El Palau Robert presenta Mako, un proyecto expositivo impulsado por Casa Asia y la Fundación J. Llorens Artigas que rinde homenaje a la diseñadora y ceramista japonesa Mako Artigas. La exposición puede visitarse del 13 de marzo al 7 de junio y ofrece una mirada amplia a más de cincuenta años de trayectoria artística, marcada por la sensibilidad, la materia y el color.
Entre hilos y esmaltes
Crear es dejar que el tiempo se deposite en la materia. Esta idea —que podría resumir toda la trayectoria de Mako Artigas— atraviesa una obra que ha evolucionado del diseño textil a la cerámica sin perder nunca una misma pulsión estética.
La exposición reúne una selección representativa de su trabajo: desde los primeros tejidos estampados (1959-1970), vinculados a la fábrica familiar en Japón y a sus etapas en Cataluña y París, hasta los dibujos para firmas como Kenzo, Dior, Courrèges o Paco Rabanne. A estas piezas se suman cerámicas de gres y porcelana creadas en las últimas décadas, donde el gesto se vuelve más íntimo y la forma más esencial.
El recorrido pone de relieve a una artista capaz de transitar entre disciplinas manteniendo una profunda coherencia, como si cada etapa fuera una variación de un mismo lenguaje visual.
Un archivo de vida
Más allá de las obras, Mako también construye un relato personal. La exposición incorpora fotografías de archivo que documentan su infancia en Japón, su vida familiar y sus vínculos con el mundo artístico. En ellas aparece una joven Mako en un entorno creativo que marcaría definitivamente su mirada.
El proyecto se completa con un documental producido por Casa Asia, que recorre su trayectoria vital y artística a través de testimonios cercanos y entrevistas. Este material aporta una dimensión íntima que dialoga con las piezas expuestas y permite entender mejor el proceso creativo de la artista.
Mako Artigas (Tokio, 1937) creció en un entorno marcado por la tradición textil y, tras la Segunda Guerra Mundial, se integró en los ambientes de vanguardia europeos. Instalada en Cataluña desde los años sesenta, ha desarrollado una obra que conecta culturas, materiales y generaciones.
Hoy, con casi nueve décadas de vida, continúa trabajando en su taller de Gallifa. Su obra —como un bosque que no deja de crecer— sigue expandiéndose con formas orgánicas, colores vivos y una sensibilidad que atraviesa el tiempo.

