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Es una de las grandes cómicas del país, pero nunca había protagonizado una película hasta ahora; en 'Pizza Movies' forma pareja con Berto Romero a las órdenes de Carlo Padial

Decía Steve Martin que la mejor comedia no se planifica. Posiblemente sea una verdad a medias, pero del terreno de la improvisación, de reaccionar a las energías que sobrevuelan en la audiencia, de eso sabe mucho Judit Martín. “Me gusta este vértigo, es lo que me da vidilla”, nos confiesa cuando le preguntamos si la anarquía es el arma cómica que mejor la define: “¡Ojalá!”, afirma. Los mil y un personajes que le hemos visto hacer en Està passant y en Polònia de 3Cat, o que le hemos escuchado en el programa de Toni Clapés Versió RAC1 (con la irresistible Vane al frente), demuestran que nuestra entrevistada se encuentra muy a gusto surfeando la ola de lo imprevisto. Tantos años haciendo impro en un escenario –continúa vinculada a la compañía Impro Barcelona y, de vez en cuando, aparece sobre el escenario del Espai Texas–, o haciendo de payasa para un público tan exigente y también tan agradecido como los niños enfermos ingresados en hospitales infantiles, dejan huella.
En todo caso, si hoy charlamos con Judit Martín es porque ha dado el salto al cine, y aquí no hay improvisaciones que valgan. Si acaso, si el director confía en ello, hay margen para la composición libre de un personaje. Así ha pasado con Pizza Movies, la película que protagoniza junto a Berto Romero y bajo las órdenes de Carlo Padial. Una comedia romántica que no se parece a ninguna otra comedia romántica, y que nace de un running gag casero: la pareja de Padial, Desirée de Fez –periodista cultural, crítica de cine, programadora y escritora... acaba de publicar su primera novela, No la dejes sola–, le dice a menudo que dejará una profesión precarizada para abrir una pizzería. Y este es el punto de partida de Pizza Movies.
Querida compañera de peripecias e oficio de quien escribe estas líneas, De Fez es la coguionista (con Carlos de Diego y el propio Padial) de este homenaje a comedias estadounidenses de los años 70 y 80. La película estira la premisa y nos plantea la delirante hipótesis de una pizzería temática que ofrece platos inspirados en clásicos del cine, y que cuenta con un equipo de repartidores que también han dejado de lado el periodismo y la escritura para buscarse la vida en otra parte. Judit Martín y Berto Romero forman una irresistible pareja, acompañada en pequeños papeles por Joaquín Reyes, Raúl Arévalo, Melina Matthews y unos divertidísimos Bruna Cusí y Miguel Noguera. De Pizza Movies, y también de una profesión tan noble como es hacer reír, hablamos con Judit.
¿Hay algo mejor que hacer reír cuando quieres hacer reír?
¡Si lo consigues, es la bomba, sí! Pero ¿sabes qué pasa? Yo he hecho muy poca cosa de ficción audiovisual, así que diré un tópico, pero que es muy cierto: en un rodaje calibras muy poco si estás consiguiendo hacer reír o no. Es algo raro para mí, porque estoy muy acostumbrada a actuar ante espectadores y enseguida sabes si algo funciona o no. Esto me pasa sobre un escenario, en la tele porque hay público en el plató, o haciendo radio porque tienes a los compañeros reaccionando. Lo sabes. Pero, claro, en un rodaje tienes que fiarte del director.
La cosa cambia mucho...
El termómetro es muy extraño. Cuando vi la peli por primera vez, oír las risas de la gente me tranquilizó. En el teatro es inmediato, y tienes que estar recalculando constantemente, porque quizá algo que haces suena maravilloso en tu cabeza, pero luego lo haces y cae como una piedra en un pozo. Entonces, en cero coma tienes que darle la vuelta, tienes que remontarlo. Y eso también es muy estimulante... no sé, a mi me divierte.
¿Cómo definirías Pizza Movies? Porque es una comedia muy particular...
