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Frente al Mercado de la Concepció, Barra Cal Pla 1965 recupera el espíritu de uno de los bares históricos del barrio y lo transforma en una propuesta contemporánea sin perder el vínculo con su entorno. El proyecto, impulsado por los responsables de Casa Amàlia, Jordi Castán y Sergi Suaña, mantiene la esencia de aquel establecimiento de referencia para los comerciantes del mercado, vecinos y trabajadores de la zona, pero la actualiza con una propuesta gastronómica mucho más refinada.
El local es pequeño, alargado y está muy bien resuelto. La barra y la vitrina son el centro de todas las miradas. Pocas mesas en el interior y terraza en el exterior.
La ausencia de salida de humos condiciona la cocina, pero no la calidad de la propuesta. La mayor parte de la carta es fría y se completa con elaboraciones terminadas en el horno, una limitación convertida en virtud.
Para desayunar ofrece bollería de calidad, como la ensaimada de Sauleda Pastissers o el pain au chocolat de Le Pain d'Éric & Benjamin, bocadillos de quesos y embutidos cuidadosamente seleccionados y algunos desayunos de tenedor. A la hora del vermut, la carta recurre a los grandes clásicos —patatas fritas, gildas, aceitunas o conservas—, pero también incorpora una barra fría con ostras, tartar de atún o croquetas de pollo ecológico, además de platos calientes como el lingote de patata brava, los macarrones del cardenal o la flor de alcachofa confitada. Al mediodía, los guisos tradicionales cobran protagonismo con una propuesta que cambia a diario e incluye recetas como el cap i pota, la carrillera o las sardinas en escabeche.
Entre las especialidades que mejor representan la casa destaca la ensaladilla rusa con gamba roja enriquecida con un intenso aceite elaborado con las cabezas y las cáscaras del marisco, una tostada de fricandó servida sobre un pan especial, un torrezno cocinado a baja temperatura y una versión en formato reducido del canelón de la iaia Pepi, uno de los platos más emblemáticos de Casa Amàlia.
Para beber, vermut de Reus, una carta de vinos mayoritariamente catalana y cerveza de grifo Oro Bilbao y Radeberger. Para terminar, la tarta de queso de Casa Amàlia o un original pan con aceite y chocolate, reinterpretado en forma de una intensa ganache elaborada con aceite Verus y panko.
Barra Cal Pla 1965 no solo recupera un local emblemático, sino que refuerza su relación con el mercado y con el tejido comercial del barrio. La sensación es la de un establecimiento que quiere volver a ser un punto de encuentro cotidiano, manteniendo el espíritu de los bares de siempre, pero con una propuesta gastronómica actual, sólida y muy bien adaptada a los nuevos tiempos.
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