¿Por qué este escultor desconocido de época románica ha recibido el sobrenombre de “el Picasso del siglo XII”? En los rostros geométricos con ojos expresivos del Maestro de Cabestany, y en la desproporción y los volúmenes impactantes de sus esculturas, reside todo aquello que desde el presente hemos sabido denominar modernidad.
En pleno románico, las obras del Maestro de Cabestany poseían un estilo característico que lo diferenciaba de sus coetáneos. Por ello, aunque conocemos pocos detalles de la vida de esta figura, su trabajo ha sido reconocido desde la Toscana hasta el Mediodía francés, pasando por Cataluña y Navarra.
Con esta exposición, el MNAC rinde homenaje al escultor más célebre del románico catalán partiendo de la incorporación reciente de nuevas piezas al museo; concretamente, fragmentos que formaban parte de la portada de mármol del monasterio de Sant Pere de Rodes. Por tanto, la muestra se centra en la construcción del mito de la abadía de Rodes, un espacio único, destino de peregrinaje, vinculado a un paisaje ancestral y a la antigua Roma.
El Maestro de Cabestany escogió aquel lugar para realizar su obra maestra, lo cual nos dice mucho de las pasiones que movían al misterioso escultor, quien admiró a los antiguos e imitó sus técnicas para crear un lenguaje visual muy disruptivo para el siglo XII.
Pero siglos después de que Cabestany viera su gran trabajo hecho realidad, Sant Pere de Rodes se convirtió en una ruina. Por este motivo, el primer ámbito de la exposición no comienza en la Edad Media, sino en el siglo XIX, después de que el monasterio sufriera un proceso de destrucción y dispersión en el que la gran portada fue vandalizada y quedó repartida por el mundo. No obstante, de esa ruina, los catalanes hicieron un símbolo de la recuperación de la memoria patrimonial del país.
Un segundo espacio profundiza en la edad de oro del monasterio medieval y su estrecha vinculación con Roma, en un momento en que la abadía aspiraba a ser un "segundo San Pedro del Vaticano" y sus reliquias y leyendas atraían a peregrinos. En este tramo de la exposición se puede admirar una reconstrucción hipotética de la portada original, de más de diez metros de altura, que reflejaba esa voluntad de prestigio mediante el uso de mármoles antiguos de Carrara y el Proconeso.
Para terminar, el MNAC aborda la “modernidad” de Cabestany y su afán de mirar hacia atrás. A través de la comparación directa con sarcófagos romanos y paleocristianos, el visitante puede observar cómo el escultor imitaba técnicas clásicas, como el uso del trépano o el corte diédrico de los rostros, para innovar artísticamente. Esta mirada se complementa con el proyecto "Los Ojos de la Historia", que emplea nuevas tecnologías para hacer vivir al espectador espacios y momentos pasados del conjunto monumental.

