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Leticia Dolera: "Pretendemos que los adolescentes entiendan qué es el consentimiento, cuando nosotros todavía tenemos el debate abierto"

La creadora de la serie Pubertad, que se estrena en HBO Max, plantea la gama de grises y contradicciones que pueden derivarse de un caso de agresión sexual cometido y sufrido por adolescentes

Àlex Montoya
Escrito por
Àlex Montoya
Editor de cine
Leticia Dolera
Eugènia Güell | Leticia Dolera
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Una denuncia pública de una agresión sexual supuestamente cometida por tres adolescentes dentro de una colla castellera. Un caso con una víctima de solo 13 años que pondrá en cuestión los valores de toda una comunidad y confrontará a los adultos con sus responsabilidades hacia estos menores, colocándolos contra las cuerdas: ¿descubrir la verdad o proteger a los tuyos? Con esta premisa, Pubertad pone el dedo en varias llagas, planteando preguntas incómodas en torno a la educación y la exploración sexual, al consentimiento, al fin de la inocencia infantil, a la intimidad de niños y adultos, a las dinámicas familiares, a las herencias patriarcales, al machismo y a la toxicidad de las redes sociales. La colla castellera convertida en perfecta metáfora de una sociedad que, quizá porque no quiere o quizá porque no es capaz, no parece tener las herramientas necesarias para plantar cara a una situación como esta. La colla castellera como destino de un viaje al corazón de la cultura popular en el que a menudo chocan las tradiciones y el progreso.

Durante un tiempo, se difuminaron los límites entre la profesional del audiovisual y la activista. Entre charlas, tuits en las redes, reivindicaciones en galas de premios y alfombras rojas y declaraciones públicas en mil y una entrevistas, Leticia Dolera (Barcelona, 1981) se convirtió en una voz de referencia del feminismo. Pero también fue víctima de su compromiso y de su propia sinceridad, o más bien de la violencia de aquellos que todavía se resisten a entender y aceptar que, como sociedad, tenemos un problema muy serio. Con la sexualidad y con los adolescentes. Cuando la salud mental comenzaba a resentirse por tantas respuestas agresivas, Dolera decidió canalizar sus pensamientos en el libro Morder la manzana. Y, ahora, en esta Pubertat que estrena HBO Max el miércoles 24 de septiembre.

Pubertat
Quim VivesPubertat

En su magnífica ficción, la actriz, guionista y directora pone sobre la mesa las profundas contradicciones y la infinita gama de grises que pueden habitar en un caso de estas características. Hay situaciones que no admiten debate. Pero también puede haber otras que planteen dilemas y cuestionen nuestras convicciones más arraigadas. Se trata de abrir la conversación, de aparcar ideologías y trincheras por un momento, y de lanzarnos a una piscina que puede que no tenga mucha agua.

En este sentido, Leticia Dolera señala una escena de la serie que puede pasar desapercibida pero que resulta particularmente relevante: el personaje que interpreta Betsy Túrnez recuerda su primera experiencia sexual, cuando se enrolló con el chico que tanto le gustaba, y este le pidió tener sexo. Ante su negativa, él la presionó para que, al menos, le practicara sexo oral. “Ahora, las feministas a eso lo llamáis abuso; pero es la escuela de la vida”, afirma.

Un claro caso de grises… ¡Hablemos de ello!
Este caso en concreto se encuentra en el terreno del no delito. Y demuestra que necesitamos un cambio de paradigma. Necesitamos comunicación y entender que la sexualidad es un terreno de vulnerabilidad, en el que entran en juego muchas cosas: la emoción, la intimidad, también la educación recibida y el poder. Las mujeres hemos sido educadas para complacer y los hombres, para pensar que pueden pedir lo que sea porque, generalmente, una mujer se lo dará. ¿Y qué hacemos con eso? Porque ves que esa experiencia a ella le ha generado una herida. Y a él, seguramente, le ha hecho pensar que las mujeres estarán siempre a su servicio. No hay delito, pero sí hay un conflicto. ¿Cómo lo abordamos?

