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Borratxo al sopar d'empresa!
Foto: Shuttertock Borratxo al sopar d'empresa!

10 cosas que no tienes que hacer en la cena de empresa

Llegan las cenas de empresa, ese campo de minas camuflado de un buen rato: ¡no la cagues!

Ricard Martín
Escrito por
Ricard Martín
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Vivir es morir, cada hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios... Y préstame diez pavos para chile con carne, que dijo el genial poeta Rapael De la Ghetto en un capítulo de 'El Príncipe de Bel Air'. Se ha abierto la veda de las cenas de grupo, y la cantidad de gilipolleces que diremos y haremos –después de un año de sequía– nos retirarán momentáneamente la condición humana, y seremos bolas de vinazo y fritanga andantes por unas cuantas horas (días, incluso, algunos). Aquí un pequeño decálogo de diez cosas que no debes hacer, si quieres evitar un descenso al infierno social.  

1. Sentarte al lado del jefe. A menos que te caiga bien y seas amigo suyo. ¡Pelota! 

2. Tirarle los trastos a alguien fuera de tu alcance. Harás el ridículo, y los silencios incómodos en la oficina caerán siempre del lado malo: el tuyo. 

3. Tirarle la caña a alguien que sabes que picará. Al día siguiente, los silencios incómodos seguirán jugando en tu contra, y encima te sentirás mal por haberte aprovechado. No le tires la caña a nadie en general del trabajo. Recuerda que el marasmo 'eróticoetílico' de la cena empresarial convierte a la gente en un 'busca y destruye' de objetos de deseo, y durante la noche te cruzarás con: camareros y camareras, sommeliers, personal de BCNeta, farolas... ¿Para qué embarrarte de ocio en tu lugar de negocio? 

4. Llegar tarde a la cena de empresa (revisar punto 1). El que llega tarde pilla el peor sitio y es el último en pedir la caña de aperitivo. Lo reconocerás porque se sienta a la mesa con un culo de cerveza cuando todos beben vino. Al lado del jefe, claro. 

5. Mantener la sobriedad. A menos que seas abstemio o tengas alguna condición médica que te impida beber. Tentar el orden natural de las cosas suele acabar mal. Dios hará que te atragantes con el gas del 'Perrier' o te desangres por el corte de esa página tan afilada de tu Moleskine. 

6. Pagar con tarjeta. Traed dinero contante y sonante, con el cambio justo, y haced colecta. No hay nada más cutre que 37 tipos borrachos en fila india esgrimiendo el móvil y lloriqueando: 'te hago un bizum de 27,9 euros'.  

7. No dejar propina. Después de la colecta entre 40 comensales, os han devuelto un cambio de 13 pavos. "¡Lo podemos usar para las cervezas!", dirá el roñoso de turno. Lo podemos usar para que el personal del restaurante compre algo de perfume para exorcizar vuestro aliento etílico, queridas borrachuzas.   

8. Darle la brasa a la gente con tus especificidades de dieta. Vale. Todos sabemos que eres un vegano celíaco musulmán que de proteína solo puede comer tempeh sin gluten que se haya braseado de caras a la Meca con madera eco de olivo. Perfecto. Pero la gente del restaurante ya bastante hace con proveer de acuerdo con tus manías. Calla y come, y no des la brasa al personal con las ventajas de tu 'lifestyle' e ideología. 

9. Hablar de política. Al punto 8 me remito. Dos birras y te crees un anarcosindicalista de barricada. No. Eres un anarquista de salón. 

10. Creerte invulnerable. Ese clásico de "vaya hostión me pegué, menos mal que iba borracho", solamente sirve durante el rato que dura la anestesia del alcohol. Al día siguiente, los dientes mellados, los morados y los esguinces te recordarán tu sitio en este perro mundo. 

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