Mientras nos distraemos con grandes campañas de marketing digital, hay artistas que siguen entendiendo la música como un proceso sobre todo orgánico. Como Júlia Colom, que ha trabajado en su segundo disco en silencio, alejada del ruido mediático, y de ahí que el resultado, Paradís, nos sorprenda, tan bien acabado, con un equilibrio tan natural entre su esencia mallorquina y una estética entre pop y electrónica que la conecta con el mundo actual.
Las dos colaboraciones destacadas que hay en el disco lo resumen a la perfección: la de Valldemossa transita entre la profundidad de las voces de Tarta Relena y el contrapunto pop y juguetón que propone Ouineta; mientras que las raíces familiares, de la tradición oral, las aporta el laúd de su abuelo, interpretado por Martín Leiton. Todo ello con una intuición melódica y un gusto por la palabra justa que hacen de Colom una de las artistas más singulares de la escena actual.
Moviéndose a través de referencias que van desde la canción popular al k-pop, pasando por Maria del Mar Bonet –de quien se demuestra una gran heredera–, Colom ha sumado once piezas a su repertorio, impresionistas, oníricas, mediterráneas, que hablan de islas, de búsquedas y de incertidumbres, con espacio para explorar sentimientos complejos como hace con picardía en Gelosies, canción hermana de Enveja de Miramar (2023). El disco sale el 31 de octubre y se presenta en concierto en el ciclo Sit Back de L’Auditori, el 11 de diciembre.
¿Qué sensaciones tienes con el nuevo disco?
De momento, el feedback es superbueno. Yo confiaba mucho en este disco, a mí me encanta, si fuera otra persona me lo pondría en casa una y otra vez, pero de momento estoy flipando con las respuestas que estamos recibiendo, ojalá siga así, tampoco lo ha escuchado tanta gente.
Lo has trabajado a fuego lento, ¿verdad? Han pasado dos años y medio desde Miramar y no has hecho eso tan de ahora de publicar canciones continuamente.
He estado mucho tiempo sin publicar música nueva y mi percepción era que me estaba tirando piedras a mi propio tejado, porque los tempos de la industria están muy claros y necesitas estar constantemente generando, generando y generando. Yo no lo he hecho, aparte de los singles que he sacado para presentar el disco, con el disco ya acabado. Para respetarme a mí misma y porque creo que los tempos [que dicta la industria] no están bien. Generar contenido... esas dos palabras juntas ya suenan fatal.
He estado mucho tiempo sin publicar música nueva y mi percepción era que me estaba tirando piedras a mi propio tejado.
Lo que haces no es contenido, es otra cosa.
Con lo que me cuesta hacer música, lo que me cuesta llegar a materializar mis ideas, no quiero tirarlo todo por la borda haciendo algo que no es lo que yo haría, pero para seguir esos tempos necesitas tener una mínima estabilidad económica, porque entre que he acabado una gira y empieza el disco han pasado meses y, como hoy en día el disco ya no genera dinero ni las reproducciones a través de las plataformas tampoco, es un poco condenarte económicamente. Por tanto, a veces entiendo que la gente se vea abocada a esa rueda, pero me parece bastante nociva.
¿Te genera algún tipo de estrés ver eso a tu alrededor?
Sí, mentalmente eso pasa factura. No puedo evitar compararme, yo misma quería tener la ilusión de compartir cosas. Y la tengo, lo que pasa es que hasta que no he visto el momento adecuado y un disco totalmente acabado, redondeado, con todas las ideas, no he querido dar el paso.
Además de hacer música nueva, parece que como artista tengas que estar en las redes constantemente.
Con eso creo que nos hemos ido completamente a la mierda. Creo que no está haciendo un favor a nadie, ni siquiera a la gente a la que realmente le va bien en las redes sociales. No sé qué está aportando exactamente, no lo entiendo. Con la ilusión que me hace poder dedicar toda mi economía y todo mi tiempo a la música, tener las redes tan infiltradas en todo lo que haces acaba siendo una dispersión mental y económica tremenda, porque al final el porcentaje de tiempo y dinero para la música es más pequeño.
¿Y de esfuerzo? Porque eso requiere estar pensando qué publicarás, qué no publicarás, intentar mantener el interés de la gente en todo momento puede ser una locura.
