Noticias

Álvaro Cervantes: "Ahora mismo, al cine catalán no se le resiste nada"

Hablamos con el actor barcelonés, que remata su año mágico con el estreno de 'Balandrau, infierno helado' y un premio Gaudí por 'Sorda'

Àlex Montoya
Escrito por
Àlex Montoya
Editor de cine
Álvaro Cervantes
Foto: Ivan Giménez | Álvaro Cervantes
Publicidad

¡Qué año el de Álvaro Cervantes! Desde la presentación de Sorda en el Festival de Berlín de 2025, los premios en el Festival de Málaga (compartidos con el de su hermana, Ángela, por La furia), el impacto de su estreno, las llegadas a las salas de cine de Desayuna conmigo y de Ramón y Ramón, y, ahora, el premio como mejor actor secundario, categoría en la que también está nominado a los Goya. “No había vivido un año como este”, reconoce el actor.

La rueda no se detiene, y el año Cervantes continúa con una nueva película que promete tener, también, un largo recorrido. Es Balandrau, infierno helado, o la traducción en imágenes de una tragedia que golpeó a la sociedad catalana hace ya veinte años. Era el 30 de diciembre de 2000 cuando un grupo de amigos aficionados a la montaña decidió subir los poco más de 2.500 metros del Balandrau, en el Ripollès. En pocos minutos, un violento ventisquero transformó un día de sol y cielo azul en una pesadilla, con unas temperaturas que descendieron 30 grados y vientos que superaron los 140 km/h. Solo hubo un superviviente, Josep Maria Vilà, a quien, en la película, interpreta Álvaro Cervantes. Dirigida por Fernando Trullols, Balandrau, infierno helado cuenta también con intérpretes como Marc Martínez, Bruna Cusí, Anna Moliner, Eduardo Lloveras y Pep Ambrós.

Álvaro Cervantes

'Balandrau' es uno de esos proyectos que exigen una responsabilidad añadida con los supervivientes y las familias de las víctimas. El trabajo se tiene que hacer muy bien hecho...

Totalmente, la responsabilidad es máxima, en el sentido de que tocamos un material muy sensible. Y para mí fue clave poder hablar desde el primer minuto con Josep Maria. Me impactó su fortaleza mental, y su testimonio, que me explicara todo aquello que vivió, me sirvió mucho para imaginarme una situación tan extrema de la forma más precisa posible, para que al final el espectador reciba lo que pasó. Josep Maria fue muy generoso. Y todo lo que nos dio ha sido la esencia más allá de los hechos: la parte más humana, la de los vínculos. Creo que es el punto fuerte de la película, el de centrarnos en estos vínculos personales. Los hechos se explican de manera muy rigurosa, pero lo más importante en la película son los vínculos humanos. Porque, al final, la peli apunta a toda esa humanidad que se despliega en un momento tan duro.

Me impactó la fortaleza mental de Josep Maria, y su testimonio me sirvió mucho para imaginarme una situación tan extrema

Por las características del proyecto, se podía haber caído en cierta pornografía emocional. En momentos, por ejemplo, de la larga espera de los familiares.

Yo no viví esa parte del rodaje, pero supongo que es algo que Fernando y el grupo de actores que interpretan a los familiares tuvieron muy presente. Sí considero que era uno de los riesgos de la película. Pero creo que Fernando tenía tan en mente y estaba tan conectado con rendir este homenaje que era muy difícil caer en eso. Realmente creo que el termómetro del proyecto era justamente este: tenía que ser un gran homenaje para todas las personas implicadas y para toda la humanidad de aquellos días.

Avisamos a la gente de que 'Balandrau' es una película demoledora, pero también extraordinariamente luminosa.

Yo creo que la película no esconde la tragedia ni todo el dolor que comportaron esos días. Pero, de alguna manera, no pretende quedarse en los hechos, sino conocer a las personas que perdieron la vida, a los supervivientes y a aquellos que formaron parte del dispositivo de rescate. Es una película con un rigor enorme, sobre todo a nivel de honrar y de explicar todas las caras de aquel suceso.

Balandrau, vent salvatge

¿Ha sido un rodaje especialmente duro, también físicamente?

Yo pensaba que la parte de exteriores en la nieve podía ser dura, a nivel físico y de frío, y realmente tuvimos mucha suerte y las condiciones perfectas: había nieve, había hielo, rodamos en una cascada helada, pero a la vez hacía muy buen tiempo. Era un rodaje complicado, pero sufrí mucho más en la reproducción del ventisquero en plató: está todo el tema de los efectos especiales, se ha hecho un trabajo increíble en este sentido, pero era realmente muy angustiante respirar el material que se utiliza para simular la nieve. El ventisquero es una pesadilla, y de alguna manera rodarlo fue muy aparatoso, muy difícil. Hay un componente de imaginación que tienes que poner por la postproducción que vendrá después, pero ese no es el problema: lo era más la parte física de rodar con las turbinas, con la reproducción de esa nieve; eso sí que físicamente era muy desgastante y muy pesado. Parece mentira que rodar en un plató, en teoría más controlado, acabe siendo lo más denso y complicado.

