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Cala Guillola
Foto: Blanca Pons

Las mejores playas del Cap de Creus

Para tomar el sol, para bañarse, hacer snorkel o unas fotos alucinantes. ¡Descubre las calas más increíbles del Cap de Creus!

Escrito por
Ainhoa Echeverría
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El Cap de Creus es uno de los rincones más alucinantes de la Costa Brava. Uno de los motivos por los que seguimos enamorados del Empordà. Y, además de cuevas y caminos a conocer, también tiene una selección de playas de postal. Calas rodeadas de rocas curiosas, alejadas de la civilización o, tal vez, bien concurridas en verano. Pero dignas de visitar. Hemos hecho una lista con nuestras favoritas. ¡Disfrútalas!

Cala Tamariua
Foto: Shutterstock

Cala Tamariua

Una de las playas más interesantes del Cap de Creus

Aguas transparentes, tranquilidad abrumadora y un paisaje (interior y exterior) para caer de espaldas. Cala Tamariua, -se llama así porque está rodeada de tamarindos-, es una de las playas más interesantes del Cap de Creus y una de las pocas de arena. Gruesa, eso sí. Está flanqueada por dos grandes paredes rocosas y tiene una longitud de unos ochenta metros aproximadamente. Aunque no dispone de ningún servicio,- es completamente salvaje-, en verano a menudo se suele instalar un pequeño chiringuito. También es habitual la práctica de nudismo. Y, gracias a su fondo rocoso y aguas cristalinas, punto de encuentro de amantes del snorkel.

Cala Tamariua está situada a casi un kilómetro del casco urbano del Port de la Selva y se puede llegar desde dos rutas diferentes: por el camino de Ronda asfaltado que comienza detrás del puerto y la más interior, que comienza aproximadamente en la calle Mirador,- en el centro del pueblo-. Esta última es bastante interesante porque nos permite ver la punta de Cala Cativa y el Cap Mitjà.

Cala Cativa
Foto: Port de la Selva

Cala Cativa

Una de las calas más cercanas al Cap de Creus

Entre Cala Tamariua y Cala Fornells encontramos Cala Cativa, una (muy) pequeña playa virgen cercana al Cap de Creus y, bastante desconocida por la mayoría. La mejor manera de acceder es a través del camino de Ronda que va hacia Cala Tamariua o, si tenéis, en kayak. No esperéis encontrar, eso sí, una playa donde instalar la toalla porque si va en familia prácticamente no cabréis. Curiosamente, Cala Cativa esconde una historia alucinante: los restos de un barco del siglo I aC y que transportaba 100 ánforas de vino entre L'Hospitalet de Llobregat y Narbona.

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Cala Tavallera
Foto: Carles Palacio

Cala Tavallera

Una cala en pleno Cap de Creus donde la única forma de llegar es un paseo de dos horas. En verano hay barcos pero fuera de temporada es el fin del mundo

El punto más oriental de la Península Ibérica –aunque fuera Alicante quien se apropiara del eslogan 'Amanecer de España'- es también la parte más salvaje de la Costa Brava, una auténtica Finisterre tan espectacular como traicionera, sembrada de ruinas de hace mil años y todavía muy celosa de sus secretos mejor guardados. Uno de ellos, que compartiremos generosamente con vosotros, es la Cala Tavallera, situada a unos dos kilómetros del Port de la Selva, pero sólo accesible a pie a través del GR11, el sendero que conecta el Mediterráneo con el Atlántico.

En algunos blogs y guías aseguran que es accesible en 4x4, pero de toda la vida la forma más segura para llegar sin dejarse los cuernos ha sido mediante una caminata de unas dos horas que culmina en un merecido premio: una cala prácticamente desierta verano e invierno, donde hay un refugio para pernoctar y los amaneceres saben a nacimiento de un mundo nuevo. El fondo marino es espectacular y cuenta con una espesa pradera de posidonia. En pleno verano se reúnen muchas pequeñas embarcaciones, pero a principios o finales de temporada seguro que no te encuentra a nadie. Para asegurarse de que el refugio está en buen estado y disponible, lo mejor es llamar al ayuntamiento.

Cala Portaló
Foto: Blanca Pons

Cala Portaló

Una de las playas más alucinantes e íntimas de la Costa Brava

Cala Portaló es una de las playas más alucinantes de la Costa Brava. Nuestras razones: es una cala completamente virgen situada en un entorno inmejorable, cerca del faro del Cap de Creus. Continuamos: el camino para acceder no es, precisamente, coser y cantar, lo que la convierte, por tanto, en una playa bastante íntima. De hecho, incluso en pleno agosto se ve poca gente. Y, a diferencia de otras calas del entorno, la superficie es de arena y no de piedra. ¿Necesita más razones? Está rodeada de acantilados y paredes roscallosas.

Para llegar: Hay que seguir el camino que va desde Cadaqués hasta el faro y desviarse a la izquierda cuando se une con el sendero que viene de Port de la Selva, antes de llegar al antiguo Club Med. ¡Calzado cómodo, protector solar y a disfrutar!

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Cala Culleró
Foto: Ajuntament Cadaqués

Cala Culleró

Un escenario de una belleza asombrosa y una geología brutal

Cala Culleró es especial. No es una cala cualquiera, es casi un escenario de una belleza asombrosa y una geología brutal. Rocas de formas zoomórficas esculpidas por el agua salada y la tramontana. La más conocida, de hecho, dio lugar a uno de los más conocidos cuadros de Salvador Dalí: El Gran Masturbador. Si os cansáis de admirar las rocas y jugar a buscar formas de animales con los niños, podéis tomar el sol en la pequeña zona de arena,-en la que se practica el nudismo-. Pero insistimos: la gracia de Cala Culleró es bañarse en las aguas cristalinas, alucinar con el entorno y dejarse llevar. Y, de paso, tomar algunas fotos para colgar (y triunfar) en Instagram.

