Pablo Messiez: "Me muero por hacer otro Lorca y ojalá sea 'Yerma'"

Hablamos con el dramaturgo argentino sobre las obras que tiene en marcha, sus proyectos futuros y sobre Cataluña
©Maria Dias
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La fortuna ha querido que, tras su sonado montaje de las ‘Bodas de sangre’ de Lorca en el Teatro María Guerrero, se repongan en Madrid, de manera simultánea, dos títulos dirigidos por Pablo Messiez la temporada anterior: ‘He nacido para verte sonreír’ en La Abadía y ‘Todo el tiempo del mundo’ en el Pavón Kamikaze. Pero él está en estos días en Barcelona preparando con la Kompanyia Lliure el montaje de otro texto suyo, que vivirá su estreno absoluto en catalán en febrero: ‘El temps que estiguem junts’. Así pues, un pasado inmediato polémico, un presente estimulante y un futuro prometedor son la excusa para preguntarle unas cuantas cosas a este célebre director argentino afincado en nuestro país, que quedó finalista en los primeros Premios Time Out que entregamos en diciembre, en la categoría de Mejor Creador.

¿Qué tal está siendo tu aventura catalana?
Antes de venir estaba con vértigo, porque recién terminaba ‘Bodas de sangre’ y creía que necesitaba una pausa, pero me di cuenta, estando aquí, que nada podía haber sido mejor continuación de ‘Bodas de sangre’ que este “retiro” catalán. Estar acá en otro contexto y trabajando un material totalmente distinto, con la posibilidad de dedicarme en exclusiva a esto, me ha venido muy bien. Con ‘Bodas de sangre’ también lo hice, pero estaba en Madrid, en la ciudad en la que vivo, y eso te genera muchas otras cosas que atender. Aquí estoy tan recluido que todavía no vi ni el mar. Dedicación exclusiva, total y casi obsesiva a la creación de la función. Y está bueno, me encanta que sea así.

¿Muy complicado trabajar en catalán para un argentino?
Ya me acostumbré. Hay algo muy lindo en eso. Al trabajar en un idioma que no es tu lengua materna, escuchas mucho más la musicalidad del lenguaje y eso me encanta, me tiene fascinado escuchar la música del catalán y ver cómo se lleva con los textos. Me había pasado una experiencia más radical en Moscú haciendo ‘La piedra oscura’ en ruso, pero aquí lo entiendo todo ya. Hablar no me atrevo todavía.

El momento político en Catalunya, todos lo sabemos, es un tanto excepcional. ¿Se nota por ahí o estás al margen y no te está interesando mucho?
Sí, me interesa mucho, y no estoy para nada al margen, pero como pasa siempre, no tiene nada que ver con lo que cuentan los medios, donde se instalan unos modos de relato que uno luego los contrasta estando en el sitio y ve que la cosa no es como se está contando. Aparecen como relatos obsesivos, como una especie de fanatismo que uno no llega a comprender, y luego llegas acá y ves que hay gente que cree unas cosas y gente que cree otras y conviven sin dificultad en esa diferencia, procurando no rendirse y tratando de conseguir, como cualquiera, que aquello en lo que cree sea dominante. Es la cultura de las redes sociales, el quinto poder, que genera realidades paralelas muy curiosas, porque es en realidad un mundo que se está eligiendo con todo esto de los amigos y de los seguidores. Pero ese es otro tema.

Este es tu presente más inmediato y tu futuro inminente porque es lo que vas a estrenar. Con Messiez siempre ha vueltas con el tiempo. ¿También el tiempo entra en juego en esta nueva obra como juega en ‘Todo el tiempo del mundo’?
Muchísimo. Desde el título mismo, como pasa en ‘Todo el tiempo del mundo’. Y de un modo muy concreto en la estructura de la función, porque es una especie de pliegue en el tiempo donde el espectador ve a la vez lo que sucede en una casa en el presente, ahora mismo, y hace cinco años. Son dos situaciones superpuestas, la del presente se trata de un modo realista y la del pasado se aborda de un modo no realista, digamos. Es bastante complejo esto de hacer convivir esas dos realidades a la vez y que realmente sea legible, aunque hay zonas de ilegibilidad buscadas.

