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La histórica Casa Beethoven resiste desde 1880 vendiendo partituras en una Rambla en plena transformación

Es la tienda en activo más antigua de la Rambla de Barcelona y atesora más de 30.000 partituras, de Beethoven a Taylor Swift, algunas de más de 100 años de antigüedad

Borja Duñó
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Borja Duñó
Head of Editors, Barcelona
Jaume Doncos, Casa Beethoven
Foto: Nerea Zapata / Time Out Barcelona | Jaume Doncos, Casa Beethoven
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"A veces me han pedido medias, porque ven estas cajas de aquí y piensan que tenemos medias como en las mercerías de antes. Y alguien ha preguntado si Beethoven ha estado por aquí trabajando". Estas son algunas de las anécdotas que acumula Jaume Doncos en los casi 50 años que hace que trabaja en la Casa Beethoven (La Rambla, 97), la tienda más antigua del paseo que continúa en activo. 

Se fundó en 1880 como Casa Guàrdia. Era una tienda de partituras como “muchísimas que había en la Rambla”. En una época en la que si querías oír música en casa la tenías que tocar tú mismo, claro. Hacia 1914 o 1915 Lluís Gonzaga Jordà relevó a Rafael Guàrdia, “y tuvo la buena idea de ponerle Casa Beethoven, porque es un nombre absolutamente musical”. Después estuvo el padre –"y Antonieta, una persona muy querida"– y desde 1978, Jaume, a quien ayuda su hermana Àngels.  

Fuera, las obras de la Rambla, en plena transformación, son un estorbo. Pero lo que preocupa especialmente a Doncos es la desaparición del vecindario. Las nuevas tecnologías, además, “van desmontando el negocio” (muchos músicos van con tablet). “De momento resistimos a base de veteranía y porque estamos en la Rambla, un lugar especial”.

Tenemos partituras de más de 100 años, temas de moda, como los de Bad Bunny

En este momento, tienen en la tienda unas 30.000 partituras diferentes. "Desde Beethoven a Taylor Swift, Pink Floyd y Paco de Lucía, a sardanas, flamenco, lo que sea. También tenemos un archivo donde aún conservamos partituras que quizá estuvieron de moda en un cierto momento, quizá aquel bolero que se había cantado hace 60 años o Marieta de l'ull viu, el cuplé que estaba muy de moda en los años veinte", explica.

Música viva

"La clásica es fantástica –dice Doncos–, pero para la mayoría de personas, la banda sonora de nuestra vida no es Mahler ni Beethoven, sino aquella canción que cantaba la madre o la abuela cuando eras pequeño, o aquel bolero que bailaste con tu pareja". "No queremos ser un museo, sino que la música la hagamos viva, que estas partituras las reviva alguien, que las toque, que la gente pueda volver a cantarlas y hacerlas sonar", asegura. "Tenemos partituras de más de 100 años, que en su momento eran músicas populares, como si fuera ahora un tema de moda, de Bad Bunny”, explica. 

Jaume Doncos, Casa Beethoven 
Foto: Nerea ZapataJaume Doncos, Casa Beethoven

Clientes célebres

"Para nosotros todos los clientes son iguales, pero también hemos tenido a famosos: Montsalvatge, Mompou, Montserrat Caballé, Victòria dels Àngels, Josep Carreras, Guillermina Motta, Paco Ibáñez y Barenboim han pasado por aquí. Esto también da un punto atractivo a la tienda”. Además, entre finales del XIX y principios del XX, Casa Beethoven "era un punto de reunión". "Albéniz y Granados se encontraban aquí. Mossèn Cinto Verdaguer también tenía una conexión con la tienda porque claro, todo el mundo cultural estaba ligado y este era un punto especial”.

Las tiendas van desapareciendo y van apareciendo casas de souvenirs, de cambio, bancos o de cannabis

El escaparate de madera con los faroles encendidos, el mostrador largo, el busto de Beethoven, un piano que hasta no hace mucho no paraba de sonar… Son elementos que se mantienen desde el primer día. Un poco más arriba de la Rambla estaba Musical Emporium, de 1900, que ahora es una casa de cambios. "Les subieron el alquiler de 800 a 15.000 euros al mes, de un día para otro y tuvieron que cerrar”, se lamenta. Ellos no se encuentran en esta situación, pero el panorama es desolador. 

"Las tiendas van desapareciendo y van apareciendo casas de souvenirs, de cambio, bancos o de cannabis”, dice. No pide una protección especial –"no hace falta que vendas libros y partituras; una persona que vende zapatos o comida también hace país y cultura"–, pero es cierto que el negocio va desapareciendo. "En Nueva York casi no quedan, en San Francisco, Dinamarca y Suecia ya no tienen tiendas. Hay que ver que el futuro va por aquí, hacia la desaparición de muchas cosas. Es la nueva realidad del mundo, contra eso no puedes luchar”.

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