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Guía de supervivencia de las fiestas de Gràcia

Plaça de la Vila, Gràcia 2015
©Andreu Gomila

Las Fiestas de Gracia están a punto de comenzar, lo que es una pesadilla para muchos gracienses, que procuran irse del barrio, a toda costa, durante la segunda quincena de agosto. Pero también los hay que pasan todo el año esperando la fiesta, y se implican en los adornos de sus calles. O, simplemente, no les queda más remedio que aguantarse. Son, en definitiva, siete días de ruido que puedes aprovechar, por ejemplo, para leer un montón con la radiofórmula en vivo que suena bajo el balcón de casa ... Si eres de Gràcia, te ayudaré a sobrevivir. Si no, verás las fiestas de otra manera.

1. Para empezar, lee 'El regal de Gliese', de Víctor Nubla. Es corto. Si te pones, en tres horas te lo zampas. Y podrás vivir las fiestas de Gràcia bajo el influjo de este viaje psicotrópico por las calles y plazas de villa. Quizás creerás que los animales hablan y te quedarás un buen rato en la plaza del Raspall buscando un agujero que te lleve a ver la piedra fundacional que creó el mundo. Si te quedan gana puedes mantener el pulso leyendo el libro 'Plaça Raspall', de Enric Casasses. Saldrás a la calle con unas ganas terribles de pasártelo pipa.

2. Ni lo dudes, los buenos conciertos son los del Festigàbal. Este año, por un coflicto de marcas cerveceras han tenido que dejar la plaza Rovira y exiliarse en la Sedeta. Yo no pienso poner un pie en la dichosa plaza! Greatest hits en vena, eso es lo que proponen la mayoría de escenarios musicales. Bandas de repertorio que te harán sentir, un día tras otro, 'Boig per tu', 'Escuela de calor', 'Bienvenidos', 'Como un burro amarrado en la puerta del baile' ... Tocados, en fin, por gente que hace lo que puede.

3. Ve a ver las calles por la tarde. Si pretendes observar la decoración de las calles, de noche, estás frito, ya que apenas podrás deslizarsete por muchas de ellas. Puedes empezar por abajo, por Perill, y hacer una especie de círculo. Es decir, ir subiendo por Tordera, Ciudad Real hasta la plaza Rovira –ésta, ejem, ya hemos dicho que nos la saltaremos–, para después ir hasta Providència, Verdi del Mig, calle Berga y la placeta de Sant Miquel. Y finalmente enfilar hacia Mozart, la Perla y Ciudad Real. Si empiezas la ruta hacia las siete de la tarde, cuando el sol ya no pica tanto, a la hora de la cena ya habrás hecho el recorrido. ¡Tendrás un hambre de búfalo!

4. No esperes propuestas gastronómicas estrafalarias. Las fiestas de Gracia, lo sentimos, son sinónimo de botifarra y hamburguesa. Hay algún lugar que se exprime un poco el cerebro, pero la tónica es esa... Si quieres cenar en un lugar digno, ya puedes correr a hacer la reserva y rogar a dios que no esté cerrado por vacaciones.

5. No tengas manías, coge la bebida de casa. En la calle, te cobrarán la birra como si estuvieras en el Primavera Sound, pero sin Patti Smith en el escenario. Así que coge una botella de plástico y pon el que más te apetezca. Si quieres un buen bar, no te preocupes, que en Gràcia hay muchos, todos reventados de gente durante las fiestas. Por un día, apetece hacer el hippy y sentarte en la calle con la litrona...

6. Sale meado de casa. A ciertas horas de la noche, ciertos calle del barrio parecen torrentes de orina. Esto los poly klyn no ha estado nunca muy de moda en el barrio, ejem. Y hay mucha gente que, cuando salen las brujas, le da pereza ir a hacer cola en el bar y decide regar la calle con sus fluidos. Procura aguantar lo máximo que puedas la primera meada. Ya lo sabes, luego no podrás parar. Mira de no orinar, por favor, en ninguna puerta, que al día siguiente hay gente que se levanta para ir a trabajar.

7. Hace una década, durante las fiestas se liava gorda. Trifulcas, persecuciones, antidisturbios... En los últimos años no ha habido mucho follón, si tenemos en cuenta que toda Barcelona se pasea ebria por las callejuelas de la villa. Para evitar verte envuelto en una pelea y volver a casa con un porrazo o un corte de botella, lo mejor que puedes hacer es huir de los lugares donde haya mucha policía. Una cosa llama la otra, ya lo sabéis.

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