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'Esplendor. Volver al origen', en el Museo Can Framis, nos abre las puertas al universo misterioso y atávico de Sílvia Gubern

A la entrada del Museu Can Framis se oye ruido de agua. Es una escultura titulada Agua de vida, una fuente transparente en forma de cáliz que almacena y emana agua al mismo tiempo que filtra la luz que viene del exterior y la hace rebotar por las paredes de la sala. Empiezan los parlamentos de la exposición, pero el sonido de la fuente nos impide escuchar bien a las autoridades. Incluso cuando la artista Sílvia Gubern empieza a charlar, el agua le roba el protagonismo: parece que su obra de arte quiera hablar por sí sola. Pero las convenciones sociales de la rueda de prensa se imponen y alguien pide si, por favor, podemos apagarla mientras habla la artista. El agua cesa y empieza la visita.
Para Bernat Puigdollers, director de arte de la Fundació Vila Casas, Sílvia Gubern era “un elefante en la habitación”. ¿Cómo puede ser que una artista que formó parte del rompedor Grup del Maduixer junto con Antoni Llena o Jordi Galí y que estaba vinculada a la vida cultural barcelonesa hasta el punto de diseñar la famosa portada de Qualsevol nit pot sortir el sol, de Jaume Sisa, lleve treinta años sin exponer en Barcelona? La respuesta es bastante compleja: tiene que ver con el alejamiento del mundo que Gubern forzó para encontrarse a sí misma, pero también con la violencia de un mundo del arte masculinizado y, sobre todo, con los saberes espirituales que han acompañado a la creadora y que quedan plasmados en su obra.
Frágil como el vidrio, transparente como el agua, pero profunda y misteriosa como un pozo antiguo. En tiempos de resistencia al capitalismo que todo lo contamina, la comisaria Assumpta Bassas ve en el arte de Gubern un recordatorio de que los seres humanos hemos venido al mundo a crear. “Nuestro estado natural es el de la contemplación y el de la creación, no el del trabajo”, sentencia. Sílvia Gubern nos devuelve a este propósito esencial con piezas que invitan al visitante a abrir los sentidos y relacionarse con los cinco elementos que configuran el mundo y a nosotros mismos: el agua, el aire, el fuego, la tierra y el éter.
Estos cinco elementos articulan las salas de la exposición. La escultura en forma de fuente, titulada Agua de vida, da la bienvenida a la primera de las salas, dedicada al agua. También encontramos dibujos de trazo fino llenos de juegos de palabras (la palabra latina ave acompañada del dibujo de un pájaro, los paralelismos entre el nombre Sílvia y la palabra salve) y la escultura La Creación (1992), un pubis femenino pintado sobre un reverso de vidrio que Gubern expuso en la Sala Vinçon en el año 92. Son obras de arte de alguien que ha habitado espacios en la vanguardia catalana y, al mismo tiempo, ha necesitado huir de ellos.
El uso del vidrio como soporte es una constante que se mantiene en las salas dedicadas al aire y a la tierra, donde también encontramos muestras de escritura canalizada, poemas y esculturas con cristales que resplandecen en la oscuridad. En la sala dedicada al fuego, un gran círculo lleno de cristales que simboliza el sol y dos esculturas de la serie Esculturas Primordiales (1995) nos hablan de la Alquimia y otros saberes herméticos, esotéricos y misteriosos que Sílvia Gubern ha cultivado, relacionándolos con el arte, para conocer el mundo con profundidad.
“En los frisos de los templos, los antiguos escribían: conocerte a ti mismo y conocerás el universo”, explica la artista, poeta y sanadora energética. Sílvia Gubern tiene más de ochenta años, pero para entender su arte hay que volver a la infancia. “Me he pasado la vida haciéndome preguntas: ¿Qué sentido tiene, estar aquí? ¿Por qué estamos en este planeta y no en otro?” Para responderlas, emprendió un camino de autoconocimiento paralelo al de la creación que la ha llevado a ejercer de sanadora de energías. “El arte no consiste en hacer cosas bonitas. La belleza tiene que estar, pero debe inspirar algo más. Debe buscar la profundidad de la verdad última”, explica.
En la sala final, dedicada al éter, la artista expone tejidos que cuelgan del techo con símbolos espirituales de diversas tradiciones. Como los cristales, el agua o el vidrio presentes en todas las salas de la exposición, el textil filtra los rayos de sol que dejan pasar los grandes ventanales de Can Framis. Las obras de Gubern se relacionan con la luz como un caleidoscopio que filtra la claridad en un mandala de formas y colores intensos. La artista nos ofrece un artefacto a través del cual mirar la realidad y nos promete que, si nos abrimos a los sentidos, el arte nos revelará todo aquello que nuestros ojos no pueden ver.
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