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Anna Alarcón: "'Supernatural' es el proceso de aceptación de una etapa de mi vida y de un dolor"

La actriz es la impulsora y coprotagonista de 'Supernatural', un documental sobre el chamán André Malby que confronta el mundo de la ciencia y el de las creencias

María José Gómez
Escrito por
María José Gómez
Directora, Time Out Barcelona
Anna Alarcón
Foto: Eugènia Güell | Anna Alarcón
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Cuando Anna Alarcón tenía 8 años, está ingresada en el hospital por anorexia, al límite entre la vida y la muerte. Sus padres, desesperados, deciden recurrir a André Malby, un chamán de origen francés bastante conocido en la época, ya que es colaborador habitual de varios programas de radio y televisión, como El mundo por montera, de Fernando Sánchez Dragó. Tres días después, Anna empieza a comer y puede abandonar el hospital. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo, quién o qué la ha curado? Estas preguntas acompañarán a Anna durante toda la vida, hasta que hace unos años decidió enfrentarse a ellas a través de un documental. Al proyecto, que se ha extendido durante cinco años, se sumó Ventura Durall como director, realizador con quien ya había trabajado en L'ofrena. Supernatural es precisamente el viaje personal que Anna hace para llegar a entender quién era Malby y todo lo que representaba. Como contrapeso del mundo mágico del chamán y de sus acólitos, en el documental participa Mathurin, el hijo de Malby, quien defiende firmemente la ciencia y rechaza cualquier tipo de experiencia o poder fuera de la realidad empírica. Este juego de tensiones entre espiritualidad y ciencia es el motor de esta película que, de alguna manera, también invita al espectador a poner sus creencias en duda.

Hablamos con Anna sobre Supernatural, el que considera el proyecto más personal que ha hecho nunca.

'Supernatural'
Nanouk Films'Supernatural'

¿De dónde surgió la necesidad de hacer este documental? ¿Por qué decidiste que este era el momento de hacer esto?

Anna Alarcón: Mi hermano compró las cuevas donde André Malby pasó sus últimos años de vida. En el momento en que mi hermano, con su mujer y sus hijos, está viviendo allí, pensamos hacer un documental sobre André. Porque en las cuevas había mucha gente que lo había seguido. La familia de mi hermano compró una cámara y hacíamos una cosa muy amateur. Entonces, le dije: "Artur, ¡no vamos a hacer nada con esto!". Yo había hecho L'ofrena con Ventura [Ventura Durall] y mientras estábamos en un viaje a Valladolid en tren, en la promoción de L'ofrena, le dije: "Tengo esta idea con mi hermano de este documental". Y le expliqué un poco también mi historia en relación a André y le pasé –porque justamente en aquella época estuve escribiendo un relato que se llama Cuando tenía 8 años naufragué– que es lo que yo recordaba de mi pasado. Ventura se leyó el relato, más lo que yo le expliqué y días después me dijo: "Yo creo que aquí hay un documental, pero que el hilo conductor creo que tienes que ser tú". No es sobre André, sino que es a raíz de ti.

¿Y sobre Mathurin? ¿Os costó convencerlo?

Una vez ya habíamos empezado el documental, Mathu, el hijo de André, fue a las cuevas a ver a mi hermano, quien le explicó que estaban haciendo un documental sobre su padre. Él, claro, nos tenía que dar el ok. Entonces, mi hermano nos dijo: "Yo creo que Mathu debería estar en este documental". Ventura se lo propuso por Zoom, porque él vivía en Estados Unidos –ahora ha venido a vivir aquí, después de acabar el documental–, y le costó mucho. Estaba súper reticente, cerrado: "No, no, no, no". Y finalmente dijo que sí.

¿Cuál era tu relación o la de tu familia con Malby? ¿Cómo llegaron tus padres a él?

Anna Alarcón: Yo tengo anorexia a los 8 años, me ingresan en un hospital y me ponen un psiquiatra de estos del mismo hospital con el que no me entiendo. Una tarde que tenía sesión con él, todavía recuerdo –tengo pocos recuerdos, pero alguno tengo–, que llegó y tenía el plato de comida allí aún, no había tocado nada. Recuerdo que el tipo se enfadó, se puso muy chungo y me dijo: "Hasta aquí". Y me sacó de malas maneras a la familia, las visitas, el teléfono y la tele. Me hizo un aislamiento. En ese momento, mis padres –yo estaba en una situación muy limítrofe, de vida o muerte ya– estaban muy desesperados. Dentro de su grupo de amigos estaba Joan Melé, un gran conocedor y un gran transmisor de lo que es la antroposofía y que conocía a André Malby, que había ayudado a un cuñado suyo a sanarse de un cáncer. Entonces, mis padres, que no creían en nada de todo esto, le dijeron: "Escúchanos, Joan, aquello que tú nos habías dicho sobre este chamán, ¿qué pasa?". Y Joan Melé se fue a ver a André Malby.

¿Y qué hizo Malby?

