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Una dona de la teva edat, la cuarta novela de la escritora y periodista catalana, tiene como protagonista a una mujer de 60 años que decide romper con las convenciones

Con Una dona de la teva edat (Proa), Gemma Ruiz Palà se sumerge de lleno en la vida de una mujer de 60 años que atraviesa la menopausia, tiene a sus hijos lejos y un marido patoso. Para emprender este viaje se acompaña de Kate, una escenógrafa estadounidense que viaja a la Bienal de Venecia para exponer por primera vez fuera de EE. UU. su obra escultórica. Es la cuarta novela de Ruiz, que con la anterior, Les nostres mares, ganó el premio Sant Jordi 2022.
Tu Kate dice muchas palabrotas...
Imaginé a una de esas estadounidenses que siempre tienen el fuck y el holy shit en la boca, y cosas peores. “Hostia santa”, dice Kate. Creo que es muy de las series. Ves series y dicen muchas palabrotas. Yo también digo muchas. Quizás es herencia de mi abuelo, que me decía: “Hostia, dices muchas”. No lo puedo evitar.
¿Kate y Rob, la pareja protagonista, son un arquetipo?
Un poco. Quería representar esa relación de poder que tanto se ha glorificado en las pantallas: ese gran hombre, ese intelectual, y su mujer que también hace algunas-cosas-de-artista. Minimizar la función artística de la mujer cuando ambos lo son.
¿Para qué te ha servido este arquetipo?
Me ha servido para plantear las relaciones intergeneracionales que hemos dado por legítimas y las que se han criminalizado, porque ella es la mayor y él el joven. Aceptamos sin cuestionar que mujeres muy jóvenes se interesen por hombres mucho mayores. Incluso cuando es el argumento de una película, ni siquiera la edad es un tema. En cambio, al revés es completamente distinto.
Aceptamos sin cuestionar que mujeres muy jóvenes se interesen por hombres mucho mayores
Cuestionas el papel de la mujer en la familia, las relaciones... ¿Querías hacer un retrato generacional?
A la hora de tener el impulso para escribir este libro pensaba: dentro de diez años, cuando busque referentes, encontraré tan pocos. Mientras escribía la novela, fueron apareciendo: Babygirl, La sustancia, Casa en llamas... En cada agradecimiento de todos los premios que recibía, Emma Vilarasau hablaba del corazón de esta novela. “No estoy tan sola”, pensaba. Pero no hay tantos referentes. Con A cuatro patas, de Miranda July, dije: ¡No me lo puedo creer! Quería mostrar a una mujer que afronta la segunda parte de la vida, con la menopausia, sin complejos, llena de vitalidad. Pero también está eso de darte cuenta del camino recorrido y de todo lo que te has tragado.
En Argelagues reivindicabas a tus abuelas; en Ca la Wenling, a las mujeres inmigradas; en Les nostres mares, a tu madre. Ahora, a tus hermanas mayores. ¿Dónde estás tú en todo esto?
Estoy entrando en el mundo de la menopausia. Miro a las hermanas mayores y veo que esta conversación es un tabú, que está en la oscuridad. Si no abrimos la conversación pública, todo esto va en nuestra contra. Este oscurantismo nos resta y nos debilita. Quiero contribuir a esa conversación pública que entre todas estamos abriendo: nos beneficia llamar a las cosas por su nombre.
¿Y de ti, qué hay de ti?
No lo sé. He querido hacer de este personaje una prota de Hollywood, la he hecho totalmente de película. Claro, yo estoy entrando en la menopausia. Empiezo a vivir la experiencia de los sofocos. Pero me gusta que haya algo colectivo en lo que escribo. Todavía no he hecho ningún libro en el que me haya puesto como protagonista. Seguramente, muchas de las cosas que les han pasado a mis protagonistas yo las he intuido o casi las he vivido, pero nunca me he puesto en primer plano porque me interesa mucho más las preocupaciones colectivas.
Nunca me he puesto en primer plano porque me interesa mucho más las preocupaciones colectivas.
¿Siempre pones el estilo de tu escritura al servicio de la historia?
Un poco, sí. En Argelagues tenía claro que el tipo de lengua y narradora debía ser popular y con un ritmo muy contemporáneo. Luego, las demás se han ido adaptando. Aquí tenía muy claro que el relato debía ser en primera persona, algo que me ha costado porque no tienes las armas de la narradora que lo sabe todo. Solo tienes una cabecita que piensa y que observa.
Una dona de la teva edat transcurre en Venecia y se habla mucho de gentrificación. ¿No estás gentrificando tú también? ¿No has tenido dudas?
Totalmente. Me encuentro en una contradicción brutal, sangrante, que es que este libro dé ganas de ir a Venecia, cuando conozco a toda la gente de los movimientos antiturísticos y sé cómo está el panorama. Si vais, al menos no lo hagáis en un Airbnb, porque eso es letal para subir los alquileres y dejar sin vivienda a la gente de Venecia... Quería que Una dona de la teva edat fuera un escaparate de todas las contradicciones del mundo y de las propias, y el tema de ser turista en casa ajena y criticar la turistificación en la nuestra es claramente una contradicción que os ofrezco con el corazón abierto.
Quería que Una dona de la teva edat fuera un escaparate de todas las contradicciones del mundo y de las propias
¿Ha sido más fácil con una protagonista estadounidense?
Siempre la imaginé estadounidense. Con la obsesión de hacer la peli de Hollywood que no encuentro. Si hubiera sido barcelonesa, seguramente habría compartido más las penas de los venecianos.
Kate tiene raíces italianas.
Quería que esa contención anglosajona, tan neoyorquina, estallara en suelo europeo e italiano.
Haces un homenaje muy divertido a Anna Pérez Pagès, periodista cultural fallecida en marzo de 2024. ¿Cómo surgió la idea?
Vino después de su funeral. Estaba escribiendo esa parte y tenía por ahí a una periodista que hacía la pregunta al comisario de la Bienal de Venecia: '¿Dónde están las artistas mayores de 50 años?' Pero esa periodista no tenía nombre, ni cuerpo, ni corazón. Al día siguiente del funeral me dije: 'Pues se llamará Anna Pieri Paese'. Solo de pensar en Anna encontrándose con mi ocurrencia, que se habría meado de risa... Con Anna compartíamos libros y pensé que en este debía estar.
Esta novela es, además, muy teatral, y tú trabajaste mucho tiempo como cronista teatral. ¿De qué manera te ha influido esa labor?
Totalmente. Creo que todos los maestros y maestras del teatro mundial que he tenido la suerte de ver cada noche me han influido a la hora de pensar las escenas. Las pienso con imágenes y textura. Cuando entro en una escena, quizá de manera algo brusca, es porque me la he imaginado con escenografía, escenario, espacio, color y textura. Y eso es gracias a tantas noches de teatro.
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