[category]
[title]
Sí, quizá lo último que le hace falta a Gràcia —y, por extensión, a cualquier barrio de la ciudad— es otro bar de vinos y platillos, pero este destaca por su marcado acento afrancesado. En la copa, vinos naturales franceses y catalanes; en el plato, propuestas para compartir como pan artesanal con mantequilla de ajo confitado, croquetas de queso Comté madurado 36 meses, mejillones con licor de anís Ricart y azafrán o un bikini de pato confitado. Tanto la carta de vinos como la de comida varían según la temporada. El buen ambiente, en cambio, es constante todo el año. Su lema es “donde hay vino, hay vida”. Más claro, imposible. Como en cualquier bar de vinos, lo mejor es dejarse aconsejar: preguntad por Eva.
Discover Time Out original video