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Baños en un festival
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19 cosas que odiabas y que ahora echas de menos (tras un año de pandemia)

¿Quién te iba a decir que acabarías añorando cosas como estas? El virus lo ha conseguido

Por Time Out Barcelona Editors
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Esta semana se cumple un año desde que la OMS declaró la pandemia por la Covid-19. Para conmemorar lo que llamamos el Pandemiversario, Time Out echa la vista hacia al año pasado en ciudades de todo el mundo y hacia lo que puede deparar el futuro.

Ya casi no nos acordamos de lo que era la vida antes del coronavirus. Salir a la calle sin mascarilla, meterte en un bar abarrotado de gente sin preocuparte de a qué hora llegar a casa, abrazar a los nuestros... Cosas que, a buen seguro, volverán más pronto que tarde.

Pero además de todo aquello que nos encantaba hacer y que echamos (mucho) de menos, también hay una serie de cosas que jamás pensamos que añoraríamos. Cosas que, de hecho, odiábamos con todas nuestras fuerzas y que, por culpa de esta maldita pandemia, hemos llegado incluso a desear.

1. Los atracones de Navidad

Las fiestas navideñas quedaron atrás, y muchos nos quedamos sin un clásico de esas fechas: las comilonas familiares. Indigestiones y ardor de estómago. El cuñado que todo lo sabe. Hasta los besos húmedos de tu tía la del pueblo. Antes todo ello te provocaba escalofríos: ahora pagarías por volver a vivirlo.

2. Compartir ascensor

Reconócelo: más de una vez te has dado prisa para subir solo en el ascensor para no tener que enfrentarte a la clásica e insustancial conversación sobre el tiempo con el vecino mientras ponías esa sonrisa boba. Ahora no solo la echas de menos, sino que serías capaz de departir con él sobre la actualidad política en Liechtenstein. 

3. Pasear por un Portal de l'Àngel abarrotado

Podía llegar a ser un auténtico suplicio. Y sin embargo, de un tiempo a esta parte nos parecería un lujo. Ya no te molestarían las bolsas de la compra que te golpean al pasar. Ni siquiera las bicis que serpentean entre la gente. Irías con una sonrisa de oreja a oreja.

4. Las visitas inesperadas de tus suegros

"Pasábamos por aquí... y se nos ha ocurrido subir a veros". Una frase que hace no tanto podía ser el preludio de una pesadilla hoy sería sinónimo de planazo. Mucho mejor que ver una peli o tu serie favorita, algo que ya estás harto de hacer. Si además traen un 'tortell' de la pastelería del barrio, no se puede pedir más.

5. La operación salida/llegada de un puente

Mientras tengamos el confinamiento comarcal (y si no sois de los que os escapáis con cualquier excusa), seguro que hasta añoráis las colas para entrar y salir de Barcelona los fines de semana largos. ¿Retención en Martorell? ¿Las rondas colapsadas? Grandes momentos para disfrutar en familia. 

6. La comida de los aviones

Antes te parecía una basura. Hoy en día te resultaría lo más parecido a un restaurante con estrella Michelin. Sobre todo, porque significaría que puedes volver a hacer eso que tanto echas de menos: ir al Prat para montarte a un avión que te lleve bien lejos. Sin preocupaciones, ni pruebas PCR, ni cuarentenas. Viajar como hay que viajar: libremente.

7. Las despedidas de soltero/a

Ir a un club de striptease o hacer el ridículo en plena Rambla con un disfraz grotesco nunca sonó a un gran plan. Pero a estas alturas de pandemia, hoy disfrutarías de la más casposa de las despedidas de soltero como si no hubiera un mañana. ¿Karaoke? ¿Penes en la cabeza? Sí a todo.

8. Compartir mesa con desconocidos

Ya hace tiempo que en Barcelona se instauró la moda de las mesas compartidas. En locales hipster, de brunch o vegetarianos. Hacíamos como que no nos importaba, pero la verdad es que incomodaba lo suyo. Ahora incluso estaríamos encantados de hacer nuevos amigos y compartir plato si se tercia. 

