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Justo al ladito de la plaça de Sant Jaume, con casi 70 años de historia y ahora capitaneado por Josep Servitja, la tercera generación, el Haití resiste los embates de la turistificación del barrio. Es pura resistencia: uno de esos bares de siempre que defiende a capa y espada la comida casera y los productos de proximidad. Muchos ingredientes provienen del mercado de Santa Caterina, el pan es del Forn Vilamala y las pastas, de La Colmena.
Por la mañana se despachan bocadillos, cinco tipos de tortilla y desayunos de tenedor. Al mediodía, platos combinados y clásicos del recetario catalán (fricandó, capipota, macarrones y albóndigas).
En la Diada de 2026 lo dejaron clarísimo con una senyera que decía: 'Mori el brunch i visquin els esmorzars de forquilla' ('Que muera el brunch y que vivan los desayunos de tenedor'). En fin, nada más que añadir.
En cuanto a la clientela, abundan los funcionarios de la Generalitat y del Ayuntamiento, los vecinos y quienes defienden el placer de comer platos de cuchara y guisos en pleno Gòtic.
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