¿Por qué te interesa tanto el tema del tiempo?
El tema del tiempo me tiene bastante ocupado. Justo me acabo de comprar un libro de un físico cuántico que se llama ‘Desde la eternidad hasta hoy. En busca de la teoría definitiva del tiempo’. Es el tema, junto con el espacio. En este libro acabo de leer una cosa que me gustó mucho que dice “el tiempo es una especie de espacio”. El tiempo, el espacio y la presencia, o sea, la relación con quien mira, son los temas del teatro en toda función, eso es lo que se pone en movimiento, son los materiales con los que trabajo. Cualquiera que ponga en movimiento estas tres cosas, lo que está haciendo es teatro. Me interesa el tiempo porque no sé qué es.

En ‘Todo el tiempo del mundo’ ya superponías pasado, presente y futuro, como si todo pudiera suceder en un mismo espacio. ¿Podría decirse que haces teatro cuántico?
Pasó algo bonito cuando estrenamos ‘Todo el tiempo del mundo’. Invitamos a un físico cuántico y vino a ver la función y yo quería hablar de esto con él, que me contara qué presupuestos de la física cuántica veía en la función. Y fue gracioso, porque él estaba súper conmovido, me decía: es precioso lo que habéis hecho, y yo, sí, sí, bueno, pero ¿qué te resuena dentro de tu campo de conocimiento? Y me contestó: no, nada, la física cuántica es otra cosa. Porque la física cuántica es una cosa inmensa y muy compleja y dependiendo del campo en el que estés trabajando verás unas cosas u otras, y los conceptos que nos llegan a los simples mortales son de divulgación, cosas más generales. Pero sí que hay algo que de raíz toca con lo que me interesa y con lo que hacemos, que es que todo es muy raro, todo es mucho más raro de lo que uno cree. Esto que uno se acostumbra a llamar realidad es una construcción y cuando uno hace teatro también se dedica a entender los comportamientos humanos. Cuando piensas un segundo en las cuestiones que tienen que ver con estar vivo, desde el acto mismo de respirar o tomarse un café, ahí hay ya un abismo de misterios, y eso a mí me pone mucho. Me encanta saber qué es eso de que la percepción del tiempo sea tan distinta en unos y en otros.

¿Habría sido posible ‘El temps que estiguen junts’ sin ‘Todo el tiempo del mundo’?
No, una cosa va detrás de otra necesariamente. En realidad, yo siempre pienso las obras así, no es que las piense, creo que es así. Siempre me da un poco de envidia el mundo de las artes plásticas o de la música, donde desde la recepción se mira la obra como parte de un corpus y no como que uno nace y muere en cada obra. El tipo de relación que uno establece con la obra es distinto y tiene más sentido si se ve en un recorrido más que en una obra, porque una obra nunca aparece de la nada.

A ti que te gusta estar, si puedes, en todas las funciones de tus obras, ¿cómo lo llevas estando en Barcelona mientras se simultanean en Madrid ‘He nacido para verte sonreír’ y ‘Todo el tiempo del mundo’?
Padeciendo mucho. Ha sido un azar de las coordenadas del tiempo y del espacio precisamente y de los calendarios de programación del Pavón y de La Abadía, porque son montajes de distintos momentos y justo dio la casualidad rarísima de que coincidan. Pero algo que para mí en principio era un problema, está siendo bueno, porque se están retroalimentando los públicos, los que vieron una van a ver la otra. Y está bien soltar un poco.

Es casi como lo que pasaba en aquel otro montaje tuyo, en ‘La distancia’, lo de ir soltando poco a poco el hilo invisible que nos une a nuestros hijos…
Sí, totalmente, pero el otro día lo pensaba… igual yo sigo yendo a ver mis obras porque me gustan, también está eso, porque tampoco hay tanto que yo pueda hacer, me gusta acompañar el trabajo, pero hay algo del goce personal de disfrutar viendo el crecimiento propio del grupo, de algo que empezamos juntos y que luego sigue su camino. Cuando hacíamos ‘Bodas de sangre’, pasaban tres días sin ver la función y cuando volvía me parecía muy estimulante ver todo lo que había pasado ahí.