Sí, a mi me parece muy ligera, muy sencilla, pero a la vez es muy de autor. Creo que la cosa va un poco por ahí. También es una película que pasa por diferentes tipologías de comedia. Hay momentos muy absurdos, los hay de lo que llaman slapstick. Los hay realmente surrealistas, con el juicio final, pero también hay muchos momentos de comedia costumbrista, muy cotidiana, sobre cosas del día a día de cualquier persona. Y, de repente, personajes muy pasados de rosca. Todo se mezcla, y la magia es haber conseguido un mismo tono pasando por tantos colores de la comedia.
En este sentido, os habéis reunido tres trabajadores del humor con filtros y tonos muy singulares... ¿Cómo te has entendido con Carlo Padial y con Berto Romero, y cómo los definirías?
Yo conocía mucho el trabajo tan particular de Carlo, conectaba mucho con aquellos primeros vídeos en YouTube, con el Go, Ibiza, go!, con Venga Monjas... Podía intuir por dónde irían los tiros. Por otro lado, a Berto también lo sigo desde hace muchos años, y tengo que decirte que para mí fue una sorpresa, porque pensaba que quizá estaba más acostumbrado a trabajar y a solucionarlo todo solo. Sé que estas cosas se dicen mucho en los rodajes, pero es que nos entendimos superbien, en el sentido de que teníamos mucha escucha y que él estaba muy por mí. Por la manera que tengo de trabajar en el teatro de impro, tienes que estar totalmente abierta, escuchando, y trabajando mucho por el compañero. Tiene que ser un ping-pong, yo te doy y tú me das –y ya sé que suena muy Mr. Wonderful. Berto estuvo increíble; ya sabemos que es buenísimo, pero que también sea tan buen compañero, pues es la bomba.
Veo que fluyó muy bien la cosa...
Sí. Después Carlo tampoco daba tantas indicaciones. Él tiene un universo propio y tú ya te acercarás [ríe]. A mí me molesta cuando me dan demasiadas directrices, o cuando la persona tiene demasiado claro lo que quiere y te lo acota mucho. A mí eso me agobia. Carlo daba muy pocas indicaciones, pero las justas. Yo creo que viene de su recorrido de tantos años, trabajando con tanta gente diferente y en tantos campos... porque él ha trabajado en publicidad, pero también ha hecho cosas más crípticas y herméticas, más artísticas y de autor, así que sabe muy bien qué es comercial y qué es el universo personal. En pocas palabras, diría que Carlo Padial es un hipnotizador del humor. Me di cuenta cuando salí de la burbuja de la hipnosis. En rodaje, él iba con su libretita, se me acercaba y, con ese tono de voz que tiene, me decía: “Ahora entras en la habitación, y dices esto con tus propias palabras”, y tal y cual. Te da unos cuantos inputs. Y luego iba hacia Berto y hacía lo mismo. ¡Y acción! Y tú entras como en un estado de hipnosis. Me llega a decir que tengo que hacer de gallina, y lo habría hecho.
En Estados Unidos es muy habitual que cómicos que han hecho carrera en los escenarios o en programas de televisión den el salto al cine. Aquí quizá no pasa tanto. ¿Te sorprendió la apuesta por alguien de tu perfil, aun siendo una cómica muy aplaudida y considerada?
Carlo y Desi querían contar con dos buenos cómicos y construir una comedia a su servicio. A mí me sorprendió mucho la propuesta, y, teniendo en cuenta que hay tantas que no llegan a buen puerto, me parece una fantasía máxima que al final haya acabado pasando. De entrada me sentía insegura, porque tenía que entrar en un tono que no es mi habitual: yo estoy acostumbrada a hacer cosas muy de brocha gorda, de hacer personajes muy desgarrados, histriónicos. Y a hacer teatro de impro, o mucha impro en la radio. Y en Pizza Movies el tono era más bajo, mucho más naturalista. Tenía que entrar en otras dinámicas y, como decía Carlo, tenía que encontrar la música con Berto. Y yo no sabía si nos entenderíamos. También me impresionaba mucho trabajar con ellos, porque los admiro a ambos desde hace años. Tenía que rebajar la admiración y llevarla a un lugar más tranquilo para poder trabajar de tú a tú, porque si no...