Cala Sa Sabolla
Foto: Blanca Pons

Cala Sa Sabolla

Una de las playas más solitarias de la Costa Brava

Está allí donde Jesucristo perdió la alpargata, pero hay muchos motivos para visitar Sa Sabolla: de entrada, el camino de Ronda desde el que se accede es una auténtica delicia por los sentidos. Una experiencia algo larga, pero que debe verse y vivir. Y sí, lo habéis leído bien: sólo se puede acceder a pie o en barca. La cala, de aguas casi cristalinas y superficie de cantos rodados, está completamente rodeada de rocas de pizarra y es, con diferencia, una de las playas más solitarias de la Costa Brava. En resumen: es muy difícil encontrar más de veinte personas.

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Cala Guillola
Foto: Blanca Pons

Cala Guillola

Pequeña, rodeada de pinos y con un fondo marino que hace las delicias de los amantes del snorkel

Cala Guillola, situada en la bahía del mismo nombre y cerca del Parque Natural del Cap de Creus, es espectacular. Sin más. Pequeña, rodeada de pinos y con un fondo marino que hace las delicias de los amantes del snorkel. Además, está cobijada de la tramontana y, por tanto, es el refugio ideal de las embarcaciones en invierno. Se trata, sin embargo, de una playa de cantos rodados. O sea que si sois de los que llegan, se embadurnan de protector solar y se estiran a tomar el sol durante horas, mejor que os hagáis a la idea de que tendréis que pasar más horas en el agua. Que, por otra parte, es un auténtico placer puesto que las aguas son totalmente cristalinas.

La mala noticia es que a pesar de estar bastante alejada del casco urbano, en verano está bastante concurrida, ya que si no queréis hacer el camino desde Cadaqués hasta S'Alqueria existe la opción de realizar este trayecto en coche y aparcar a unos 300 metros de la playa. Aún así, vale la pena ir al menos una vez en la vida. Aunque sea en primavera.

Cala Jugadora
Foto: Shutterstock

Cala Jugadora

Salvador Dalí y Josep Pla ya nos hablaban, pero poca gente le ha visto con sus propios ojos. Hay que llegar hasta el faro del Cap de Creus desde Cadaqués por una carreterita que llama a la prudencia y, desde allí, bajar a pie por el lecho seco de una riera unos 30 minutos para llegar a un paraje amabilísimo, de suaves contornos redondeados por matas de retama, muy diferente al escuadrado aspecto de otros entrantes de esta costa salvaje.

Probablemente el nombre juguetón de esta cala proviene de la dulzura del paisaje: nos encontraremos un acogedor rinconcito de arena que da a un brazo de mar protegido de la tramontana con unas aguas totalmente transparentes y quietas que alojan una extensa pradera de posidonia –recordad que está protegidísima. Es muy, muy, muy bonita y, si os quedáis a dormir una noche de principios de verano, el sol sobre sus cabezas al amanecer os hará vivir uno de esos momentos intensos de la vida.

Para llegar: salida 4 de la AP-7 (Figueres - Roses) en dirección Figueres sur y continuad por la carretera C-260 hasta Roses. Antes de entrar en Roses, tomad el desvío de la GI-614 que termina en Cadaqués. Allí, tomad la carretera que, desde la rotonda de entrada a Cadaqués, lleva hacia el Faro del Cap de Creus. Desde el faro se baja hacia el fondo de la riera y, antes de llegar a la orilla, hacia la derecha, caminad unos 10 minutos a Cala Jugadora.

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Cala Culip
Foto: Club Surcando

Cala Culip

Una de las playas salvajes más especiales de la Costa Brava

Era, hasta el 2004 que cerró el Club Med, una playa prohibida, ya que sólo podía accederse con un 'pase de visitante' que expedía el club. Situada a pocos kilómetros del Cap de Creus, es una de las pocas calas donde es posible hacer inmersión y, por eso, es también un conocido fondo de restos de embarcaciones de la antigua Grecia y Roma. Dispone de una pequeña playa, de arena gruesa, para tomar el sol, pero es prácticamente imposible permanecer más de treinta minutos con los ojos cerrados en Cala Culip. Las razones: el paisaje geológico es alucinante, sublime y el agua azul, casi transparente. Llevad el móvil bien cargado, porque lo necesitaréis. Para tomar fotos, claro. Olvidaros de la cobertura.

Platja del Pi
Foto: Shutterstock

Platja del Pi

Es la primera playa del extremo norte del litoral catalán. Tampoco quedan muchos pinos, pero a cambio la compañía más probable es la de los pulpos y los peces. Sólo está a unos 500 metros de la playa grande de Portbou por el camino de ronda, pero hay tramos que son más aptos para las cabras que para las sandalias, así que la mayoría de los días apenas encontraréis algún esforzado nudista. Para llegar es necesario atravesar las Tres Platgetes, que tampoco están mal y son un lugar muy adecuado para un día en familia; pero el premio queda todavía un poco más allá –ni penséis en ir en días de mala mar o riesgo de levantada- y es un rincón de guijarros pequeño como un puñetazo, rodeado de acantilados negros, con el fondo marino exuberante del Cap de Creus y la sensación de estar muy cerca del fin del mundo.

Para llegar en coche: desde la AP-7, tomad la salida 4 (Figueres Sud) dirección N-II dirección La Jonquera, y después salida Figueres-Portbou (N260). En tren: En RENFE línea Barcelona-Portbou (Cerbere) parada Portbou. Una vez en Portbou, caminad por el camino de ronda desde la playa principal del núcleo de Portbou, pasando primero por la playa de las Tres Playas.

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