Las mujeres hemos sido educadas para complacer y los hombres, para pensar que pueden pedir lo que sea porque una mujer se lo dará

¿Eso, cómo lo abordamos?
Tenemos que hablar, tenemos que explorar… No lo sé, no tengo la solución. Bueno, creo que todo pasa, evidentemente, por la educación sexual y porque hablemos de ello. Nosotras tenemos que aprender que podemos decir que no y no pasa nada, pero vosotros también debéis estar más abiertos a la lectura del cuerpo del otro. Como la sexualidad todavía se trata como un tabú, o bien nos vamos al otro extremo, que es OnlyFans, el “empodérate con tu capital sexual”… Tenemos que abordar todo el terreno intermedio, que es profundamente vulnerable y profundamente político. Pero nos atrincheramos y aquí seguimos. Y después pretendemos que los adolescentes entiendan qué es el consentimiento, cuando nosotros todavía tenemos este debate abierto. Y eso no quita que haya lugares donde esos grises no existen. O lugares y situaciones en los que, aunque haya grises, sí hay delito.

En cualquier caso, la apuesta de Pubertat es pisar zonas grises e invitar a hablar de ellas y a reflexionar.
Sí, porque me parece que las personas estamos llenas de grises, de aristas, de capas, de contradicciones y de emociones. Y las emociones a veces no son racionales y no pueden responder a un ideario político ni a una teoría filosófica. Es decir, vienen cargadas también, justamente, de una herencia familiar psicológica, de una herencia cultural patriarcal, y no se trata de decir: “Como sé lo que es ético, ahora siempre me comportaré de una manera ética”. En las relaciones con los demás, donde intervienen las emociones, no es tan fácil. Creo que la ficción es el lugar donde poder hablar de esto de manera compleja: donde intervienen la psicología, la cultura, la colectividad. Hay cosas que no puedes explicar en un titular, o en un tuit. Necesitas una serie, porque la ficción te permite ir a la raíz, empatizar con todos los personajes y no simplificar con la idea de hombres malos y mujeres seres de luz.

Además de creadora y directora, en la serie también interpretas a un personaje que tiene conexiones evidentes con Leticia Dolera.
De hecho, cuando empiezo a escribir la serie, el personaje de Júlia era mucho más secundario, pero fue creciendo. Entonces hubo un momento en el que me planteé no interpretarlo yo, pero sentía que era hacer trampa. Es evidente que, al hacerlo yo, hay una especie de metalenguaje dentro de la propia historia. Con este personaje quería mostrar a una mujer que es feminista y que además es activista dentro del feminismo, pero que es más cosas: también es madre, es hija, es amante, es profesional… y no es perfecta. Y, a veces, a las mujeres feministas se les exige una excelencia que no es realista.

A las feministas se les exige una excelencia que no es realista

O sea, los ideales sirven para caminar, para que no te quedes quieta y para que avances hacia donde quieres llegar. Porque tú no estás allí todavía, pero sí quieres llegar. Y sabes que sola no podrás conseguirlo. También necesitas que la sociedad se vaya transformando para alcanzar ese ideal teórico que consideras más ético. Y el camino lo recorres con tus heridas y tus traumas, con tus imperfecciones y tus contradicciones. Y me interesaba mucho mostrar a esta feminista que se confronta con su ideología: afirma que siempre se debe creer a la víctima y que ella siempre creería a quien se atreva a denunciar. Pero en el mismo capítulo le dicen que su hijo ha sido acusado de agresión sexual, y entonces no es capaz de creer a la víctima. ¿Y qué haces aquí? No es tan fácil, claro.

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Quim VivesPubertat

Una vez más, los grises…
Es que los terrenos grises son incómodos en estos tiempos de algoritmo y de trinchera. ¿De qué equipo es tu camiseta? La mía es de este color y quiero saber de qué color es la tuya, porque así, cuando empieces a hablar, ya sabré de qué manera debo juzgarte. ¡Y puede que esté de acuerdo con algunas de las cosas que dices! Y eso no querrá decir que compre todo tu discurso. Por eso me enfada mucho cuando, a veces, veo en qué se ha convertido el Congreso de los Diputados…

Tengo la sensación de que Pubertat se encontrará con muchos prejuicios…
Sé que habrá gente que pensará: “¿Leticia Dolera y agresiones sexuales? Nos dirá que los hombres son malos, y las mujeres… pobrecitas”. Si ya te acercas a una obra con este prejuicio, o si directamente ni siquiera te acercas por ese mismo prejuicio, pues yo no puedo hacer nada. Sí espero que la gente se acerque a Pubertad sin prejuicios. A mí me gustan las ficciones que no me toman por tonta, me interesan las ficciones que me hacen pensar, que me hacen reflexionar, que me hacen sentir o ver una historia desde otro punto de vista. Porque, al final, una ficción es eso: ponerte en la piel del otro, y que ese otro te abra a una forma de ver el mundo que es diferente a la tuya, que te enriquezca como ser humano.

