades son tierra de setas. Y es en otoño, claro, cuando más fácilmente podremos llenar la cesta. Así que esta mañana la hemos reservado para esta actividad tan saludable, y que al mismo tiempo nos servirá para conocer nuevos rincones de la comarca. Si deseáis encontrar níscalos y negrillas, os recomendamos adentraros en los bosques de los alrededores de la Mussara y los Motllats, y también cerca del cuello de Capafonts. Otros tipos de setas tienen predilección por los bosques más viejos y densos del sotobosque, y un buen lugar donde buscarlos es el tramo que va de Capafonts a Mont-ral.

Podemos comer en Prades y aprovechar para visitar las calles de la villa roja. Y es que las piedras rojizas son predominantes en la iglesia, la muralla, muchas de las casas... El color proviene (como hemos visto en la Abellera) de las piedras que hay en las montañas de los alrededores. La plaza Mayor es encantadora, y además encontraremos uno de los símbolos de la población, la fuente esférica renacentista. Hay que dar un paseo tranquilo por esta villa amurallada, y descubrir también los restos del castillo, los portales románicos, o la torre de defensa cuadrangular.

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Tarde día 2: la Virgen de la Roca y el Castillo de Escornalbou

Tarde día 2: la Virgen de la Roca y el Castillo de Escornalbou

Después de comer, nos desplazamos hasta Mont-roig del Camp para conocer dos ermitas, la de la Virgen de la Roca, de gran devoción en Mont-roig, y la de San Ramón de Penyafort. De la primera, como se indica en las mismas construcciones, se tienen referencias desde el año 1230, y de la segunda desde 1586. En todo caso el conjunto está asentado sobre un castillo anterior. Es un mirador magnífico, único, espectacular. Y aún más si tomamos el sendero del Areny. Además descubriremos unas formaciones rocosas de lo más curiosas, juguetonas, y sin duda esculpidas a golpes de viento. El conjunto arquitectónico de las ermitas, que parece suspendido haciendo equilibrios en la cima de la montaña, también es singular. La de San Ramón está en lo alto, rectangular y blanca, mientras que la de la Virgen de la Roca, un poco más abajo, suma varios edificios, con fragmentos de pared roja y otros blanca, y es un santuario donde se venera la imagen de la Virgen esculpida en 1980 por el artista local Francesc Javaloy.

Si el reloj os lo permite, podéis acabar la tarde en el castillo de San Miguel de Escornalbou. De hecho se llama Castillo Monasterio ya que fue habitado por monjes agustinos primero, y por franciscanos después. Vinieron, sin embargo, las desamortizaciones y décadas más tarde la época en que la burguesía acomodada adquiría edificios históricos y los adaptaba a su gusto para hacer su residencia. Así que Eduard Toda lo compró y lo reconstruyó su gusto. San Miguel de Escornalbou es hoy el resultado de una mezcla de épocas y de estilos de todo tipo, que vale la pena conocer.

Mañana día 3: los dips, seres mitológicos

Mañana día 3: los dips, seres mitológicos

El tercer día lo pasaremos descubriendo la Sierra de Llaberia y sobre todo uno de sus pueblos más bonitos: Pratdip. El nombre de la población se debe a la leyenda de los dips, unos perros negros y vampíricos que habrían desaparecido en el siglo XVIII. Estos seres mitológicos figuran en el escudo de Pratdip y tienen un monumento a la entrada del pueblo, como protección para sus habitantes.

Historias aparte, Pratdip merece un buen recorrido. Ya de lejos nos puede facilitar fotografías de postal, mientras que cuando nos adentramos descubriremos unos callejones de regusto medieval, y casi trepando se llega hasta Ca la Torre, una torre defensiva de los siglos XIII o XIV que formaba parte de la muralla. Allí mismo se encuentra la iglesia de la Natividad de Santa María, que se ha ido modificando a lo largo de los siglos pero las primeras referencias son de mediados del XII. Y tampoco muy alejada del templo otra torre defensiva, la del Capet, se alza esplendorosa con sus 16 metros de altura y con la declaración de bien cultural de interés nacional bajo el brazo desde el año 1985. La envejece aún más el hecho de estar acompañada por un portal muy bien conservado, con arco de medio punto y que era la puerta de acceso al interior del recinto amurallado. Y no os costará mucho encontrar una inmensa roca, que de hecho corona la silueta de Pratdip, y, en lo alto, los restos del castillo medieval. Desde aquí, y desde otros puntos del recorrido, son visibles los huertos de los alrededores, con cierta belleza por su disposición.

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Tarde día 3: un centro de interpretación de la Sierra de Llaberia

Tarde día 3: un centro de interpretación de la Sierra de Llaberia

En Pratdip mismo encontraréis buenos lugares donde comer. Y por la tarde podéis ir a visitar el Centro de Interpretación de la Sierra de Llaberia, en la plaza de la Iglesia, con una atractiva presentación y tres espacios temáticos. En el primero os informarán de los valores naturales y culturales de la Sierra, y sus servicios, infraestructuras, y las actividades turísticas que se ofrecen. Un segundo espacio está centrado en el municipio de Pratdip, mientras que en el tercero entraréis en una atmósfera misteriosa, y conoceréis cuatro historias mágicas y mitológicas de la Sierra de Llaberia.

Llegamos al final de la escapada. Si no tenéis prisa y aún os quedan pilas, os recomendamos dar un paseo por los caminos de los alrededores de la localidad, y así comprobar en vivo algunas de las cosas sobre la Sierra que hemos visto o leído en el Centro de Interpretación.

Centro de Interpretación de los Frutos del Paisaje

Se encuentra en el antiguo edificio y molino de la Cooperativa de Riudecanyes. Allí podremos conocer historias y tradiciones sobre aquellas tierras un poco más alejadas del mar de la Costa Daurada, especialmente las del Baix Camp. A través de audiovisuales, paneles y juegos interactivos, nos adentraremos en los paisajes de interior y los productos que originan.

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Castillo Monasterio de Escornalbou

Un castillo peculiar, de la época en la que la burguesía acomodada adquiría edificios históricos y los adaptaba a su gusto para convertirlos en su residencia. Eduard Toda rehabilitó un monasterio fundado en 1153, con excelentes panorámicas de la comarca. Así pues, Sant Miquel d’Escornalbou es, por una parte, una lujosa vivienda señorial de principios de siglo XX, y por otra, los restos de un edificio religioso remarcable en su tiempo.

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