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Xavier Sabata
Foto: Scott Chasserot

Xavier Sabata: “Estoy harto de interpretar al friki de turno, quiero hacer de presidente”

El contratenor monta en el Liceu un ‘Pierrot lunaire’ contemporáneo. Schönberg lo estrenó en Berlín en 1912 y él lo imagina como post humano

Borja Duñó
Escrito por
Borja Duñó
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Pillamos al contratenor Xavier Sabata justo después de una prueba de maquillaje para 'Pierrot lunaire' de Arnold Schönberg, que estrena este mes en el Foyer del Liceu (del 16 al 18 de noviembre). No le basta con el repertorio barroco: su último disco es de lied –'Schubert: Winterreise' (2019)– y ahora se enfrenta a una partitura de música atonal, un clásico de las vanguardias del siglo XX que ha hecho suyo para hablar "de la lucha constante por el perfeccionismo". El hombre al que le gusta encarnar a los villanos de la ópera nos lo explica en la Sala Miralls, justo antes que Okuda San Miguel monte su instalación artística.

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Hay gente que no entiende que interpretes un personaje tan masculino con una voz tan aguda

¿Quién es el 'Pierrot lunaire'?

El Pierrot es un personaje que viene de la Commedia dell’Arte. Evolucionó y el teatro francés creó la figura de este criado un poco decadente, con una tendencia a la contemplación, sin capacidad de conectar con nadie y que comienza a idealizar las relaciones humanas. Para mí esto se estiliza hacia la luna, un objeto inalcanzable, pero que te permite verter en ella todo tu deseo.

Has incluido el mito de Narciso.

Para explicar la voluntad de alcanzar una perfección que acaba siendo destructiva. Cada vez que intenta tocarse al mismo, Narciso no logra nada porque la imagen desaparece. Ovidio tiene una frase preciosa que dice "me deseo a mi mismo y la necesidad nace de la propia abundancia".

El espacio escénico es de Cube.bz, que ha trabajado con Rosalía, Baró de Evel, Maria Arnal y Marcel Bagés…

Es una propuesta estética muy pensada como obra de arte, podría estar en un museo, y muy bien iluminada, porque Cube son iluminadores y ayudan a crear esta escultura que seré yo, con los músicos integrados. Yo estoy en el centro y mi aspecto es post humano, me despojo de todo lo que caracteriza como hombre o mujer, tiene algo de ciencia-ficción.

Foto: Toni Bofill

A diferencia de otros cantantes, tú empezaste haciendo teatro.

Cuando me preguntan como soy como cantante siempre digo que soy actor. Cuando me miro en una partitura trato de descubrir la psicología del personaje y eso me ayuda a cantar. El canto por el canto es muy interesante, pero me interesa mucho más lo que haces con todo esto, con que conecta, qué relación tiene con la humanidad.

Asociamos Xavier Sabata a imágenes muy potentes. Manchado de sangre en montajes de Calixto Bieito, por ejemplo.

Es divertido. Me lo he pasado muy bien trabajado con Calixto porque es como una fiesta que empieza y no sabes cuando acaba, y es muy placentero físicamente. Estoy cómodo. Sin embargo, es el material del director y yo estoy al servicio del espectáculo, eso te purga.

¿Qué es lo más extremo que has hecho en escena?

Hacer toda una ópera completamente cubierto de barro durante una hora y cuarenta minutos. El Kaspar Hauser, ese niño salvaje que encontraron en un bosque y no sabía hablar… Cada vez que me acercaba a alguien lo acababa ensuciando. Yo salía de una bañera de barro e iba con un neopreno, un vestido de piel por encima… Pesaba cuarenta quilos más. Es un 'challenge', está bien.

Y hubo algo con Nutella, ¿verdad?

Sí, en la primera ópera que hice con Calixto, mi personaje ponía las manos dentro de dos botes de Nutella gigantes y entonces venía todo el coro y tenía que simular que la lamía y se la comía. Eso fue un momentazo de aquellos que dices "Madre mía", pero tiene aquello de cuando eras pequeño y jugabas con el barro.

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Foto: Scott Chasserot

Contratenores como tú, Philippe Jaroussky y Jakub Józef Orliński sois estrellas. ¿Los contratenores estáis de moda?

Yo no diría que estamos de moda. Hace cien años Alfred Deller empezó a cantar en falsete y hay generaciones anteriores a la nuestra que nos han abierto camino. Lo que sí hemos hecho ha sido entrar muy fuerte en el mundo de la ópera. Somos de las primeras generaciones que se pueden escuchar en un teatro, porque tenemos la técnica y el volumen, y hemos pasado por el conservatorio.

¿Todavía es algo rompedor?

Los contratenores seguimos siendo un poco incómodos, hay gente que no entiende como puede ser que interpretes un personaje masculino con una coz tan aguda. El Romanticismo ha hecho mucho daño al siglo XX; el barroco tiene un punto de juego, no tiene nada que ver con la masculinidad romántica o clásica. Me gusta reivindicar esa plasticidad, y eso está un poco relacionado con 'Pierrot lunaire'.

¿Este interés hacía el contratenor tiene también una lectura política o social? ¿Es un puente que rompe los estereotipos masculino y femenino?

Lo tiene, estoy convencido de ello. Yo mismo he sido atacado porque no es normativo. El barroco rompe con eso. Hay óperas como 'Marco Antonio y Cleopatra', de Hasse, en dónde Cleopatra era interpretada por un castrato masculino y Marco Antonio por una mujer. Ahora tenemos al hombre que canta en falsete para interpretar personajes cómicos, pero nunca puede ser un padre de familia o el presidente de un país o un militar. Ya estoy un poco harto de interpretar siempre al friki de turno, no por ser contratenores tenemos que hacer de 'outsiders', podemos interpretar al presidente del gobierno, al rey o al motorista de turno.

Foto: Toni Bofill

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