Conoce la Barcelona Modernista

Recorre las calles de Barcelona conociendo su arquitectura modernista
Casa Asia
© Olivia Rutherford / Time Out
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La ruta da comienzo con la visita a la Casa Comalat de Valeri i Pupurull que se distingue por la singularidad de tener dos fachadas. La principal (Diagonal, 442), se caracteriza por unos doce balcones de piedra curvilíneos, ornamentados con una reja de hierro forjado, mientras que la fachada posterior (Còrsega, 316) es más radical y está policromada de colores que recuerdan un arlequín. Casi en la acera opuesta de la Diagonal encontramos el sombrío palacio Baró de Quadras, de Puig i Cadafalch, que alberga el espacio de exposiciones de la Casa Àsia y la Casa Terrades (Diagonal, 416-420) conocida como la Casa de les Punxes, por sus torres acabadas en punta y gabletes. Fijaros que se construyeron entradas y escaleras individuales para cada una de las tres hijas de la familia.

Giramos en la calle Girona y bajamos por la calle Mallorca hasta el número 302, donde está la Casa Dolors Xiro, una fantasía de Barenys i Gambús. A su lado hay dos obras maestras de Domènech i Montaner, la Casa Josep Thomas (nº291) y el Palau Ramon de Montaner (nº278).

Retrocedemos unos pasos y bajamos por la calle Roger de Llúria. En el número 80 nos encontramos con la Casa Villanueva, de Fossas y Martínez, de tejado puntiagudo, y enfrente, en el número 82, la Casa Jaume Forn, de Granell i Manresa, que se caracteriza por sus vitrales. Bajamos algunos metros, hasta el número 85, para ver la tienda de comestibles Queviures Murrià, con decoración de Ramon Casas. A nuestra derecha, en el número 74, podemos ver también los vitrales y la decoración de inspiración floral de la Farmàcia Argelaguet, una de las muchas farmacias modernistas de la ciudad. Volvemos a retroceder unos metros hasta la esquina y giramos a la derecha hacia la calle València. Después de tres manzanas, en el número 339, nos sorprende la Casa Manuel Llopis i Bofill, de Gallissà i Soqué. La fachada, de Josep Maria Jujol, es una mezcla de ladrillo y esgrafiado blanco. Las torrecillas de estilo neomudéjar, las cerámicas y las formas de ojo de cerradura recuerdan a la Alhambra de Granada.

Retrocedemos otra vez y ahora giramos en la calle Girona donde encontraremos, en el número 86, la Casa Isabel Pomar, de Rubió i Bellver. Este edificio es como una excéntrica astilla que sobresale de la pared y que se escurre en un pináculo neogótico. En el primer piso, de un ladrillo rojo vivo, destaca su galería escalonada. Este edificio contrasta con la sensación de amplitud de la Casa Jacinta Ruiz, de Viñolas i Llosas, en el 54. Las galerías de vidrio son un rasgo característico de las casas modernistas, pero en este caso sobresalen y le proporcionan un efecto tridimensional.

Más abajo, giramos en la Gran Via y encontramos la Farmàcia Vilardell (en el número 650), otra extravagante farmacia modernista, y en el 658 la elegante Casa Ramon Oller, de Salvat i Espasa. Desde aquí, giramos a la izquierda, bajamos la calle Pau Claris y volvemos a girar en la calle Casp. En el 22, encontramos la Casa Llorenç Camprubí, de Ruiz i Casamitjana, que destaca por un delicioso y complicado trabajo en piedra esculpida, aunque la verdadera maravilla la encontramos en el número 48, la Casa Calvet de Gaudí. A simple vista puede parecer convencional, pero si la observamos atentamente veremos sus rasgos representativos: las columnas que flanquean la puerta y la tribuna aluden a las bobinas de hilo que utilizaba el propietario en su propia fábrica textil y los trabajos de hierro forjado representan una masa de setas rodeadas de flores de piedra. En la ménsula situada debajo de la tribuna, el escudo de armas catalán se entrelaza con la “c” inicial de Calvet.

Giramos a la derecha por la calle Girona y llegamos a la calle Ausiàs Marc, una de las calles más significativas del Quadrat d’Or. En el número 37, las Cases Tomàs Roger, del destacado arquitecto modernista Enic Sagnier, combinan unos elegantes arcos con un precioso esgrafiado restaurado. En el 31 está la Farmàcia Nordbeck, con decorado exterior de madera oscura y vitrales. Nuestra última parada antes de llegar a la plaza de Urquinaona es la Casa Manuel Filip, en el número 20, diseñada por un arquitecto poco conocido, Fernádez y Janot, y que luce un magnífico trabajo en piedra y elegantes tribunas que unen los dos primeros pisos.


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