Sí, es una locura. A mí me gusta mucho defender mi música, pero defender mi personaje en internet es como un pozo sin fondo, que además ni controlas. Yo no soy muy buena con eso realmente y entiendo que son las normas del juego y trato de poner de mi parte, pero normalmente estoy medio frustrada con el tema. También te lo diré, este discurso ya es casi una utopía, porque ya está todo tan establecido así por parte de los promotores, por parte de lo que se espera de los artistas, de cómo tienes que usar tu plataforma, tus redes sociales... Todo el mundo ha acatado las normas del juego, desde los artistas, al público y a los promotores, por tanto, veo que ya quedan pocas grietas.
Pensaba que era una lástima que no estuviera haciendo un disco politizado dentro de un contexto tan hostil como el del catalán en Mallorca
¿Puede ser que tu paraíso esté en riesgo? No puedo evitar pensar en Mallorca.
Para mí, la idea de paraíso recae en dos cosas diferentes. Por un lado, en repensar colectivamente qué es el paraíso, porque como mallorquina, esa paz, eso que aún hace buena a Mallorca, se vive de una manera francamente opuesta, y a mí me remueve un poco. Pero, por otro lado, es la idea de la búsqueda constante hacia ese lugar, ese ideal que siempre se va posponiendo en el tiempo y acaba siendo intocable. Estoy en mis veintitantos y tengo la sensación de que aún no he conseguido nada, porque esa visión siempre se pospone. También giro la mirada y digo, “ostras, he vivido, han pasado cosas y la vida es ahora y eso ya cuenta, no esperes tanto”. Creo que ese es un mensaje que hay en muchas canciones como T’he cercat, Sa teva barca, Sa nit i es dia, esa cosa que no puedes llegar a tocar.
¿Es la parte política del disco?
Al principio estaba muy preocupada porque era una lástima que no estuviera haciendo un disco politizado dentro de un contexto tan hostil como el del catalán en Mallorca. Cantar en catalán ya es bastante reivindicativo, pero aun así. Y esa sensación de que los planes se han ido posponiendo y de que no vivimos el presente que necesitábamos o esperábamos creo que es algo muy generacional: ¿qué ha pasado? ¿Por qué vivimos así, si nos lo hemos currado tanto? Creo que con metáforas y de una manera más oculta ese sentido está ahí.
Mezclas el folk con el pop y la electrónica. ¿Es porque el folk se hace siempre con las herramientas de cada época?
Cuando oigo a los viejos cantar en Mallorca, utilizan unas desafinaciones, una tonalidad muy frigia de toda la tradición árabe. Yo aún lo tengo, pero por mucho que ahora en Mallorca queramos hacer folclore ya no saldrá de esa manera y ya lo haremos con esa afinación perfecta que tenemos. El tamiz del pop lo ha globalizado todo y estamos metidos dentro de esa globalización.
El tamiz del pop lo ha globalizado todo y estamos metidos dentro de esa globalización.
Todo el pop se alimenta del folk, en mayor o menor grado.
Yo esas etiquetas de folk, música tradicional, música de raíz, músicas del mundo... Lo que yo hago es tan de mi círculo familiar, las canciones que canto son de casa. Tampoco quiero librar batallas de todo, entonces digo: sí, folk, let’s do it, en plan... ok.
Has recuperado el laúd del abuelo.
Aprendí a cantar concretamente con ese laúd, porque era el instrumento que mi abuelo tenía siempre en las manos. Cantábamos mucho juntos y él me enseñó a cantar. Cuando murió, en 2020, pensaba que mi voz con ese laúd... sería algo que no volvería a suceder. Martín Leiton lo ha aprendido a tocar expresamente para el disco, así que estoy supercontenta de poder sentir que vuelvo a cantar con el laúd.
Tarta Relena y Ouineta colaboran en el disco.
Sí, representan un poco mi yin y mi yang. El directo de Tarta Relena es lo que más me ha impactado de aquí, de Cataluña, y las admiro muchísimo; que hayan querido hacerlo ha sido un regalo. Conocía a Ouineta de antes, pero nunca me había planteado hacer algo con ella porque no sabía en qué punto nos encontraríamos, pero después de verla en directo en las fiestas de la Mercè del año pasado, desde la admiración, simplemente le dije: “tienes que estar aquí porque te admiro, ven a cantar, intentaré encontrarte un lugar donde te sientas cómoda”.

