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Fades: "¡Hemos pasado de querer ser bibliotecarias y profesoras de catalán a plantearnos de repente si nos dedicaremos al pop!"

El grupo publica su primer álbum de estudio 'ICONIQUE', mientras se prepara para el directo en el Primavera Sound 2027

Ofèlia Carbonell
Escrito por
Ofèlia Carbonell
Redactora de música
Fades
Foto: Ivan Giménez / Time Out Barcelona | Fades
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Ferran Pi, Vicenç Calafell y Àngel Exojo eran tres estudiantes de filología que decidieron fusionar sus imaginarios musicales para crear Fades: electrónica, hip-hop y k-pop y un uso virtuosísimo del catalán, lleno de ironía y referencias. Después de Amigues i autotune (2023) –una catalanización del bubblegum pop– y de explorar el hiperpop con Metallix (2024), el grupo se convierte rápidamente en uno de los exponentes de la nueva escena queer catalana o lo que la prensa bautizó como “Cuntalunya”, donde también suenan Ouineta, Svetlana, Llum y La Francessa.

La etiqueta, sin embargo, no limita a Fades. En el año 2025 Fades es votado por el público como mejor grupo revelación de los Premis Enderrock y para 2027 ya tiene confirmadas más de 40 fechas a lo largo del territorio. Entre ellas, su debut en el festival Primavera Sound 2027. Este ascenso también ha estado marcado en paralelo por los titulares, empezando por las amenazas de una concejala de Vox en el año 2023 hasta las agresiones sufridas este verano durante un concierto en el Maresme.

Después de años de autoproducirse, este 30 de octubre Fades publica Iconique (Montebello), una “biblia del pop” de imaginación frenética, que empieza con toda una declaración de intenciones: “tu posa’m un beat, que amb un segon et faig un hit”. Lo que sigue son doce temas de alta intensidad que desfilan por todos los rincones de la historia del pop y sus escenas: hay funk, disco, pop de los dos mil, hiperpop, electrónica, baladas y hip-hop, todo pasado por su lenguaje irónico y perfeccionista. Nos reunimos con el grupo en el Museu Nacional d’Art de Catalunya para hablar de arte y disonancias, fiesta, reivindicación y escena:

Iconique es vuestro primer álbum de estudio, pero ya lleváis cuatro años girando por el panorama catalán. ¿Qué ha representado?

Ferran Pi: Primero de todo, mucha presión. Era un disco que ya hacía mucho tiempo que pensábamos como nuestra primera gran obra, entre muchas comillas. Nos hemos volcado con el 100% del tiempo y de la energía. Hemos invertido toda la pasta, la del grupo y la propia, y nos hemos quedado a cero. Por lo tanto, sí, había presión, pero hemos tenido unos recursos que no teníamos en los otros trabajos.

Vicenç Calafell: Dicen que para poder crear tienes que vivir cosas, y han sido cuatro años en los que hemos vivido mucho, y en este disco lo hemos podido sacar todo.

¿Iconique es una celebración de la música?

F.P.: Teníamos muy claro el imaginario de Iconique como un gran espectáculo. Cuando empezamos a trabajar las canciones, vimos que, si teníamos que hablar de nuestra experiencia, los últimos cuatro años eran la experiencia de la industria y de la noche. La música y el espectáculo. El disco habla precisamente de eso.

¡Hemos pasado de querer ser bibliotecarias y profesoras de catalán a plantearnos de repente si nos dedicaremos al pop! (ríe) Es un álbum muy polifónico: somos tres personas hablando de 40.000 cosas a la vez. En el disco suenan armonías que también son superdisonantes, sobreestimulantes. Ha participado muchísima gente, y por eso en la portada salen 50 personas.

Fades
Foto: Ivan GiménezFades

Hoy estamos en el MNAC, el lugar que habéis elegido para la entrevista. Antes me comentabais que ya habíais actuado aquí. ¿Qué os atrae de este espacio?

