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¿Qué son los 'listening bars' y por qué empiezan a estar de moda en Barcelona?

Estos son ahora mismo los paraísos para audiófilos donde podéis ir a escuchar música en altísima fidelidad

Borja Duñó
Escrito por
Borja Duñó
Head of Editors, Barcelona
'Listening Barcelona'
Irisnegro'Listening Barcelona'
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Los 'listening bars' han llegado a Barcelona… ¿para quedarse? No sabemos si el animado carácter mediterráneo es tan compatible como los de otras latitudes con la experiencia musical que proponen los sistemas de altísima fidelidad –increíblemente nítidos, cálidos e inmersivos– de los bares de audiófilos, pero ya están aquí. Pensad en una experiencia auditiva exquisita y reposada que se ha convertido en una de las tendencias de este 2024 en varias ciudades del mundo, según Time Out internacional. Un poco la diferencia entre beber vino en el bar Pepe de la esquina o en una vinatería especializada.

El hecho es que ya tenemos dos buenísimos con programaciones regulares: el Curtis Audiophile Cafe, que existe desde noviembre de 2018 en la calle Mallorca, 186 y el Oblicuo Hi-Fi Bar, abierto hace solo un par de meses en Riera de Sant Miquel, 59. Además, desde hace un tiempo, en Barcelona también se celebran las fiestas por audiófilos Cloud 9 Sound System, inspiradas en las veladas The Loft de David Mancuso en Nueva York. La próxima es el 10 de febrero en La Nau, con la sabiduría vinílica del gran Victor Kiswell a los platos.

Bares de audífilos, hi-fi bars, listening bars… o ¿jazz kissa?

El origen de los 'listening bars' lo encontramos en Japón, en la década de 1920. En aquel momento, para los aficionados nipones era caro y complicado conseguir discos de jazz americanos, por lo que los melómanos iban a escuchar los pocos que llegaban a los 'jazz kissa'. Los problemas de espacio en los pequeños apartamentos de Tokio o la imposibilidad de tener buenos equipos de alta fidelidad en casa también hizo que se popularizaran estos pequeños bares o cafeterías donde podías ir a deleitarte con el simple placer de la escucha.

Arnau Sabaté es coleccionista y loco de la música: “solo hay una cosa en la que me gaste dinero, discos”, asegura. “Japón es la meca de los discos, cualquier coleccionista ha ido o quiere ir”. Y él ha estado ahí, claro. En Barcelona, ha pinchado en el Curtis, pero también en el Brilliant Corners de Londres. “En Japón hay más matices –dice– es un tema cultural, van a beber té y escuchar música; probablemente, aquí tiene un elemento más socializador y allí, en cambio, es más para estar con uno mismo”.

Japón es la meca de los discos, cualquier coleccionista ha ido o quiere ir

Pero no sufráis, si queréis tener una idea de cómo son los 'listening bars' japoneses y ahora mismo no tenéis ni tiempo ni dinero para subiros a un avión, podéis tragaros estos espléndidos pequeños documentales de Resident Advisor que patrocinó la cerveza de Osaka Asahi donde nos dejan entrar a locales “escondidos” de Tokio como el SHeLTeR y el Bridge, pero también al famoso Brilliant Corners de Londres, el Doka de Ámsterdam e incluso al Curtis de Barcelona. También veréis cómo es el Nica de la Casa Bonay, el primer 'listening bar' que hubo en la ciudad, pero ahora ya sin programación regular.

Oblicuo Hi-Fi Bar
Foto: Fabrizio RuffoOblicuo Hi-Fi Bar

Estrategias oblicuas

El más reciente es el Oblicuo Hi-Fi Bar. Situado en la Riera de Sant Miquel 59 de Gràcia, es un bar con un diseño exquisito y un sistema de sonido diseñado por el maestro Giorgio Di Salvo, que ha trabajado con Travis Scott, entre otros. Ivanmaria Vele y Dobrochna Giedwidz son los artífices de un local inspirado en las 'Oblique strategies', las estrategias creativas ideadas por Brian Eno y Peter Schmidt que utilizó, entre otros, David Bowie. En un ambiente íntimo y perfectamente insonorizado para garantizar la experiencia sonora perfecta, en el Oblicuo entras y te encuentras una barra de vinos naturales y otra de cócteles. “Tenemos vinos naturales porque no nos gustan los dolores de cabeza”, dice Vele, originario de Nápoles.

