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Durante el mes de septiembre se expondrá parte del patrimonio que se ha recuperado en el Museo de Arte de Sabadell
Las ciudades cada vez se parecen más entre ellas, y los paisajes urbanos que estaban teñidos por comercios genuinos y autóctonos están dejando paso a marchas forzadas a unas grandes multinacionales que homogeneizan las calles. En Sabadell, el colectivo Patrimonio Gráfico Sabadell ha optado por intentar que estas estampas no caigan en el olvido, si bien no pueden evitar que una mercería de toda la vida pueda ser sustituida por una cafetería o una tienda donde hacen las uñas. Desde hace un año, se han propuesto salvar los rótulos de tiendas con solera de la ciudad, la mayoría coincidiendo con su cierre. Este mes de septiembre expondrán parte del patrimonio rescatado en el Museo de Arte de la ciudad.
La aventura del colectivo empezó ahora hace justo un año, en septiembre de 2025. En plena Fiesta Mayor de Sabadell, Pol Abran paseaba por el paseo Manresa, y cuando pasaba por delante del Frankfurt Permanyer, conocido en la ciudad como el Frankfurt Guarro, le llamó la atención lo que salía de dentro del local.
"El dueño estaba hablando con el técnico que había cambiado el rótulo antiguo por uno nuevo, y le decía: 'Sí, sí, sí, tíralo'; me paré y le dije que me lo quedaba, y así nació Patrimonio Gráfico Sabadell", explica en una entrevista a la ACN. A Abran, que es diseñador gráfico, se le encendió la bombilla recordando a una asociación que existe en Madrid, Paco Graco, y que lleva más de una década rescatando rótulos de comercios de la capital española.
El colectivo hizo una exposición hace un par de años en la que reunió más de 200 carteles que había salvado de acabar triturados en la basura, y al volver a Cataluña comprobó que no había ninguna asociación que hiciera algo similar en Barcelona. "Siempre había tenido ganas de hacerlo, pero hay limitaciones de espacio, porque necesitas mucho, y tiempo material y herramientas", relata.
Abran destaca, además, la fuerza que tiene llevar a cabo acciones para recuperar un patrimonio colectivo como el que decora el día a día de pueblos y ciudades, y que pueden acabar desapareciendo por falta de sensibilidad o incluso por normativa. En este sentido, recuerda los casos de las bodegas Fermín y Carol, en los barrios de la Barceloneta y del Clot de Barcelona, respectivamente, que se han levantado ante la imposición inicial del Ayuntamiento para que retiraran sus rótulos por antiguos. Finalmente, la Comisión de Urbanismo ha aprobado cambiar la normativa para proteger rótulos, carteles y elementos gráficos de establecimientos históricos, hecho que los salvará de la destrucción y el olvido.
El colectivo se mueve cuando detecta que hay un establecimiento que está a punto de cerrar o que tiene intención de cambiar sus rótulos por unos más modernos. Si el local está abierto es más sencillo: "Vas, hablas con los dueños, les explicas el tema, y normalmente la respuesta es bastante positiva; la parte complicada es cuando los locales están cerrados", explica Abran, que destaca que nunca descuelgan los carteles sin permiso de los propietarios.
"Lo que hacemos en estos casos es un trabajo de investigación, hablar con los vecinos, con la gente de los locales de alrededor para ver si alguien conoce al dueño, y así es como, poco a poco, rascamos hasta que nos dan el permiso y lo rescatamos", añade. Todo lo que recuperan lo trasladan a un almacén de la Escuela Illa, de la cual parte de los integrantes del colectivo fueron estudiantes de diseño.
No obstante, admite que iría bien una ayuda de la administración para poder llevar a cabo su labor con más solvencia. Por ahora, tienen una colaboración con el Museo de Historia de la ciudad, pero ningún otro apoyo.
La tarea de Patrimonio Gráfico Sabadell busca que no se vaya del imaginario colectivo la imagen que los sabadellenses de toda la vida pueden tener de las calles de su ciudad. Sin ir más lejos, la Rambla ha perdido negocios de los de toda la vida, como la panadería Forn Sant Jaume, la tienda Senserrich o los cines Rambla o Cineart, de los cuales no se conservan los carteles o luminosos de neón.
