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La directora de 'Cinco lobitos' y de la serie 'Querer' reflexiona sobre 'Los domingos', Concha de Oro en el Festival de San Sebastián

En solo tres años ha pasado de ser una desconocida aspirante a directora de cine, curtida en cortometrajes y en el mundo de la publicidad, a convertirse en uno de los nombres clave de la ficción audiovisual española actual. Con Cinco lobitos (2022), una mirada a la maternidad y a la conciliación que ponía el foco en las sombras más que en las luces, ganó Goyas, Feroces y Biznagas. Con Querer (2024), una de las mejores series originales de Movistar Plus+, puso sobre la mesa un tema como el consentimiento dentro del matrimonio. Y ahora, con Los domingos, se llevó el premio gordo en el último Festival de San Sebastián contando la historia de una adolescente que recibe la llamada del Señor, convencida de dedicarle su vida como monja de clausura.
Tres producciones que han situado a Alauda Ruiz de Azúa entre las voces más relevantes de nuestro cine. Y tres producciones que coinciden en diseccionar y cuestionar la institución de la familia, que tantas veces nada tiene que ver con el confortable retrato que mandan los cánones. En el caso de Los domingos, la cineasta plantea un escenario que puede resultar un tanto, como ella dice, exótico (¿quién, en pleno siglo XXI, se plantea abandonarlo todo y retirarse a un convento?) para reflexionar sobre la libertad a la hora de tomar según qué decisiones y sobre el papel de la religión y las vocaciones en nuestras vidas. Es una película compleja, sensible, austera y extraordinariamente inteligente, que muestra el conflicto y a los personajes sin juzgar ni tomar partido, dándonos margen para decidir como espectadores. Protagonizada por Patricia López Arnaiz, Miguel Garcés, Nagore Aramburu y la luminosa debutante Blanca Soroa, Los domingos es cine mayúsculo que inicia su trayectoria en salas el 24 de octubre y que estará entre las grandes favoritas en la próxima carrera de premios.
Alauda, deja de petarlo, ¿no?
[Risas] Bueno, en mi defensa diré que me costó mucho rodar una primera película, porque hice Cinco lobitos ya pasados los 40 años. También es verdad que es mágico todo lo que me ha pasado en muy poco tiempo, pero hay que celebrarlo. Todo sube, todo baja, pero cuando ocurren cosas buenas hay que celebrarlas.
En cualquier caso, has aparecido en el cine español como un torbellino. ¿Cómo convives con el elogio?
Bueno, yo lo llevo con alegría, la verdad, porque de repente verte en una situación que te permite levantar proyectos, puedes ir a sitios y te escuchan y hay interés, y además has conectado con el público... pues lo llevo con alegría. ¡Qué bonito vivir esto! Pero también lo llevo con cautela: intento poner la energía en hacer bien mi trabajo, en escoger bien el siguiente proyecto, en elegirlo por las razones que creo que deben primar. Y en cuidar el proceso creativo, que es lo importante, lo que no debes perder de vista, independientemente de lo que pase fuera, que al final no puedes controlar.
¿Cuáles son esas razones que priorizas?
Pues mira, tengo la sensación de que, para mí, todo ha sido un aprendizaje muy rápido, en muy poco tiempo. Y he aprendido que ahora mismo es importante escribir a la vez que dirigir. Porque escribiendo encuentro muchas cosas que luego utilizo en la dirección, y durante el rodaje también reescribo. Entonces es algo que no me gusta disociar del proyecto, que no me gusta hacer por separado. Ese es uno de los aprendizajes, o de las apuestas. Me gusta entrar en lugares que me generan incomodidad o en preguntas de las que no tengo todas las respuestas. De repente siento que eso me alimenta en el proceso creativo y lo disfruto muchísimo. Y, de alguna manera, hasta ahora he compartido ese proceso con el espectador.
Hay una coherencia temática entre Cinco lobitos, Querer y Los domingos: el cuestionamiento de la familia como institución.
Sí, creo que ese cuestionamiento de la familia está seguramente de una manera más intuitiva y visceral desde Cinco lobitos. Y en Querer, por supuesto, porque la familia actúa como mecanismo opresor de la protagonista. En Los domingos ya me he permitido cuestionarla desde un lugar todavía más doloroso, que es el sitio de los afectos y de la comunicación, en el sentido de que todos crecemos con este relato de que la familia es un sitio de refugio, de los afectos más honestos. Pero no siempre es así. A veces da mucho miedo romper con la familia porque tenemos muy interiorizado que es una institución muy fuerte. Pero la familia también puede ser un lugar muy duro, donde no se encuentre el refugio, donde no sea todo tan limpio y tan afectuoso. Entonces, creo que Los domingos sí cuestiona esa institución familiar o ese relato de la familia.