El ventisquero es una pesadilla; rodarlo fue muy difícil

'Balandrau' es una de las grandes apuestas del cine catalán y en catalán de este año. Llevamos años hablando de la buena cosecha de nuestro cine. ¿Cómo ves su salud?

Hablas de cosecha y me has hecho pensar que, más que cosecha, podemos decir que la tierra es muy fértil. Es una realidad. Además, creo que lo más interesante es que hablamos de un cine muy diverso. Y el ejemplo de Balandrau me hace pensar que, ahora mismo, al cine catalán no se le resiste nada.

Tienes dos nominaciones a los premios Gaudí y una al Goya, y Ángela también está nominada por 'La furia'. ¿Cómo llevas los días previos?

Pues al final es una muestra de cariño, de reconocimiento por el trabajo. Creo que las nominaciones recogen muchas cosas. Lo más importante es que repercutan en la película. Pero, evidentemente, en uno mismo también impactan en positivo, te dan una visibilidad añadida. Entonces hay una mezcla de todo: de adrenalina, de nervios, cuando se acerca el momento. Vivimos los premios Forqué, y hay un momento en el que la gala va avanzando y te pones nervioso, y te toca poner esa cara entre las cuatro o cinco de los nominados [ríe]. Es un momento muy bonito, y yo siento mucho agradecimiento. Y lo más importante es compartirlo con el equipo, con los compañeros nominados, y también con los que no lo están pero que al final se alegran por el trabajo que has hecho. Es un momento de celebración, más allá de que después haya o no haya premio.

El caso de Fernando Trullols es muy curioso: lleva 25 años trabajando como ayudante o director de segunda unidad, y ha tardado mucho en hacer su primera película. Después, por ejemplo, hay casos como el tuyo: empiezas con 15 añitos y no has parado. La industria es caprichosa...

En el caso de Fernando, pienso que es un camino natural, que una cosa ha ido llevando a la otra. Todo el trabajo que ha hecho ha permitido que haya podido hacer una primera película de esta dimensión, no solo de producción y de nivel técnico, sino a nivel humano. Pienso que, al final, cada camino tiene su sentido. Hay golpes de suerte y muchas circunstancias. En mi caso, me siento muy afortunado de que los proyectos me hayan ido llegando en el momento en el que sentía que ya los podía asumir. A veces no sé hasta qué punto te puede ayudar un proyecto que te llega demasiado pronto, cuando no tienes la experiencia suficiente como para abrazarlo. He sentido que todo ha sido muy progresivo. Mi gran suerte es que las cosas han llegado en el momento idóneo para dar lo mejor de mí.

Esta es una valoración que puedes hacer ahora, pero no sé si en el camino ha habido momentos de frustración, de impaciencia...

Realmente siempre he tenido trabajo, pero sí que a veces, en el camino, hay deseos que no terminan de cumplirse. Uno, a veces, querría que las cosas pasaran más rápido. Pero poniendo distancia es cuando ves eso: las cosas han pasado cuando tenían que pasar. Esto ha sido clave a nivel de aprendizaje, y este aprendizaje es el gran éxito.

¿Tienes identificados, para bien o para mal, momentos clave en estos 20 años?

Por ejemplo, el momento de la nominación al Goya Revelación por El juego del ahorcado; creo que ganarlo habría sido demasiado. Llevármelo nada más empezar, con mi segunda peli... ya la nominación fue algo muy extraordinario.

Álvaro Cervantes

¿Se te subió un poco a la cabeza?

No, no se me subió, más bien creo que no ganarlo me fue bien justamente para que no se me subiera. Creo que aprendí más del hecho de no ganarlo. Se lo llevó El Langui, que me demostró un sentimiento brutal de buen compañero. Cuando se lo dieron a él, se giró y me guiñó el ojo, y me quedé alucinado pensando: '¿Cómo puedes acordarte de un compañero en un momento así?'. Para él también era algo excepcional. Y acabamos celebrándolo, porque además El truco del manco era una peli escrita por Iván Morales. Y, aun no ganándolo, realmente disfruté mucho de aquella noche. Lo digo de verdad, genuinamente. Y eso que en ese momento tienes 18 o 19 años, lo ves posible y claro que quieres el Goya. Pero pienso que fue bueno no ganarlo. Y yo ya había tenido mucho reconocimiento por la peli con la nominación, con una entrada en la industria, porque yo apenas estaba entrando. Quizás el Goya habría sido un reconocimiento excesivo en un momento en que yo era muy pequeño y aún tenía que aprender muchas cosas. Este es uno de los hechos que ahora veo con distancia y siento que fue perfecto tal como sucedió.

En tu camino, ¿qué porcentajes dirías que ha habido de intuición y de estrategia? Porque entiendo que también hay un representante que se preocupa de que su actor haga carrera...