Sí que se conserva el del antiguo cine Euterpe, y de hecho está expuesto al aire libre en el emplazamiento donde antiguamente estaba el patio de butacas, ahora sustituido por una plaza interior a la que, si bien inicialmente debía ser de uso público, por ahora solo se puede acceder si algún vecino abre la puerta. En este contexto, el colectivo destaca la importancia de preservar los carteles.
"Hacemos esta tarea porque las ciudades están cambiando a un ritmo muy rápido, con unos tipos de comercios que lo que hacen es hacer que las ciudades sean todas iguales, multinacionales, cadenas de panaderías... las ciudades se están quedando sin personalidad", relata Judit Carcolse, miembro del colectivo. Pone como ejemplo el reciente cierre de La Bolle, una tienda de bollería y golosinas de barrio al lado de la Escola Pia y que ha visto pasar a generaciones de alumnos, y que ha bajado la persiana por jubilación con el fin del curso escolar.
"La gente nos dice: 'Yo allí iba a buscar el pan', o 'iba con mi abuela', y esto es porque la gente tiene conexiones emocionales con estas gráficas y con estos rótulos que hablan de una manera de ser y de hacer de las ciudades, y esto lo estamos perdiendo", añade Carcolse. Esta, dice, es una de las razones que los motiva a luchar por conservar la cartelería.
El colectivo ha apostado por volver a poner parte de su material ante los ojos de los sabadellenses, a través de una exposición que abrirá sus puertas este próximo 2 de septiembre en el Museo de Arte de la ciudad, coincidiendo con los primeros compases de la Fiesta Mayor. Se enmarca en la muestra 'I de la ferida sentir que un jardí floreix', una retrospectiva con diferentes artistas participantes en algunas de las convocatorias que desde 2012 realiza SBD Obert, una iniciativa de apoyo a la práctica artística en la ciudad.
Uno de estos artistas es Guillem Celada, miembro de Patrimonio Gráfico Sabadell, y que fue escogido por una participación previa en una exposición de 2023 en el mismo equipamiento. Celada en aquel momento no formaba parte del colectivo, pero lo conocía y veía muchos vínculos con sus intereses: "De hecho, yo había salvado algunos rótulos a lo largo de los años que había tenido ocasión de preservar, y fue en ese momento cuando se me ocurrió que la mejor opción era ceder mi espacio de exposición para que este colectivo pudiera mostrar el trabajo que habían hecho los últimos seis meses", relata.
Entre el material escogido, hay dos rótulos de Ràdio Grau, especializada en electrodomésticos y electrónica desde los años 30 y ubicada en la Rambla, pero también el cartel del Frankfurt Permanyer, con el que todo empezó, y el de establecimientos que han bajado la persiana recientemente, como la mercería La Moda, del paseo de la Plaça Major, la tienda de objetos de fiesta Vidal Papers, de la calle Sant Pere, o La Bolle, en la calle Estrella. "Un caso muy concreto fue el rótulo de la Casa Homedes, que teóricamente estaba ya protegido, junto con la fachada de aquel establecimiento", explica Celada.
El edificio, situado en la calle de la Rosa, con 300 años de historia y que operaba como establecimiento desde 1830, se derrumbó parcialmente el pasado 15 de marzo. La fachada quedó totalmente dañada, afectando a parte del cartel, que el colectivo pudo salvar de quedar totalmente desmenuzado durante las tareas de estabilización de lo que quedaba del edificio, y que cedieron al Museo de Historia.
"Cuando cayó este rótulo, debajo apareció un rótulo más antiguo, una capa anterior de historia; se supone que está fechada en el año 1923, y están los dos expuestos aquí en dos niveles para que se puedan entender estas dos capas de gráfica acumulada, es decir, que el patrimonio preservado y catalogado escondía otro patrimonio todavía más antiguo", añade Celada.
La muestra es, en pocas palabras, un viaje al pasado urbano de Sabadell, un paseo que se puede hacer a través de los recuerdos que evocan unos carteles que en el día a día a menudo pasan desapercibidos, pero cuya desaparición, en algunas ocasiones de un día para otro, supone la pérdida de una parte de la cotidianeidad y, de rebote, de la propia identidad de nuestros pueblos y ciudades.
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