La familia puede ser un lugar muy duro, donde no se encuentre el refugio, donde no sea todo tan limpio y tan afectuoso
Me da la impresión de que ese es el verdadero eje que atraviesa la película, más allá de la llamada a una adolescente que desea hacerse monja...
Es verdad que en las entrevistas estoy hablando mucho de la vocación religiosa, porque tiene algo de exótico en pleno 2025. Eso está en la película, el cuestionamiento que se hace de ese proceso. Pero para mí, la decisión de la protagonista es el disparadero del viaje familiar. Y realmente la película se construye en torno a eso: empieza con la familia reuniéndose los domingos y termina con la familia en otro sitio, completamente distinto. Para mí el viaje de la película está en todas esas fragilidades y grietas que afloran y que seguramente se arrastraban desde hacía mucho tiempo.
Alrededor de la familia hay también otro temazo, el de la adolescencia...
Sí, y además ha sido bonito ver que esa parte conecta mucho con gran parte del público. Ese momento en que en la familia hay un adolescente que, en cuestión de meses, será legalmente mayor de edad para poder tomar sus propias decisiones, y de repente cómo eso te coloca a ti como adulto. Cuando tenías todo tu discurso y tus expectativas armadas, de repente viene un adolescente y te lo desmonta. Y tampoco tienes tantas herramientas para convencerle o acercarte a él. Se generan ese tipo de abismos. Por ejemplo, ha sido bonito ver cómo mucha gente con hijos adolescentes conectaba con ese miedo a perder a su hijo, a no saber cómo protegerlo o cómo explicarle según qué cosas.
No sé si el misterio de la Santísima Trinidad es mayor que el misterio de la adolescencia...
Bueno, es que la adolescencia tiene algo de... no sé si de misterioso o es que se nos olvida lo complejo que es ser adolescente. Nos hacemos mayores y olvidamos lo que era vivir ese momento en el que estás dejando de ser niño y te enfrentas a cosas muy adultas sin tener ninguna perspectiva adulta. Una psicóloga me dijo algo que me marcó: la adolescencia es la época de la incoherencia. Lo natural para los adolescentes es ser incoherente, porque se están buscando y sintiendo muchísimas cosas por primera vez. A veces pedimos a los adolescentes una coherencia que no va con el momento vital que están viviendo.
A veces pedimos a los adolescentes una coherencia que no va con el momento vital que están viviendo
Los personajes de tus historias son ricos en matices, y eres respetuosa con todos los puntos de vista.
Sí, en Los domingos, por ejemplo, hay personajes como el de Maite (Patricia López Arnaiz) que me resultan más fáciles de comprender, por mi educación, por mi edad, por muchas razones. Con otros personajes me cuesta más, pero se hace el esfuerzo igual y siempre es muy interesante porque incluso con personas que crees muy ajenas puedes encontrar algo en común: una soledad, una herida, un miedo. Desde ahí construyo el personaje, más desde lo que entiendo de él que desde lo que no consigo conectar.
No hay juicio.
No, no hay intención de imponerte nada. Por eso siento que era una apuesta compleja y estoy muy feliz de que el público que ya la ha visto haya entendido la propuesta y haya entrado muy bien en ese espacio que deja la película para sacar sus propias conclusiones. Me gusta decir que es una película que no te impone nada, pero tampoco deja que tú le impongas algo. Si vas con una idea preconcebida, si esperas que la película te felicite por tus creencias o por tus no creencias... Los domingos no es esa clase de película. No intenta complacerte, intenta retarte a que saques tus propias conclusiones y juzgues lo que se te muestra con cuidado y rigor. Ese es el viaje, o el intento de viaje, que tiene la película.
Me gusta decir que es una película que no te impone nada, pero tampoco deja que tú le impongas algo
Vamos a lo exótico. A que el espectador se plantee qué haría si su hija le dijera que quiere hacerse monja de clausura.
Digo exótico porque es algo no habitual. Digo exótico porque resulta fascinante por extraño, por ser algo que ves muy lejano. La gente que tiene certezas absolutas siempre me produce cierta sensación de irrealidad. Lo real tiene que ver con no saber muy bien o tener que pensar todo el rato: qué haría yo, cómo juzgaría esto, por qué. Para mí es importante ser capaz de argumentarte el porqué de lo que piensas. La gente que sigue un dogma muy claro, que tiene una certeza absoluta, me parece fascinante, casi por irreal o poco humana. Y más allá de lo religioso, también es interesante cómo todos podemos sentir la necesidad de creer en algo. Cuando en la vida te ocurren cosas como la pérdida o que la familia no es lo que debería, ahí hay algo más universal.
