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Carlos García y Marisol Vela, los hippies de Travessera, fundaron Surco en Gràcia hace más de 50 años

Cuando llegaron, los vecinos de Gràcia los bautizaron como los hippies de Travessera. En el Madrid de principios de los 70 les miraban mal por llevar el pelo largo, y es por eso que unos jovencitos Carlos García y Marisol Vela decidieron dejar la capital del reino para respirar los aires de libertad que les traían las noticias de Barcelona. No se equivocaban: se sintieron a gusto y se instalaron allí.
Abrieron Surco (Travessera de Gràcia, 144) unos números más allá de donde está ahora, en la portería de un edificio. Era el 4 de marzo de 1974. Entonces tenían 24 años y su hijo, el periodista Carlos G. Vela, recuerda perfectamente rondar por la trastienda cuando era un crío. El local actual (algo más grande, pero no demasiado) sigue siendo un negocio familiar, aunque no uno cualquiera: es la tienda de discos más antigua de Cataluña.
"No me jubilo", dice Carlos padre cuando le pregunto por el relevo generacional. Hace más de cincuenta años que se dedica a lo que más le gusta y, además, es un buen momento en cuanto a ventas, especialmente de discos de vinilo. ¿La joya de la corona? Todo lo que sea de los Beatles se vende mucho, cuenta, y hay discos clásicos que no paran de salir, como el Dark side of the moon de Pink Floyd y el Rumours de Fleetwood Mac. "Cada semana se venden —asegura—, y a veces son chavales".
Que la gente no piense que todos los vinilos son tan caros como el de Rosalía
"Sin los Beatles no estaría aquí", recuerda García, a quien de joven le gustaba tanto la música que contestaba con estrofas de canciones. "Después ya fueron en inglés y ya no podía", reconoce, porque no conocía el idioma. Pero aparte de clásicos de todos los géneros, en Surco también tienen novedades internacionales y de sellos independientes catalanes; muchas películas en DVD y libros sobre música y cine.
Curiosamente, en la era de las plataformas se venden muchas películas: "No todas las películas están disponibles en streaming", ni lo estarán eternamente, nos atrevemos a añadir. La mayoría son clásicos, ya sea de cine francés, italiano, musical... películas que hay que haber visto al menos una vez en la vida.
En tantos años, Carlos las ha visto de todos los colores: desde cuando se iba a la Costa Brava con el coche cargado para vender maxi singles de la época —fue quien vendió más maxis del Blue Monday de New Order de toda España y la discográfica le hizo llegar sus felicitaciones—, hasta la llegada de Internet, pasando por la crisis del petróleo, momento en que muchos cerraron: "Pensaban que era el final".
Ahora, irónicamente, es un buen momento para una tienda de discos. Se venden sobre todo vinilos y se nota el efecto de fenómenos como Rosalía, Ariana Grande y Taylor Swift. Ahora bien, "que la gente no piense que todos los vinilos son tan caros como el de Rosalía", dice Carlos hijo, que sabe que el precio de 55 euros puede asustar a los compradores poco habituados; la mayoría de discos cuestan menos de la mitad.
"La música es mi pasión y no quiero dejarla", dice Carlos padre. "Todo esto es fruto de un esfuerzo familiar conjunto —reconoce Carlos hijo—, especialmente de mis padres; sin mi madre esta tienda no habría aguantado tanto tiempo, la tienda es mi hermana mayor".
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