Entrevista a Jeremy Irvine

Hablamos con el protagonista de la versión de Mike Newell de 'Grandes esperanzas'
Jeremy Irvine
Por Josep Lambies
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"¿Por qué crees que Pip es un trozo de mierda?". Esto es lo que Mike Newell le preguntó a Jeremy Irvine cuando hace casi dos años le dio el protagonista de 'Grandes esperanzas'. Irvine era joven, muy joven. Todavía lo es. Y de hecho, esto del cine le viene bastante de nuevo. Un lustro atrás todavía no había encontrado su vocación, así que se alistó en la armada buscando un gran reto. Como recluta fracasó estrepitosamente. Por suerte. Justo después de dejar el ejército, Steven Spielberg le dio su primer papel principal: el Albert Narracott de 'War horse'.

¿Es meás fácil hacerse acto que soldado?
No sé qué decirte. Supongo que para mi sí. Me alisté porque necesitaba un gran desafío. La mía era la vida de un chico humilde sin trabajo, y llegó un momento en que mi padre no paraba de insistirme para que buscara trabajo en la fábrica. El caso es que en la armada me echaron, porque en los formularios de reclutamiento omití que soy diabético. Y mentir se considera poco disciplinado

Los principios siempre son duros: debutaste en los escenarios haciendo de árbol.
Sí, y no es ninguna humillación. Fue bajo las órdenes de David Greig en 'Dunsinane', esta obra que te explica qué pasó en Macbeth después de que todos murieran. En aquel momento no me imaginaba que algún día haría cine, así que formar parte de la Royal Shakespeare Company ya era motivo de orgullo.

¿Por qué Pip es un trozo de mierda?
Es una pregunta difícil de contestar. Mientras rodábamos me la formulaba otra vez. Creo que si la gente lo encuentra tan terrible es por su ciega ambición, porque es un chico de campo, criado en casa de un herrero, que haría lo que fuera por convertirse en un gentleman.

¿Cuál fue tu primer contacto con 'Grandes esperanzas'?
La adaptación que hizo David Lean en los años 40, protagonizada por John Mills. No leí la novela de Dickens hasta que el guión de Mike llegó a mis manos. Y aún así, lo primero que hice fue mirar sus películas anteriores, como 'Donnie Brasco', con Al Pacino y Johnny Depp.

Tu hermano, Toby Irvine, hace del joven Pip. ¿Cómo consiguió el papel?
Nadie sabía que éramos familia. Bueno, Mark sí, porque mi madre habló con él en una fiesta. Pero los productores no tenían ni idea. Habían estado como locos buscando a alguien que hiciera de Pip adolescente, y por fin lo encontraron.

¿Soy yo o tu hermano es idéntico a Mark Lester del film 'Oliver!', del 1968?
Tiene toda la razón. Mi hermano es un niño Dickens, totalmente, tan rubito y con los ojos claros. La verdad es que fue un lujo poder buscar juntos el personaje.

En 'Railway man' hiciste de Colin Firth joven. ¿Ha sido un proceso parecido?
No del todo. Colin es un actor veterano y someterme a sus procesos de creación ha sido muy instructivo. 'Railway man' es el relato autobiográfico de Eric Lomax, un hombre real, que existió. Esto es difícil de encarar. Pero Colin se mostró muy generoso en todo momento. Creo que ha aprendido más de él que de nadie más en toda mi vida.

Llegaste a la fama gracias a Steven Spielberg. ¡Eres como Drew Barrymore!
Es una manera muy graciosa de verlo. Yo prefiero no darle muchas vueltas, la verdad. Steven Spielberg se arriesgó mucho cogiéndome a mi para hacer 'War horse'. Era un gran papel, y yo todavía no me había puesto nunca delante de una cámara.

He oído que te gustaría que tus escenas llevaran subtítulo, para indicar cómo te sientes en cada momento.
Los actores se ponen enfermos, sufrimos, y los rodajes no paran nunca. Para hacer 'Railway man' me tuve que adelgazar tanto que se me marcaban las costillas. Estaba bajo mínimos. Pasar hambre es muy duro. Siempre habrá algún DVD para recordarte que te encuentras mal. Nuestro trabajo es disimular, claro, pero estaría bien que hubiera un subtítulo que dijera: "Aquí Jeremy tenía ganas de vomitar".

Info práctica

Cine, Drama

Grandes esperanzas

A pesar de contar con cerca de dos decenas de adaptaciones cinematográficas y televisivas, ‘Grandes esperanzas’ se resiste a encontrar una forma fílmica definitiva –la versión dirigida por David Lean en 1946 sería la mejor para estableces el canon-. Esto se debe a la dificultad para encontrar un tono fidedigno a la visión subjetiva de Pip, el joven herrero transmutado en gentleman, que haga creíbles los personajes concebidos por Charles Dickens, seres extraordinarios guiados por obsesiones insondables, criaturas como Miss Havisham, enclaustrada para siempre en su vestido de novia. El veterano Mike Newell, a pesar de haber luchado en mil batallas, no posee una visión profunda de la puesta en escena. Privada de este requisito indispensable, su ‘Grandes esperanzas’ convierte el acto de filmar unas páginas inmortales en un trámite incómodo.

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