En cualquier caso, hay un choque de dos mundos.
Cuando la gente se maneja en certezas absolutas, a veces se genera un halo de superioridad moral que también era muy interesante explorar. Porque esa superioridad moral la transitan tanto los personajes religiosos como también el personaje de Patricia, que está en las antípodas. Esa superioridad moral que te da creer que tienes la razón absoluta dinamita cualquier puente de comunicación o acercamiento al otro.
Llevamos unos cuantos años de crecimiento y éxito del cine español producido en las periferias. En Galicia, en Cataluña o en Euskadi, con tu cine o el de los Moriarti como máximos representantes. ¿Cómo lo ves?
Yo soy una recién llegada. He hecho muchas cosas en poco tiempo, y antes no tenía prácticamente ningún contacto con la industria. Recuerdo un momento en que había una cierta tendencia a hacer un cine globalizado, un poco de marca blanca, sin localismos, con narrativas que podían pasar en cualquier sitio. Y no sé si ha sido una reacción o una toma de conciencia, pero ahora vamos a lo específico, a lo local. En mi caso, en eso hay algo más honesto. Y la honestidad en el cine es uno de los grandes poderes que tiene lo que hacemos: mirar con honestidad, tanto a tus personajes como al mundo que retratas.
Después de Cinco lobitos rodaste Eres tú, una película para Netflix, toda una rareza en tu obra. Fue un encargo que no habías escrito tú. ¿Cómo integras dirigir proyectos no personales en lo que esté por venir?
Voy proyecto a proyecto, no vivo en el futuro, pero Eres tú llegó en un momento muy concreto: acababa de rodar Cinco lobitos y no sabíamos qué iba a pasar con la película. Era cine independiente, y luego pasaron cosas maravillosas, pero en ese momento no sabía qué pasaría. Entonces apareció la oportunidad de hacer Eres tú y me pareció una experiencia de aprendizaje, de coger oficio y de poder financiar los siguientes meses escribiendo mi siguiente proyecto personal. Fue un gran aprendizaje y me llevé amigos que mantengo. Me sirvió para aprender a dirigir un guion ajeno y dentro de un género claro, la comedia romántica. Luego Cinco lobitos creció, pude hacer Querer, y ahora me encuentro más cómoda escribiendo y dirigiendo.
Y lo que estás escribiendo es una serie sobre OnlyFans...
Sobre plataformas del tipo OnlyFans, sí, estas plataformas que permiten a los creadores generar contenido explícito, sexual, para adultos.
Y vuelves a colaborar con Eduard Sola, el guionista de Casa en flames con el que ya trabajaste en Querer. ¿Qué tiene de bueno y de malo escribir sola o acompañada?
Escribir con alguien, y además con Eduard, que es increíble, tiene muchísimo de bueno. Sobre todo te quita mucha soledad: tienes una conversación constante sobre el proyecto. Si uno tira por aquí, el otro puede tirar por allá, buscar soluciones. Eduard es muy generoso, porque viene en plan “soy tu fiel vasallo, ¿hacia dónde quieres que vayamos?”. Pero a veces hay proyectos... Los domingos venía conmigo desde hacía tanto tiempo y lo sentía tan personal que sentía que era un viaje que debía hacer en solitario. Se trata de escuchar lo que te pide el proyecto.
Has escrito sobre la maternidad, sobre el consentimiento, sobre la religión y la adolescencia, sobre la familia y ahora sobre esas plataformas de contenido. No te pones con poca cosa...
Creo que soy un poco inconsciente, también porque siempre entro en los proyectos por una curiosidad muy humanista y ética. Me atraen los dilemas que no son fáciles de resolver, los que requieren conversación profunda. En este nuevo proyecto hay un lugar de contradicciones muy interesantes, como las que había en Querer o en Los domingos: porque, por ejemplo, plataformas como OnlyFans tienen dinámicas muy patriarcales, pero también hay chicas que ganan muchísimo dinero y dicen que eso las empodera. Hay un debate sobre qué es realmente el empoderamiento que me interesa mucho.
Me atraen los dilemas que no son fáciles de resolver, los que requieren conversación profunda
Termino. ¿Qué haces los domingos?
Pues si puedo me gusta ir al cine o ver una película en casa. Para mí, los domingos son días de intentar hacer muy poquito y solo cosas que den placer, para sobrellevar el lunes.
A misa no vas...
A misa no voy [risas].
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