Escapada a las Montañas de la Costa Daurada y la Sierra de Llaberia

Un interior de la Costa Daurada verde y lleno de atractivos

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En un abrir y cerrar de ojos podemos pasar de bañarnos en Cambrils, Salou o Miami Playa, a encontrarnos pedaleando por montañas verdes, cruzando pequeños pueblos encalmados, y deteniéndonos en fuentes de donde mana agua fresca y pura. Así de variada es la Costa Daurada, y especialmente la comarca del Baix Camp, con las Montañas de Prades y las sierras de Llaberia y de Pradell-l'Argentera como espacios de naturaleza ideales donde pasar las próximas 48 horas.

CON LA COLABORACIÓN DEL PATRONAT COMARCAL DE TURISME MUNTANYES DE LA COSTA DAURADA

Tarde día 1: Capafonts, La Mussara y la Abellera

Tarde día 1: Capafonts, La Mussara y la Abellera

350 kilómetros cuadrados de zonas boscosas y agrícolas son con los que cuenta el ámbito geográfico de las Montañas de Prades. Se nos hace difícil pues elegir por dónde empezar, pero lo podemos hacer por ejemplo en Capafonts, pueblo tranquilo y con buenas panorámicas de los entornos, y que cuenta como principal reclamo con un horno de pan. Tal como lo leéis. ¡Pero es que se trata de un horno del siglo XIII! Se encuentra situado en los bajos de la Casa de la Villa, y formaba parte de un conjunto más amplio, pero la parte que hoy podemos ver está museizada y muy bien conservada. Estuvo en funcionamiento hasta no hace muchos años, en 1985, y por tanto se trata de una "rareza" en Cataluña y con un valor patrimonial de excepción. En el pueblo también encontraremos unos interesantes lavaderos.

Media hora de coche nos separa de la Mussara, una aldea despoblada desde el año 1959. Las panorámicas sobre el Campo de Tarragona son bonitas, pero quizás lo que más nos atrae del lugar es su aire romántico y enigmático. La Mussara pertenece al municipio de Vilaplana, y en medio de las ruinas se alza con fuerza la iglesia y su campanario de mediados del siglo XIX.

Podemos seguir la tarde yendo hasta la ermita de la Abellera, a dos kilómetros de Prades. La construcción data del año 1570 y está incrustada en un risco aprovechando una cueva existente, por lo que es una ermita y un lugar singular y de gran atractivo, por la cueva y también por las tierras rojizas. Se venera la patrona de los apicultores catalanes, y la corona de la Virgen (normalmente no la lleva puesta) tiene cincuenta abejas de plata, con su reina y el escudo de Prades en lo alto.

Al atardecer podríamos llegar a Prades, y así descubrir la villa roja mientras el sol nos va diciendo adiós, lo que aún le otorga un mayor atractivo. Y es que las piedras rojizas son predominantes en la iglesia, la muralla, muchas de las casas... Proviene (como acabamos de comprobar en la Abellera) de las piedras que hay en las montañas de los alrededores. La plaza Mayor es encantadora, y además hay uno de los símbolos de la ciudad, la fuente esférica renacentista. Hay que dar un paseo tranquilo por esta población amurallada, y descubrir también los restos del castillo, los portales románicos, o la torre de defensa cuadrangular.

Mañana día 2: Miró y Montroig

Mañana día 2: Miró y Montroig

Por la mañana nos desplazamos a Montroig del Camp para conocer las calles que durante años vieron pasar un peatón de renombre, el pintor Joan Miró. Tras conocer la trama urbana y la luz especial de Montroig que tanto cautivó al artista, damos con el Centre Miró, un centro de interpretación ubicado en la iglesia vieja, con algunas reproducciones de los cuadros de Miró y documentales sobre su persona, y también se explica su relación con la localidad. Miró descubrió en Montroig el mundo del campo, de las viñas, en definitiva de la naturaleza. El genio llegó a manifestar que toda su obra había sido concebida en Montroig.

A continuación nos desplazamos a otro lugar de visita totalmente recomendable si nos estamos moviendo por esta zona. A poniente de la población hay una montaña, casi se podría decir una inmensa roca, que se alza en medio de la llanura. Su color es rojizo -de ahí el nombre de Montroig. Hay aparcamiento para dejar el coche al pie mismo de la roca, y así sólo tendréis que subir el último tramo. Y en la cima, ¡todo un mundo! Dos ermitas, la de la Virgen de la Roca, de gran devoción en Montroig, y la de San Ramón de Penyafort. De la primera, como se indica en las mismas construcciones, se tienen referencias desde el año 1230, y de la segunda desde 1586. En todo caso el conjunto está asentado sobre un castillo anterior. Es un mirador magnífico, único, espectacular. Y aún más si tomamos el sendero del Areny. Además descubriremos unas formaciones rocosas de lo más curiosas, juguetonas, y sin duda esculpidas por la fuerza del viento. El conjunto arquitectónico de las ermitas, que parece suspendido haciendo equilibrios en la montaña, también es singular. La de San Ramón está en lo alto, rectangular y blanca, mientras que la de la Virgen de la Roca, un poco más abajo, suma varios edificios, con fragmentos de pared roja y otros blancos, y es un santuario donde se venera la imagen de la Virgen esculpida en 1980 por el artista local Francesc Javaloy.