Tenía que rebajar la admiración y llevarla a un lugar más tranquilo para poder trabajar de tú a tú
¿Te sentías una intrusa?
Sí, sí, totalmente. Es que jamás me habría pensado que haría un protagonista en una peli. Como secundaria sí, que además es algo que me gusta, porque vas al rodaje tres o cuatro días, haces el personaje y te vas, y es muy divertido.
Como en la serie Yo siempre a veces...
Exacto. He hecho muy poca cosa en ficción, es verdad, pero siempre he pensado que hacer secundarios es un muy buen plan de supervivencia, y me gusta. Hacer de protagonista es una responsabilidad muy grande, es un peso enormísimo. Y al principio sí que lo viví con mucha presión, sin tener claro si sería capaz de hacer lo que esperaban que hiciera, que, acostumbrada a otros colores de la comedia, para mí era como no hacer nada...
¿Eres consciente del lugar que ocupas dentro del mundo de la comedia?
Es que... ¡no lo sé! Yo pensaba que me había colocado en un lugar muy mainstream, y seguramente lo estoy. Pero yo tengo el gusanillo de que vengo... no te diré del underground, pero sí de hacer proyectos muy personales. Entonces, me doy cuenta –y eso me hace mucha ilusión y me alegra muchísimo– de que puedo encajar en universos como el de Carlo Padial. O como en el de Marc Ferrer, que me llamó hace poco para salir en Cinemanía, una de sus pelis. O en el de Carles Congost, que es un artista audiovisual que siempre me ha chiflado y que también me contactó... Que esta gente me llame me hace pensar que algo estoy haciendo bien. Lo digo en el sentido de que pensaba que ya estaba perdida, vendida al sistema, formando parte de un circuito más comercial, y que nunca más interesaría a gente más alternativa, más conectada al lugar de donde he salido y que realmente me interesa.
Dentro de la comedia, ¿dirías que la anarquía te define bien?
Sí... ¡ojalá! Es el vértigo lo que me gusta. Lo que no soporto, por ejemplo, es entrar en cosas muy académicas, en decir textos tal cual, porque a mi el teatro me aburre muchísimo. El 99% de cosas que se hacen en teatro no me interesan, ni verlas ni hacerlas. Realmente, lo poco que he hecho en teatro es porque me atraía mucho la movida de la gente que me lo propuso. Pero eso de repetir cada día lo mismo... ¡uf! Yo necesito vidilla.
Haciendo un poco de documentación he encontrado un titular sobre ti: “La actriz que enamora a Rosalía y a Pedro Almodóvar”.
[Ríe] ¿Dónde ha salido eso?
En un artículo en la web de RTVE. Cuéntanos un poco. Has hecho reír a Rosalía...
Yo formaba parte de Del fandom al troleig, un texto de Berta Prieto que hacíamos en la Sala Beckett. Y Rosalía vino al teatro a vernos, le encantó y nos lo hizo saber. Este fue un momento épico de mi vida [ríe]. Lo cierto es que, cuando me dijeron que estaba entre el público, me puse más nerviosa de lo que pensaba. Porque en todo esto había mucho secretismo, y de repente... ¡Rosalía! De entrada pensé que era mentira, que era una bola como una catedral. Esto es muy típico en el teatro, y yo soy la primera en soltar coñas del rollo que ha venido no sé quién, gente random. Cuando vi que iba en serio... no tuve ni el valor de mirarla en los saludos finales, me puse muy nerviosa.
Cuando me dijeron que Rosalía estaba entre el público, me puse más nerviosa de lo que pensaba
Y Almodóvar preguntó por ti...