Àngel Exojo: Es grandioso y es exagerado. También puede ser un lugar muy académico y de pronto entramos nosotros. A nivel narrativo tiene mucho sentido que Fades haga un álbum con instrumentos orgánicos y que de repente estemos en un museo haciendo un photoshoot, vestidas como tres drag queens.

Cuando trabajábamos el concepto, Iconique se inspiraba mucho en el arte. A nivel fotográfico hemos buscado a Ramon Casas o Rusiñol, estas mujeres modernistas completamente montadas. Espectáculo.

Hablando de mundos que se encuentran, ¿por qué habéis querido trabajar con instrumentos acústicos?

F.P.: Con Metallix ya experimentamos con diez géneros diferentes, haciendo uniones imposibles. Aquí hemos hecho un poco lo mismo, pero con la premisa de unir dos mundos: la organicidad llevada al extremo, en la que incluso hay instrumentos desafinados, nada entonados ni procesados, y, al mismo tiempo, nuestras voces hiperprocesadas y las bases. Queríamos que este mundo que parece contradictorio formara un solo cuerpo.

V.C.: Aina Mateu, además de poner las violas y los coros, también ha orquestado y trabajado con nosotros las armonías. Un beso para ella. Quizá teníamos ganas de jugar por esa cosa de que nos digan que no somos músicos porque no venimos de la academia o porque trabajamos con autotune. Pues ahora os cogemos los instrumentos y os los desafinamos y los distorsionamos y queda genial, hala.

Más allá de nuestros cuerpos, o de cómo decidamos vestirnos o presentarnos al mundo, tenemos un mensaje político muy claro

Iconique también sale después de un verano en el que sufrís agresiones homófobas sobre el escenario. ¿La fiesta también es una respuesta?

A.E.: Sí, pero porque viene de nosotros, que somos personas superconnotadas. Más allá de nuestros cuerpos, o de cómo decidamos vestirnos o presentarnos al mundo, tenemos un mensaje político muy claro. Hacer música en catalán también es una declaración de intenciones. Cuando te ponen un micrófono delante simplemente se te ve más, pero mi día a día también es un espacio de reivindicación.

F.P.: A mí quizá sí que me sabe mal que haya tanto revuelo alrededor de las agresiones sobre un escenario. Creo que es necesario, obviamente, porque es un espacio de trabajo y a la vez un espacio muy frágil donde te estás exponiendo. Pero no es más peligroso para nosotros subirnos a un escenario: las agresiones las vivimos a diario. En el disco puede parecer que haya algún comentario hecho pensando en estas situaciones, por ejemplo, cuando en La marxa del pop Roc dice “i si tires glaçons, et clavarem el tacó”, pero son cosas que ya se habían hecho antes. Antes de las agresiones, la violencia ya existía; lo que ha habido es un foco mediático a su alrededor. Ahora bien, ninguna intención nuestra se acerca a querer capitalizarlo. Como dijiste el otro día, Vicenç: Fades no se puede definir a partir de la identidad de víctima.

A.E.: Creo que este es el punto que también nos impresionó mucho: fuimos la cara visible de todo un movimiento. Eso nos encanta y es muy importante para nosotros, pero saber que somos la cara también significa que somos la diana, y que en cualquier momento nos podía pasar cualquier cosa. Hemos recibido amenazas de muerte. Aquí se abre todo un debate: ¿realmente me va tanto la vida en esto? Hemos llegado a la conclusión de que sí, un poquito.

Fades
Foto: Ivan GiménezFades

En medio del disco está La marxa del pop con Svetlana y Ouineta. ¿Habéis creado escena?

V.C.: Bueno, todo este momento de “cuntalunya” y el pop queer… Nosotros, como artistas, nunca lo comentamos, y aun así sentíamos cercanas a estas artistas. Quien acuñó todo esto fue la prensa, y me parece muy bien, porque categorizar las cosas también ayuda a visibilizarlas.

Lo que sí que depende de los artistas es la música, y las colaboraciones ayudan mucho. Hacer una colaboración, en cierto modo, es reconocerte entre tú y el otro artista. En este sentido, hoy quizás sí que hay una escena.