André dijo: "Traedme una foto de ella" y Joan le pidió a mis padres una foto mía. Y aquí se inicia como este doble proceso de sanación. Por un lado, el relato es que él empezó a trabajar con mi fotografía e hizo un trabajo de curación a distancia, y en paralelo, preparó unos polvos hechos de hierbas homeopáticas, que yo me tomaba a escondidas, con una enfermera que me lo daba, que estaba conchabada con un doctor que era íntimo de André. Estoy hablando del año 1989, o sea, estaba en pediatría, no en una planta de trastornos de conducta alimentaria. La anorexia no se conocía y menos con una niña de 8 o 9 años. Es decir, era inviable. Me dijeron: "Te curarás de aquí a tres días". Dos o tres días, y fue así.

¿Cómo lo definirías, a André Malby?

Era una persona potente, físicamente grande, una persona que tú ya veías que tenía unas capacidades que estaban en otro lugar, que no eran las capacidades que estamos acostumbrados a ver entre los humanos. Él ya vivía fuera de los límites que están establecidos como sociedad. No conducía, porque decía: "Yo no puedo conducir". Su capacidad de percepción –y esto sí que se podía ver con él– era superior a la media. Vivía de esta manera, había cogido un camino de vida. Y tenía una inteligencia superior a la media. Recuerdo la última sesión con él [cuando Anna tenía 26 años]. Estábamos en las cuevas, en una parte que es el comedor, todo cerradísimo. Y vi cómo él movía una planta. Me dijo: "¿Mira esto?" Y yo lo vi, cómo movía la planta. Ahora, lo que me planteo yo en el presente es: ¿él movió la planta o me hizo creer a mí que la movía? Donde pongo yo ahora el foco, y Malby dice en el documental, es que ganaría un Nobel la persona que supiera explicarnos, o que hiciera un estudio real, sobre la sugestión y el placebo. Yo creo que él tenía esta capacidad muy potente de verte, de ver al otro. Había sesiones que él acababa sudando, que acababa enfermo, porque se daba: había una generosidad en él extrema. Pero por otro lado, también tenía esta capacidad de entrar en ti y de hacerte creer cosas que uno igual no se creería.

El documental es sobre Malby, pero sobre todo es sobre la dualidad de estos dos mundos: el de la ciencia, la certeza y el empirismo que representa Mathu y el de tu experiencia, el de la espiritualidad, digámoslo, más alternativa...

A.A: Exacto. Yo realmente he dudado mucho, y también me pasaba que conocía a mucha gente que decía cosas como que podía convertir el agua en whisky y al final hay una parte que haces: "¿Hasta qué punto se está activando nuestra fantasía o nuestras ganas de creer?". Y de alguna manera, a mí esto me llevaba a, soy un poco más escéptica, decir: "Un momento. Calibremos las cosas", ¿no? Es decir, yo me he creído un relato también desde los 9 años de que este hombre era prácticamente un ser mágico. Vamos a colocarlo aquí, ¿no? Ahora, lo que sí te digo: ¿dónde está este aquí? ¿Es este aquí gris que nos hemos creído y cuadrado? No. Según lo que yo creo. Yo al final sí que creo que todo es un juego de percepciones, según el relato que nos hemos construido. Es decir, sobre aquello que nos hemos construido, vemos y percibimos unas cosas y no otras. Que podría ser mucho más amplio, estoy convencida. Ahora, no sé hasta dónde esto puede llegar.

André Malby (Supernatural)
Foto: Nanouk FilmsAndré Malby (Supernatural)


Y Mathurin también hace su propio camino a través de la película.

Sí, y uno de los caminos para mí esenciales de este documental es que, de cara a Mathu, es una reconciliación con su padre, y de cara a mí, es una reconciliación con mi infancia, que al final tiene que ver con un proceso de aceptación que creo que hemos hecho los dos en este proceso de búsqueda. El mío ha sido un viaje menos explícito, más hacia dentro, más de un cuestionamiento interno, y el suyo podríamos decir que es más obvio, en el sentido que se ve: "Es mi padre, busco, pregunto a los familiares". Y el mío es más desde la escucha y desde mirarme hacia dentro y, al final, también desde hacer un proceso de aceptación de una etapa de mi vida y aceptar un dolor que, al final, no es por hablar de mí, porque creo que todos y todas tenemos cosas que trascender.

Supernatural está en la línea de Los domingos, en el sentido de que no lanza certezas, sino que expone dudas, plantea preguntas y que cada uno llegue a sus conclusiones.

A.A: Sí, Ventura lo define muy bien: al final, la peli acaba siendo como un espejo cóncavo donde cada persona, según sus vivencias y el punto en que está, se refleja de una manera o de otra. Yo creo que funciona muy bien también como juego de tensiones. Se encuentran unas tensiones externas entre diferentes puntos de vista –en este caso representadas por Mathu y por mí–, pivotando alrededor de la figura de André. Y también a través de unas tensiones internas, que son las tensiones que siente Mathu y unas tensiones que siento yo. Para el espectador, también es un poco así, vas pivotando porque tampoco tenemos certezas, ni nadie las tiene.

Supernatural se estrena en los cines a partir del 5 de diciembre.

Si te gustan las buenas historias, ¡echa un ojo a los estrenos de cine de este mes!

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