Sí, fue el año pasado, en la ceremonia de los Premios Feroz. Me pidieron si podía interpretar a Tilda Swinton para entregar un premio. Y la imité, en inglés y haciendo la traducción simultánea de mí misma. Eso partía de un gag que improvisé en Està passant. Y también me puse muy nerviosa, con toda la peña que había allí. De repente tomas conciencia: una transmisión en directo, tanta gente mirándolo desde casa, y allí delante tienes sentado a Pedro Almodóvar. Y no solo él, todo el cine español mirándote. Entré en pánico... pero lo hice y me fui corriendo. Pasó muchísimo rato hasta que me pude desmaquillar, y cuando salí tenía el móvil a reventar de gente que me contaba que Almodóvar había preguntado por mí en la transmisión en directo. Imagínate... Pero no hablamos hasta hace poquito, me lo presentaron y charlamos unos minutos. Fue muy amable.
Qué bonito sería ser chica Almodóvar, ¿no?
Buah, me haría una ilusión que te cagas. Me haría muchísima, sobre todo porque los personajes secundarios de sus pelis son los mejores del mundo. Loles León, Chus Lampreave... La tendera que tiene solo una frase, pero que es la frase que se queda escrita en el cielo. Creo que Pedro Almodóvar tiene un don excepcional para crear perlas para los personajes secundarios.
Almodóvar tiene un don excepcional para crear perlas para los personajes secundarios
Cuando uno se dedica a la comedia, el hecho de que Abogados Cristianos te denuncie por un gag... ¿es una putada o es una medalla?
No, no, para mi fue una putada. No me hizo ninguna ilusión. No soy alguien que busque polémicas, no es para nada mi estilo. A mi me tocó por sorteo hacer de la Virgen del Rocío en Està passant, y tuve cinco minutos para preparármelo. La religión no es un tema que a mi me toque personalmente como para ir a buscar bronca. Así que fue una putada. Ir buscando polémicas no es mi camino ni mi libro de estilo. Ahora, a toro pasado y con la distancia, me hace gracia, pero en aquel momento no me la hizo.
Acabo preguntándote por un trabajo que hiciste y me parece precioso: ir a actuar a los hospitales ante niños enfermos formando parte de Pallapupas.
Fue un reto personal. Lo hice en un momento en el que necesitaba adquirir experiencia, y yo sabía que en Pallapupas podía conseguirla. También quería ver si era capaz de conectar con los niños, porque no eran mi fuerte. Y también era una manera de ganarme la vida, aunque son sueldos modestos, porque los Pallapupas son payasos profesionales. Entonces para mi significaba un puesto de trabajo más o menos estable que me daría mucho training, era perfecto. Ahora bien, realmente es una profesión muy dura. Años de aprender el oficio y cómo gestionar todo lo que te está pasando: a nivel emocional, pero también a nivel de humor. Porque constantemente, cada día, te encuentras con situaciones muy complicadas, y tienes que encontrar soluciones como cómica, como clown. Y eso te da unas herramientas impresionantes. Probablemente sea el trabajo que más herramientas me ha dado en cuanto a comedia.
La conexión también debe de ser muy especial...
Sí, sí, y muy dura. También te digo que llegó un punto en el cual dije: “¡Ya no puedo más!”. Porque sí que va dejando mucho poso, y llega un momento que dices... hasta aquí.
¿Has llegado al cine para quedarte?
Al cine, a las series, a la ficción... ¡no lo sé! A mi me gusta trabajar como he trabajado con Carlo o como he trabajado con Marc Ferrer. Y son formas muy diferentes a cómo se trabaja normalmente en el audiovisual. Evidentemente, lo haré si recibo una propuesta chula o si necesito la pasta, pero a mi lo que me fascina es la manera de trabajar que tienen ellos, que es mucho más punky. Mientras sean propuestas interpretativas frescas y muy creativas... ¡adelante!
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