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El rollo de canela del que todos hablan

Por
Òscar Broc
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Cuando vio la bomba atómica que había creado, a Franz Oppenheimer le vinieron a la mente unas palabras de Bhagavad Gita: "Me he convertido en el destructor de mundos". El padre del rollo de canela de Cookies Demasié (Princesa, 28) también tuvo la misma revelación cuando vio el artefacto que había fabricado: "Me he convertido en el destructor de dietas". Un genio maldito, sin duda.

El hecho es que no existe ningún humano sobrio o en sus cabales que pase por delante del escaparate de Cookies Demasié en la calle Princesa y no se quede boquiabierto ante la visión: montañas de rolls apetitosos y montañas de variedades. Red Velvet, Nutella, manzana, tiramisú, Oreo... Un Tetris de espirales que gritan tu nombre y te seducen como si fueran gondoleros venecianos. No sirve de nada hacerse el duro o la dura: entrarás y saldrás con una caja de cuatro; es lo que hay.

Si tienes la suerte de que los rolls acaban de salir del horno, arrójate en plancha sobre la bandeja y comprobarás que el sexo está sobrevalorado. Cuando pruebes el rol de canela calentito, recién hecho, irás a Starbucks y exigirás que te devuelvan la pasta que te has gastado todos estos años en sus 'cinnamon rolls' de mierda. Esto va en serio; aquí se reparten orgasmos comestibles.

Con un cuerpo esponjoso cual nube y ríos de azúcar glaseado que caen de la cumbre hasta la base, el rol de canela del Cookies Demasié es pequeño, pero no da tregua. La dosis de canela es la justa para no empalagar, el tamaño del bicho es perfecto y la masa es la clave: una esponja azucarada que se mastica con las papilas vibrando como una peluca en un concierto de black metal. Todos los elementos de este pequeñajo se conjugan para que la víctima se dé un baño de dopamina colosal. Ñam.

¿El número 1? Considero osado llamarlo el mejor rollo de canela de Barcelona, sería una injusticia para el imponente rollo de canela de la pastelería Hoffman (Flassaders, 44): más grande, compacto y contundente; con chapa de azúcar más endurecida y un masa que pierde esponjosidad en favor del crocante. Son dos formas de entender este dulce. Tendré que mirar la foto finish para saber cuál de las dos gana el sprint en mi cerebro...

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