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El artista enigmático de los años 70 que actuó en los filmes de Bigas Luna protagoniza esta exposición del Museu Tàpies

El museo acoge la primera gran retrospectiva de Àngel Jové, que conecta memoria y presente a través de este creador multidisciplinar marcado por la posguerra

Sofia Alonso Wilson
Escrito por
Sofia Alonso Wilson
Redactora
'Àngel Jove. De Intactu', Museu Tàpies I Foto: Pep Herrero
'Àngel Jove. De Intactu', Museu Tàpies I Foto: Pep Herrero
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Si sois fans del cine español de finales del siglo pasado, quizá aún recordéis a aquel personaje misterioso de facciones angulosas que aparecía y desaparecía en las películas de Bigas Luna, como Caniche o Bilbao. Pero, más allá del cine, Àngel Jové también era artista, y esa misma aura enigmática atraviesa su obra, que ahora se presenta por primera vez en una retrospectiva en el Museu Tàpies.

Casi 1.500 piezas —entre pintura, fotografía y escultura— conforman una muestra que quiere ser fiel al legado de Jové, un artista multidisciplinar que exploró distintos lenguajes para adentrarse en las enredaderas del dolor y la condición humana, y que transitó por corrientes como el informalismo, el arte pop, el arte povera y el conceptualismo. La exposición puede visitarse hasta el 27 de septiembre e incluye, en gran parte, obras inéditas.

Àngel Jové. Sense títol (1990). Col·lecció particular, Girona I Museu Tàpies
Àngel Jové. Sense títol (1990). Col·lecció particular, Girona I Museu Tàpies

El dolor del mundo

La necesidad de descifrar (o simplemente mostrar) esta parte espinosa de la condición humana es, en parte, consecuencia de sus raíces: es originario de uno de los territorios más castigados tras la guerra, Lleida, y fue testigo de sus efectos. Por eso, "la memoria y las historias de la calle" están muy presentes en su obra, que se detiene en los más vulnerables, en las personas marcadas por la fragilidad, la pobreza y el dolor.

Según la comisaria, Maria Josep Balsach —historiadora e investigadora, gran conocedora de la obra pero también de su intimidad, ya que fueron pareja durante unos años—, la muestra se articula de manera anacrónica, creando con las obras de Jové una especie de constelaciones interrelacionadas que hacen dialogar presente, pasado y futuro. De este modo, la exposición se convierte también en un recordatorio de la posibilidad de retorno y del peligro de repetir la historia.

Àngel Jové. Metafísica III (1976). Col·lecció Morera. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida.
Àngel Jové. Metafísica III (1976). Col·lecció Morera. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida.

Dos sillas y heridas

La muestra sigue un orden temático y arranca y cierra con una composición rota. La primera instalación es una silla de madera desvencijada, vieja y sin uso. Al final del recorrido aparece otra, también inutilizable, pero con otras marcas y sujetada con piedras, como si estuviera atrapada. A su lado, unos brazos sostienen una cuchara y un plato, recordando el hambre y la necesidad de comer. Junto a ellos, hay tres corazones de vidrio rotos.

Entre silla y silla, la exposición recorre las distintas facetas que atraviesan su obra. Encontramos piezas objetuales y escultóricas, fruto de su fascinación por la arquitectura, que comenzó a estudiar pero que no ejerció profesionalmente. También aparecen series de dibujos con niños que se descomponen, así como Paisajes del no-ser, con imágenes del horizonte que se repiten con ligeras variaciones hasta 500 veces —la repetición era uno de sus mecanismos artísticos más explorados—. Otros momentos destacados son Primera muerte (1969), considerada la primera obra de arte audiovisual en España y de la que fue uno de los creadores, y los últimos paisajes abstractos de la serie Über alles (2021).

"Nada es de uno mismo"

Uno de los cuadros más conocidos, utilizado para la promoción de esta exposición en el Museu Tàpies, es un manifiesto de desidentidad y corresponde a la época de la serie Metafísica (1975). La intencionalidad de esta obra, y de otras que pueblan las salas, podría arraigar en lo que él decía: "nada es de uno mismo". Jové siempre insistió en que, en la creación, él hacía poca cosa.

Àngel Jové. Sense títol. Sèrie Metafísica III (1975). Col·lecció família Bartolozzi I Museu Tàpies
Àngel Jové. Sense títol. Sèrie Metafísica III (1975). Col·lecció família Bartolozzi I Museu Tàpies

Lo que está claro es que en sus creaciones se percibe una cierta evanescencia formal de los materiales y técnicas, que más bien evoca que describe un contenido, dejando un rastro enigmático en todo lo que toca y, al mismo tiempo, una sensación paradójica de vacío y de ser atravesado por algo pesado. Esta es una característica que comparte con artistas como Antoni Llena, Sílvia Gubern, Jordi Galí y Albert Porta —Zush, Evru—, todos ellos vinculados al llamado grupo del Maduixer, y que encaja con su manera de entender el arte y el mundo.

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