9. Que te echen una cerveza por encima

¿En serio? ¿A quién le gustaría que le tiraran una cerveza por encima? Pero si te decimos que estás en el Cruïlla, que toca tu grupo favorito y que en este preciso instante todo el mundo está corriendo hacia adelante porque están sonando los primeros acordes del HIT en mayúsculas... ¿A que ya te daría un poco igual? ¡Venga, otra ronda!

10. Aguantar al pesado de la discoteca

Ya fuera porque quería ligar. O porque tenía muchas cosas que contarte (y no se le ocurría mejor sitio para hacerlo), en las discotecas (y en los conciertos) siempre hay un pesado dispuesto a darte la noche. Hoy, y con tal de poder ir al Razz o al Apolo, te parecería un tipo de lo más entrañable.

11. Los baños de los festivales

Ese hedor insoportable, mezcla de ambientador industrial con regusto a fresa y el orín de otros centenares, miles de festivaleros. ¿Puede haber algo peor? Sí: haberlo olvidado por culpa del tiempo que llevas sin experimentarlo en tus narices. Todos echamos de menos hasta el último rincón del Parc del Fòrum.

12. Los músicos del metro

Ahora evitas el transporte público a toda costa, tanto que has empezado a añorar los acordeones en plena hora punta, ya sea en la L1, la L4 o la L3. Aunque detestabas que se te pegase la melodía como un chicle a un zapato, ahora la echas de menos. Y a él también. No te cortes y canta con él: Ai si eu te pego...

13. El ruido ambiente de la oficina

Recuerda cuando te querías concentrar y no había manera. Por muy alto que tuvieras el volumen de tus auriculares se colaban hacia tu cerebro las discusiones y las conversaciones que tenían tus compañeros sobre cualquier cosa. Y cuando decimos cualquier cosa era literalmente cualquier cosa: desde excursiones a ligues, de nuevas recetas a nuevas dietas, charlas sobre política o las bondades del succionador de clítoris... Te enterebas de todo: de hecho, te enterabas de mucho más de lo que querías saber. Pero no nos engañemos, teletrabajar está bien, pero no hay nada como esas pausas para el café con los compañeros ni las charlas con a la hora de la comida, mientras te comías ese triste tuper de sobras recalentadas...

14. Las resacas

Qué mal se pasa cuando, al abrir un ojo, recuerdas que ayer te viniste arriba ravaleando de bar en bar. Y qué bien sentaría ahora poder tener alguna mañana de estas: ¡Al menos habrías salido hasta horas intempestivas la noche anterior!

15. Que te pregunten por la Sagrada Familia cada diez minutos

También lo echamos de menos. Porque eso significaría que vuelve el turismo, que nuestros vecinos que viven de ello pueden volver a cuadrar sus cuentas y que la ciudad recupera todo su esplendor y su latido.

16. Pagar a medias con quince personas

Vale. A menudo echar cuentas tras una cena pantagruélica para un numeroso grupo de amigos era bastante enrevesado. ¿Efectivo o tarjeta? ¿Te doy la calderilla o ahora te invito a la penúltima? ¿Y si te hacemos un Bizum? Ay, cómo echamos de menos las comidas y las cenas multitudinarias.

17. Los dos besos a todo el mundo

Puede llegar a ser bastante molesto, especialmente si eres mujer y te toca hacerlo con todo aquel que te presenten: a veces no apetece nada de nada. Pero ahora toca reconocer que pagarías por ir repartiendo besos a diestro y siniestro.

18. Los abrazos más largos de la cuenta

Hay dos tipos de personas, los que se comunican a través de la piel y el tacto y los que pegan un salto hacia atrás cuando ven a venir un abrazo. Si eres de los segundos, seguro que has vivido bastante tranquilo el último año, aunque empieces incluso a añorar este calor humano. 

19. Que te toque el alto delante en un concierto

Si eres una de esas personas bajitas que iba a muchos conciertos, ya sabes de lo que te hablamos. Ese clásico de que te toque el tipo más alto delante puede ser una pesadilla. Aplicable también al pesado que no deja de grabar con el móvil y los que han ido al concierto a pasar el rato y charlar. Volver a sufrirlos a todos será sinónimo de que ha vuelto nuestra añorada música en directo. Sin aforos reducidos que valgan. Con toda su magia y su cercanía.

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