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Esta no es una obertura más: El Club del Disco (Casp, 62. 660 25 95 06) es uno de los proyectos musicales de sala de pequeño formato más ambiciosos que quien escribe haya visto en los últimos 25 años en Barcelona. ¿Pequeño formato? Quizás no tanto. Estamos hablando de un espacio que integra una sala de conciertos –que tiene capacidad para 74 personas sentadas y 148 de pie–, una tienda de discos y libros musicales, y una coctelería y listening-bar con picoteo muy cuidado.
Sito en uno de esos regios bajos comerciales en los aledaños del Arc de Triomf, el Club del Disco, abierto hace apenas un mes, es la translación en local del sello discográfico homónimo independiente, fundado el 2005 en Argentina, vinculado al jazz y al tango en sus inicios. Paula Comberti, su directora, me cuenta que se inspiraron en lo que fue "el sello Blue Note en sus inicios: un sello discográfico que de repente se puso a hacer conciertos".
Una visión 360º de la música
A la prensa nos gustan los titulares, y Comberti no duda en responder "sí" a mi capciosa y tópica pregunta de si estamos en un sitio único en Barcelona. "Tuvimos una visión de 360º en la que entras, compras un disco, te sientas, lo escuchas y finalmente ves un concierto; o al revés: vas a un concierto y al salir, te tomas un cóctel y te compras el disco del artista que has visto", me cuenta.
Club del Disco, prosigue Comberti, nació del convencimiento de "que donde más música en formato físico se vende es en los conciertos, porque al final es en el formato físico en que los músicos sacan una diferencia. Lo vimos acompañando a los músicos de gira, y nos dijimos: 'bueno, tenemos que sacar el sello a la calle, darlo a conocer, y generar comunidad alrededor de la música'. Porque la música que no es mainstream tiene muchas dificultades para darse a conocer: músicos superreconocidos en Argentina llegan aquí y les cuesta llenar una sala de 60 personas", cuenta.
Tienda, 'listening-bar' y sala de conciertos
Vayamos por partes. Con una superficie útil de unos 300 m², el primer espacio que uno se encuentra es la tienda de discos, con todo el catálogo de la casa y sellos independientes españoles e internacionales, tales como Edition Records del Reino Unido o el histórico sello barcelonés Fresh Sounds, fundado en 1983. "La idea es que, al prescindir de intermediarios, los vinilos sean un poco más baratos", dice la directora del espacio.
"Nos dimos cuenta de que donde más música en formato físico se vende es en los conciertos"
De manera discreta pero perceptible, se pasa a un espacio, el Hi-Fi bar, con capacidad para un poco más de 30 personas. Ya con aires de roja nocturnidad, está equipado, como la tienda, con un equipo de sonido Bowers & Wilkins, creme de la creme de los equipos hi-fi y partners del proyecto. Aquí puedes tomarte un café, un cóctel o comer ligero de martes a sábado de 12 a 23 h, y hacer sesiones de escucha de alta calidad en esquinas equipadas con Bowers & Wilkins (tocadisco) y Marantz (CD).
Vaya, como una farmacia de guardia siempre abierta para el melómano compulsivo. La carta, breve, es a base de gildas, ensaladas (de pulpo, caprese o atún ahumado), o bocadillos como un sándwich de Pastrami; (y diseñada por el chef italiano Michelin Massimiliano Musso, una michelín). Pero esto es mucho más que un listening bar.
Pasamos a la sala de conciertos: un espacio que evoca los clubes nocturnos, y en el que se quiere romper la jerarquía de la sala de conciertos tradicional. Para empezar, con las listening sessions: sesiones moderadas por Jan-Erik Grother, director del sello discográfico, y los músicos Horacio Fumero y Emilio Solla. "La idea es que un músico presente su disco en el escenario. Pincha un par de canciones y es el propio músico quien explica su inspiración y el proceso creativo detrás de ellas. Es más una conversación con el público, una manera diferente de escuchar su música y entenderla. Y después, ¡da el concierto!".
Más de veinte conciertos al mes
La sala está equipada con una batería y un piano, y el concierto puede ser amplificado o no. "Eso lo suele decidir el músico en la prueba de sonido, y muchas veces termina siendo acústico", cuenta Comberti. Es necesario resaltar el carácter hercúleo de la programación de salida de Club del Disco. En el mes de octubre, de 31 días, hay programados 21 conciertos de primeras espadas, algunos gratis, otros con precios entre 11 y 26 euros: un tiquet muy ajustado para ver a monstruos como la estrena de Wind String Skins, el trío formado por Volker Goetze, Chano Domínguez y Mino Cinelu, que en un Palau de la Música cualquiera de 40 no bajaría.
Hay muchos formatos, estilos y sesiones: martes de tango con Altertango, el primero de mes, y Tango en el Raval, el tercero; conciertos de piano, música clásica y experimentación –La Zorra Zapata, 10 de octubre– y residentes como el guitarrista Nico Roig, que se trae a sus amigos y la banda Endless Trio, músicos vinculados al sello y a la escena del nuevo jazz europeo que pondrán la plantilla sonora de personalidad cotidiana del lugar. La inversión tiene que haber sido fastuosa, ¿no? "Digamos que hay que tener espalda económica para poder llegar hasta donde estamos ahora", responde.
Ha habido un gran desembolso en acústica, claro: "Está todo insonorizado, tenemos limitadores acústicos en cada sala según su licencia". Algo imprescindible en una ciudad, como Barcelona, en la que la ultragarantista ordenanza acústica a favor del vecino puede torcer la programación internacional de conciertos más pintada (incluso cuando el vecino es un piso turístico sin licencia). Comberti destaca el carácter tempranero de los conciertos: todos acaban a las once de la noche. Y que se pueda comer durante los mismos: "El concepto es que te comas una tapa rica con las manos, veas un buen concierto y te tomes una buena copa. Hay que desacralizar la música y ponerla en un lugar de disfrute".
¿Quién toca hoy en Barcelona? Los mejores conciertos del mes de octubre
Este artículo ha sido publicado el 7 de octubre a las 16 h