Yo siempre he hecho cosas que me apetecía hacer, y que me gustaría ver como espectador. Y, de alguna manera, que también sintiera que trabajando en ese proyecto me lo pasaría bien. Eso es lo que me ha movido, y la intuición iba en relación con eso: creo que me lo pasaré bien aquí, o creo que aprenderé cosas. Al final, leyendo un guion te ves ahí, piensas que quieres estar allí. O al revés: lees el guion y piensas que ese proyecto puede estar muy bien, pero yo no me termino de ver. Es la intuición de saber dónde puedes dar lo mejor de ti, o bien donde puedes sintonizar con el equipo, con el director, con la historia, porque esa sintonía es clave en este trabajo. Cuando te sientes sintonizado de entrada, ves que va bien. Y si de golpe no te sientes en sintonía, quizás no es el lugar donde tienes que estar.

¿No ha habido nunca estrategia, entonces?

¡Qué va! Con mi agente, Walter Garcia, llevo toda la vida. Y estamos muy en la misma página, tenemos la misma manera de entender la profesión. A veces podemos estar más o menos alineados con los gustos, pero lo más importante es que él respeta mucho mi criterio. Walter es familia, nos tenemos mucha confianza. Y al final, a la hora de escoger las cosas, priorizo lo que me resuena. Y te pueden resonar muchas cosas diferentes. Pero una de las gracias es el misterio: lo que puedo haber aprendido en estos años trabajando es que no puedes tener control. Y una estrategia implica control. Aunque uno, mentalmente, lo quiera tener o quiera planificar, estamos hablando del terreno de los deseos y, si me apuras, de la fantasía. Por lo tanto, puedes querer guiar un poco aquello que quieres hacer, pero asumiendo que no tienes ningún control. Y también es lo que me gusta, no sabes nunca qué estarás haciendo de aquí a un año. Y eso te puede inquietar en un momento dado, te pueden entrar impaciencias, pero –al menos a mí me pasa– creo que es lo que mantiene la pasión viva al cien por cien. Todo esto sintiéndome un afortunado y confiando en que llegará un proyecto y que estaré preparado para asumirlo. Y siendo muy consciente de la suerte que tengo de estar trabajando en una profesión donde hay tanto paro. Eso nunca se debe perder de vista, ese agradecimiento por hacer aquello que quieres hacer.

¿Eres buen espectador de tu propio trabajo?

Lo soy cuando me veo realmente atravesando las cosas que tengo que atravesar en cada película. Probablemente he sido peor espectador de mí mismo años atrás, porque me faltaba más técnica o porque no sabía ubicar aquello que tenía que trabajar. Creo que, después de tantos años de trabajo, para mí la clave es que en cada proyecto sé qué cosas me dan miedo antes de empezar. Sé qué cosas me generan pudor. Y entonces las ataco. Sé cómo entrenarlo. Años atrás no... quizás tenías el mismo pudor o el mismo miedo, pero no sabías diagnosticarlo. Y eso ha sido parte del aprendizaje y de la técnica. Entonces, se te genera un cierto entusiasmo de decirte que sé cómo hacerlo. Cuando era pequeño, cuando era más joven, había mucha parte de intuición, de muchas ganas, pero –siendo honesto– en realidad internamente no sabía muy bien cómo hacerlo. Y ahora entiendo que sí: cada proyecto te ofrece nuevos retos, pero sí hay una parte de técnica, de tener claro que este oficio lo sé hacer. Y sobre todo sabes ver las necesidades de cada proyecto. Entonces en ese sentido te hace disfrutar más. Y te hace trabajar mucho, pero después también puedes permitirte perder el control, dejarte llevar, por todo el trabajo previo hecho.

Sé qué cosas me dan miedo o pudor antes de empezar. Y entonces las ataco.

Acabas de rodar una película con Daniel Sánchez Arévalo para Netflix...

Teníamos ganas de trabajar juntos y no se había dado. Hemos hecho un thriller; él nunca había hecho ninguno y tenía muchas ganas de explorar este terreno. Y el proyecto también surge de un vínculo muy bonito que es su amistad con Ramón Campos, que es productor y coguionista de la película. No puedo explicar mucho, pero para mí fue muy entusiasmante de leer, porque es un guion muy estimulante. Y ya estoy hablando demasiado [ríe].

¿Muchos giros de guion?

¡Más que eso! También es muy coral. Es un thriller frenético, pero en el día a día del rodaje parecía que estuviéramos haciendo una comedia. Por el grupo que estábamos haciéndolo, fue muy divertido. Creo que si te lo pasas bien en un rodaje también es clave. Para mí es uno de los motivos por los que hago este trabajo: pasármelo bien, y aquí me lo he pasado muy bien. He trabajado con compañeros que admiro mucho. Y ha sido muy gustoso trabajar con Dani, porque es un tipo muy amoroso que trabaja mucho desde una vertiente positiva, con muchas ganas de coger y recoger todo. Y a partir de ahí es como dirige y te guía muy bien, pero desde un lugar de abrazar todo lo que le traes. Me ha encantado trabajar con él y hacer esta película.

Echa un vistazo a las mejores películas catalanas de todos los tiempos.

Últimas noticias
    Publicidad