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Sentarse delante de una pizza en una azotea de impresionantes vistas o platos italianos que abrazan las influencias viajeras de su chef

Igual estas vacaciones voláis a Italia para recorrer y bañaros en una costa espectacular, visitar ruinas legendarias, museos históricos e iglesias alucinantes y, por supuesto, para sentaros en una mesa y comer increíble, sea un plato de pasta, una pizza o la suculenta receta de la nonna. Porque, obviados el calor estival y la muchedumbre, el país transalpino nunca decepciona. Para ir calentando motores o para intentar alargar el "mood" vacacional, aquí os dejamos un trío de restaurantes italianos que acaban de desembarcar en Madrid.
En Gianna, el restaurante de Ignazio Espósito en el barrio de Chamberí, la cocina italiana no funciona como un destino, sino como un punto de partida. El resultado es una propuesta que mira a la culinaria italiana sin nostalgia, que se ha empapado de influencias internacionales y que cuenta con la libertad suficiente para alejarse de la ortodoxia sin romper el vínculo con su origen. Esta no es una trattoria tradicional, más bien todo lo contrario, pues busca ocupar un espacio poco explorado en la capital: el de una cocina italiana contemporánea que mantiene visibles sus raíces mientras dialoga con el mundo.
Su artífice, curtido en la alta cocina –viene de las cocinas del universo XO de Dabiz Muñoz y de Bel Mondo–, toma las raíces gastronómicas de su Italia natal y las combina con el bagaje acumulado tras años de trabajo en algunas de las cocinas más exigentes del país y sus viajes para construir un discurso propio.
Aunque su nombre, Trebbiano, nos lleva al corazón de la Toscana o los Abruzos, donde suele darse con facilidad esta popular uva blanca con la que se consiguen vinos secos, frescos y de alta acidez, es la cocina del chef Andrea Palma la protagonista de esta aventura en la que se han embarcado los hermanos Ruggeri junto a su primo. A los jóvenes Stefano y Maurizio les apetecía reivindicar esa cocina –y, por supuesto, también los vinos– del centro de Italia.
Aquí manda una cocina honesta –moderna pero con un fuerte arraigo en la tradición– que es capaz de trasladarte a Tufo di Carsoli, el pueblo de donde vienen estos tres emprendedores, en cada bocado. El máximo culpable de esto es un talentoso chef curtido en algunos de los mejores restaurantes y hoteles del mundo, experiencias muy enriquecedoras todas ellas que le han llevado a cocinar en Dubái o Miami, pero también a recorrerse los fogones más lujosos de Venecia o de la zona del Lago de Garda. Y, lo más importante de todo, durante todo ese periplo jamás ha abandonado esos sabores auténticos que nos transportan a todos a la casa de la abuela.
Tras arrasar en Marbella, Florentine, la trattoria urbana más exitosa de Urban Italian Group, se atrevía a dar un paso que no siempre sale bien. Porque lo cierto es que poco nada tienen que ver ambas ciudades y los públicos que las habitan, más allá de que ambas pueden presumir de ser capitales: una de la Costa del Sol y la otra de todo un país. La buena noticia es que, aunque no han hecho más que arrancar, todo hace presagiar que la sede madrileña de Florentine va a ser muy bien recibida tanto por los locales (un 40% de su clientela) como por aquellos que están de paso.
Encontramos pastas frescas y pizzas napolitanas, donde aparecen clásicos básicos pero también propuestas algo más creativas. Del primer apartado recomendamos tanto los tagliatelle con beurre blanc y trufa fresca rallada, súper acertado, como su famosa ‘Holy Carbonara’, que ellos mismos definen como “un plato interactivo, divertido y pensado para compartir”
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