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Tarde día 2: la Sierra de la Argentera

Tarde día 2: la Sierra de la Argentera

Después de comer vamos hasta Riudecanyes, en la Sierra de la Argentera. En el término municipal tenemos varios puntos de interés. Uno es el Centro de Interpretación de los Frutos del Paisaje. Se encuentra en las antiguas instalaciones de la Cooperativa Agrícola del municipio, y su objetivo es dar a conocer cómo la gente del Baix Camp interior se ha adaptado al territorio a lo largo de los siglos y los muchos productos de calidad que ha sabido extraer de estas tierras. Lo hace a través de audiovisuales, paneles y juegos interactivos que hacen de ésta una visita divertida y apta para todas las edades.

Y el otro gran atractivo es el castillo de Sant Miquel de Escornalbou. De hecho se dice Castillo Monasterio ya que fue habitado por monjes agustinos primero, y por franciscanos después. Vinieron, sin embargo, las desamortizaciones y décadas más tarde la época en la que la burguesía acomodada adquiría edificios históricos y los adaptaba a su gusto para convertirlos en su residencia. Así que Eduard Toda lo compró y reconstruyó su gusto. Sant Miquel de Escornalbou es hoy el resultado de una mezcla de épocas y de estilos de todo tipo, que vale la pena conocer.

Mañana día 3: los dips, seres mitológicos

Mañana día 3: los dips, seres mitológicos

El tercer día lo pasaremos descubriendo la Sierra de Llaberia y sobre todo uno de sus pueblos más bonitos: Pratdip. El nombre de la población se debe a la leyenda de los dips, unos perros negros y vampíricos que habrían desaparecido en el siglo XVIII. Estos seres mitológicos figuran en el escudo de Pratdip y tienen un monumento a la entrada del pueblo, como protección para sus habitantes.

Historias a un lado, Pratdip merece un buen recorrido. Ya de lejos nos puede facilitar fotografías de postal, mientras que cuando nos adentramos descubriremos unos callejones de regusto medieval, y que van trepando hasta Ca la Torre, una torre defensiva de los siglos XIII o XIV que formaba parte de la muralla. Allí mismo se encuentra la iglesia de la Natividad de Santa María, que se ha ido modificando a lo largo de los siglos pero las primeras referencias son de mediados del siglo XII. Y tampoco muy alejada del templo otra torre defensiva, la del Capet, se alza esplendorosa con sus 16 metros de altura y con la declaración de Bien Cultural de Interés Nacional bajo el brazo desde el año 1985. La envejece aún más el hecho de estar acompañada por un portal muy bien conservado, con arco de medio punto y que era la puerta de acceso al interior del recinto amurallado. Y no os costará mucho encontrar en los alrededores una inmensa roca, que de hecho corona la silueta de Pratdip, y, en lo alto, los restos del castillo medieval. Desde aquí, y desde otros puntos del recorrido, son visibles los huertos de los alrededores, con cierta belleza por su disposición.

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Tarde día 3: un centro de interpretación de la Sierra de Llaberia

Tarde día 3: un centro de interpretación de la Sierra de Llaberia

En Pratdip mismo encontraréis buenos lugares donde comer. Y por la tarde podéis entrar en el Centro de Interpretación de la Sierra de Llaberia, en la plaza de la Iglesia, con una atractiva presentación y tres espacios temáticos. En el primero os informarán de los valores naturales y culturales de la Sierra, y sus servicios, infraestructuras, y las actividades turísticas que se ofrecen. Un segundo espacio está centrado en el municipio de Pratdip, mientras que en el tercero entraréis en una atmósfera misteriosa, y os aproximaréis a cuatro historias mágicas y mitológicas de la Sierra de Llaberia.

Llegamos al final de la escapada. Ahora, si no tenéis prisa y todavía os quedan fuerzas, os recomendamos dar un paseo por los caminos de los alrededores de la localidad, y así comprobar en vivo algunas de las cosas sobre la Sierra que habéis acabado de ver o de leer en el Centro de Interpretación.

Equipamientos culturales

Centro de Interpretación de los Frutos del Paisaje

Se encuentra en el antiguo edificio y molino de la Cooperativa de Riudecanyes. Allí podremos conocer historias y tradiciones sobre aquellas tierras un poco más alejadas del mar de la Costa Daurada, especialmente las del Baix Camp. A través de audiovisuales, paneles y juegos interactivos, nos adentraremos en los paisajes de interior y los productos que originan.

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Castillo Monasterio de Escornalbou

Un castillo peculiar, de la época en la que la burguesía acomodada adquiría edificios históricos y los adaptaba a su gusto para convertirlos en su residencia. Eduard Toda rehabilitó un monasterio fundado en 1153, con excelentes panorámicas de la comarca. Así pues, Sant Miquel d’Escornalbou es, por una parte, una lujosa vivienda señorial de principios de siglo XX, y por otra, los restos de un edificio religioso remarcable en su tiempo.

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