F.P.: Pero también es el contexto social y político del momento lo que permite hablar de escena, y eso se escapa mucho del artista. Para que se forme una, tiene que haber otra que baje un poco. Es espacio, un juego de sistemas culturales entre el centro y la periferia. Y, mira, durante un instante la escena queer ocupó una posición más central que periférica, y fue como un milagro, ¿no?

A.E.: A mí me gusta que nos engloben con otros artistas. Como país y como cultura creo que es muy sano, porque te das cuenta de que la cultura catalana es una amalgama de las ideas de mucha gente: de repente una persona con un sueldo más o menos estable hace un disco de folk rarísimo, y eso también es cultura catalana. O que el público vea en nosotros y otros artistas algo en común más allá del hecho de ser queer: factores visuales, escénicos e incluso musicales. Y esta es la diferencia con otras escenas, como la madrileña o incluso el pop mainstream catalán. Hay un conjunto de gente que es muy fan de Svetlana, Fades y Ouineta y va a todos los conciertos. El público también hace la escena.

Durante un instante la escena queer ocupó una posición más central y fue como un milagro

¿Cómo habéis elegido las colaboraciones?

V.C.: Pep Velasco, Triquell, Júlia Colom, Svetlana y Ouineta son todos amigos con quienes cenaríamos. Nos planteamos: “¿A quién quiero ver en mi escenario?”. Hacer una colaboración con Fades significa adaptarte siempre a un humor exagerado y venir a pasártelo bien.

Creo que es difícil colaborar con nosotros, porque somos exigentes en cierto sentido, y entiendo que haya mucha gente a la que le cueste imaginar algo conjunto. Pero lo que sí me parece guay es que todo el que ha venido a hacer una colaboración se lo ha pasado bien. La premisa es que hay gente que es libre, y punto.

El álbum es fiesta, música, pero también habla de amor. ¿Forma parte del mismo mundo para vosotros?

V.C.: Cuando Àngel le habla al saxo, suena de modo que está ligando con él. El tú romántico es una personificación de la música.

F.P.: Hay momentos en los que ves que te enamoras o te desenamoras de la música. En el disco, Criminal disco habla de sexo con un DJ, una forma de decir que estás teniendo una experiencia de placer escuchando música durante un DJ set. Pero también está esa cosa de proyectarte hacia el futuro: ver que quizás te vas a dedicar a la música, pero que es un futuro superincierto. Quizás hay un cambio de gobierno, recortan ciertas subvenciones y se acaba todo porque ningún ayuntamiento te contrata. Por tanto, en cierta manera sí, una relación con la música puede ser como una relación romántica.

Fades
Foto: Ivan GiménezFades

Después de este año de conciertos y de trabajar en el álbum, ¿qué os queda por explorar?

F.P.: En este álbum hemos variado y experimentado mucho con las cadencias de los versos en las letras. Por ejemplo, M'agrada (I like it) tiene una cadencia muy peculiar, incluso a nivel fonético. Fue la última canción que hicimos, y creo que me ha dejado con ganas de seguir por este camino.

V.C.: Nosotras somos horrorosas, porque en cuanto sacamos un trabajo ya estamos teniendo conversaciones sobre el próximo. De hecho, ya estamos iniciando las conversaciones del siguiente, que llegará dentro de mucho tiempo. Somos obsesivas. Nos retroalimentamos.

Pero antes llega el directo en el Primavera Sound 2027.

A.E.: La preparación del Primavera Sound la haremos con mucho cariño. Del mismo modo que hemos dedicado mucho tiempo a Iconique, el álbum, también hemos dedicado mucho a pensar bien Iconique, el directo, para que cuando lo presentemos no sintamos vergüenza. Somos personas que, aunque no lo parezca, sentimos vergüenza fácilmente. Tenemos que sentir orgullo.

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Este artículo se ha publicado el 29 de octubre de 2026 a las 17.14 h

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