La alta fidelidad es vivir una experiencia con el sonido, no contra el sonido

La música tampoco debe dar dolor de cabeza, al contrario. "La alta fidelidad es vivir una experiencia con el sonido, no contra el sonido", añade. Y es verdad. En un 'listening bar' no tienes que gritar para que te oigan. Se levanta, sube el volumen al máximo y nos escuchamos perfectamente sin levantar la voz. Además, la música no debe estar demasiado fuerte, la nitidez del sistema de sonido garantiza que las conversaciones no tengan que lidiar con lo que sale de los altavoces. Y que no pase aquello de que cuanto más fuerte está la música más gritamos y que cuanto más gritamos más alta debemos poner la música.

Pero un bar de audiófilos no es solo un sistema de sonido excelente, sino que todos los elementos deben estar alineados con la experiencia sonora. En el caso del Oblicuo, todo, desde los sofás a las formas y el revestimiento de las paredes, ha sido diseñado expresamente para que la acústica sea exquisita. Y una sorpresa: cuando vayas al baño… escucharás música clásica.

Obviamente, tienen programación de DJ (abren de martes a jueves de 19 a 1 h y sábados y domingos de 19 a 3 h), y no es casualidad que el primero en pinchar allí fuera el parisino Victor Kiswell, uno de los conseguidores de rare grooves más importantes del momento, que desde hace un tiempo ha instalado su tienda en su casa del barrio Gòtic.

Curtis, hablemos de fidelidad

Encontraréis el Curtis Audiophile Cafe en la calle Mallorca 196, en l'Esquerra de l'Eixample. Su responsable es Guille de Juan, cuyo socio es Salva Torras de Salvadiscos, una asociación cultural con un local en el Poble-sec (Plaza de Santa Madrona, 4) que funciona como una especie de club privado para amantes de los vinilos, principalmente de segunda mano. El Curtis “no es un 'jazz kissa' japonés –dice De Juan–, ya entendemos que esto es un país mediterráneo y que la gente habla, pero alguna vez (muy pocas) ha tenido que recordar que Curtis es “un 'listening bar', no un 'shouting bar'”.

Así que ya lo sabéis: en el Curtis se puede hablar e incluso bailar, pero los protagonistas son los discos y la música que contienen. “Para mí, 'audiófilo' es que en vez de gastarte el dinero con el interiorismo, te lo gastes en hacer que el local suene bien”, dice De Juan, que programa un DJ diferente todos los días de la semana, excepto los martes y miércoles cuando es él mismo quien pincha (entre semana abre de 18 a 1 h y viernes y sábados, de 18 a 3 h, es decir, horario de bar musical).

“La alta fidelidad es la experiencia de escucha de una fuente de alta calidad, con unos equipos de sonido que la reproduzcan de la forma más fiel posible a cómo fue grabada y a la intención del músico a la hora de grabarla”, resume De Juan cuando le preguntamos qué significa 'alta fidelidad'. “Son equipos que no le añaden ni brillo, ni graves, que es lo que se busca en una discoteca para hacer que los cuerpos se muevan en una pista de baile”, añade.

En el Curtis también tienen carta de cócteles, se puede picar algo y también tienen discos a la venta, con Tropikon como proveedor de la elección que hace De Juan. Los vinilos se exponen en unas vitrinas de metacrilato para que no se estropeen y son siempre discos nuevos, generalmente de música negra, aunque también tienen “reediciones de discos que nos gustan”).

Curtis Audio Cafè
Foto: Ivan GiménezCurtis Audio Cafè

Con esta oferta –ya sea el Curtis, el Oblicuo o las fiestas Cloud 9–, Barcelona está preparada para experimentar la fiebre audiófila que existe en Japón desde hace un siglo y que en otras ciudades europeas y estadounidenses ya es vibrante. Ahora todo dependerá, como dice Sabaté, de si sabremos apreciarlo: la alta fidelidad “es como el buen vino”, hay gente que nota la diferencia y otra que se conforma con menos.

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