En ‘He nacido para verte sonreír’ ha habido un cambio de actor: Fernando Delgado sustituye a Nacho López. No hay muchos actores que puedan hacer ese papel mudo pero tan cargado y tan complejo, acompañado en escena además por esa enorme actriz que es Isabel Ordaz…
Fernando y Nacho son muy distintos, tienen un modo de presencia-ausencia diferente, pero muy rico. Tienen en común ambos que son muy sensibles y muy inteligentes, son personas brillantes. Son dos condiciones indispensables para cualquier actor o actriz que deseen actuar, ser sensible e inteligente, ser inquieto, leer, salir, vivir… y ambos son así de activos, tanto en la vida contemplativa como en la vida activa. Lo que aparece es muy rico también con Fernando.

Han pasado unas semanas desde que acabaron las funciones de ‘Bodas de sangre’. ¿Qué sensaciones te quedan? Porque el montaje ha generado adhesiones a favor y en contra, algunas muy críticas…
No solo críticas sino a veces agresivas. Me quedan, como dirían los Rolling, ‘mix emotions’, emociones mezcladas, pero sobre todo efervescencia, me queda una sensación como de pastilla de vitaminas disolviéndose en el agua, pero con mucho más, como con ganas de más en todos los sentidos, de más debate y de más trabajo sobre materiales como ese. Me muero de ganas de hacer otro Lorca. A raíz de lo que pasó es evidente que hay que hacer más teatro, hay que poder trabajar en libertad con los materiales y volver a entender o volver a preguntarnos todos qué es el teatro. En un punto tiene que ver con lo que pasó con el Matadero y todo el debate ese rarísimo del teatro de texto. Puedo entender que alguien diga que no le interesa por tal cosa y tal otra, incluso me puede hacer pensar cosas y eso es muy rico. Pero hay momentos en que la recepción estaba teñida de una especie de superioridad y como si el autor fuera patrimonio de un sector y de una clase te diría casi, y de un sexo, el masculino. Justo con Federico. Hubo tres personas que de un modo bastante agresivo pusieron en Twitter que qué vergüenza, qué despropósito con dinero público… estas cosas que se ponen, y que encima yo me atrevía a poner un prólogo didáctico horroroso que había escrito yo, cuando yo no escribí nada, era todo de Lorca. Ese es el nivel de conocimiento también, eso pasa mucho con Lorca, a todos nos encanta, pero ¿cuántos lo han leído?

Tú has podido profundizar en Lorca mucho gracias a este montaje. ¿Qué te has encontrado?
Me he encontrado a un amigo, a un amigo que está haciendo teatro ahora, porque sus luchas son las mismas, sus problemas son los mismos… o no exactamente los mismos, vale, pero la pasión sí, y la necesidad de hacer teatro, el deseo de hacerlo y al hacerlo preguntarse qué es. Me parece una voz híper necesaria hoy en día, y más con lo que está pasando con su propia obra. Es importantísimo recuperar su voz completa, que es contradictoria, incómoda, inspiradora y cuestionadora. Hay una idea hoy de lo que se supone que es hacer un clásico que estaría bien revisar, revisarla mucho. En realidad hay una idea de lo que se supone que es hacer teatro, sobre todo después de lo del Matadero, que es evidente que hay que revisar mucho.

Has dicho antes que estás loco por hacer otro Lorca. ¿Qué obra quieres hacer?
Yo quiero hacer ‘Yerma’, pero lo tengo muy difícil. Aunque ‘Bodas de sangre’ fue muy bien en términos de números y de repercusión, los sectores legitimadores en Madrid lo han cuestionado bastante. El montaje de ‘Yerma’ que necesito hacer, el que me imagino, creo que les gustaría incluso a los detractores de ‘Bodas de sangre’. Pero son obras grandes. Yo puedo hacer teatro con una silla, pero un tipo de teatro, otro no. Esta ‘Yerma’ tengo claro que necesita medios y tengo claro que tiene que ser pronto; el año que viene no podrá ser, pero espero que sea el siguiente. Ojalá.

Un papel muy jugoso, sin duda, habrá muchas actrices dispuestas…
Sí, pero yo quiero que lo haga María Morales. Eso también lo tengo claro.

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