Ten en cuenta quién invierte millones de euros en hacer productos audiovisuales para que no pienses

También está esa cosa que ahora está tan de moda: “Me pondré a ver una serie o una película para no pensar”… Pues es interesante que tengas en cuenta quién invierte millones de euros en hacer productos audiovisuales destinados a que no pienses. Cuantas más horas, mejor. O, si lo llevamos al terreno de los teléfonos móviles, cuanto más tiempo pases pegado a ellos, mejor. Es eso del capitalismo de la atención; ya no es solo el capitalismo del dinero. Ahora, lo que el capital quiere captar es tu atención, tu tiempo.

Los temas que Pubertat pone sobre la mesa son muy potentes, pero, más allá, es una serie de enorme complejidad a muchos niveles. Y, en el caso de las interpretaciones, es milagroso el trabajo de los más jóvenes.
Me hace ilusión que hagas este apunte, porque es verdad que nos centramos mucho en la vertiente política que tiene la serie. Y nadie me pregunta sobre planificación o dirección de actores. Insisto en que todas las historias son políticas, desde Batman hasta Girls, y también la nuestra. Pero sí, ha sido un reto a muchos niveles. Porque, ve y rueda un castillo humano, o recrea tres diadas castelleras. Y hazlo rápido, que el tiempo corre… O dirige a actores de 12, 13 y 14 años sin ninguna experiencia delante de la cámara.

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Quim VivesPubertat

De hecho, Aina Martínez, que interpreta a Manu, la niña que sufre la agresión, es castellera de verdad. Es bonito cómo la encontramos: yo la vi en una diada castellera mucho antes de empezar a rodar y pensé que tenía la mirada del personaje. Y qué lástima, porque entonces ella era demasiado pequeña. Pero todo se retrasó. Yo no llegaba con el guion, porque es una serie muy compleja de escribir, y porque levantar el financiamiento también requirió más tiempo. Y entonces, cuando abrimos el casting, me acordé de ella: quizá ya había crecido y podría hacer la serie. Me puse en contacto con la colla castellera de los Nens del Vendrell, para localizarla y pedirle que hiciera las pruebas.

¡Y bingo!
Bueno, también dudaba, porque igual hacía el casting y no nos funcionaba. Porque el amor a primera vista es una farsa [ríe]. Pero sí, salió bien. Evidentemente, cuando eliges niños de esta edad, sabes que no son actores y no tienen herramientas interpretativas, pero sí tienen mucha intuición. Y eso lo tienes o no lo tienes. Luego, como directora, puedes ayudarles a navegar por aquí y por allá, pero ellos ya tienen esa intuición y esa emoción. Y trabajas con eso. Hicimos muchos ensayos con los actores adultos, que fueron muy generosos con la serie. Muchas veces no ensayábamos el texto: yo les planteaba juegos, que parecía que no estábamos haciendo nada pero que servían para que cogieran confianza de familia. Y en ese sentido, me siento muy agradecida con todos los actores.

Este rodaje me ha dado mucha esperanza: ¡hemos hecho piña!

Trabajamos mucho desde la importancia de la historia y de la colectividad. Porque es un rodaje con tanta gente en las escenas… yo sabía que sería pesado y que habría mucho tiempo de espera, que haría mucho calor y que sería incómodo. De esto hablé mucho con los actores. Les dije que eso pasaría y que necesitaría su complicidad, y que fuéramos todos a una. Así fue, ellos fueron muy generosos. También fue muy bonito ver cómo los actores adultos sostenían a los actores más jóvenes. Y a mí este rodaje me ha dado mucha esperanza. ¡Hemos hecho piña!

Aún tenemos reciente el impacto de otra serie como Adolescencia, de Netflix, que trata temas similares. ¿La coincidencia con Pubertat se explica por una preocupación social hacia nuestros jóvenes?
Sí. La coincidencia en el tiempo con Adolescencia no es casualidad. Parece que de repente todos hemos hecho [pone cara de sorpresa]: “Uy, ay, ostras, lo hemos hecho grande y no hemos visto lo que estaba pasando a nuestro alrededor”. Y ahora tenemos una especie de depresión entre todos los adolescentes y no sabemos qué hacer con ella. Esto se ha desbordado. Los hemos convertido en adictos a los móviles. Les hemos quitado Filosofía del currículum educativo. ¿Qué herramientas les estamos dando para pensar? ¿El algoritmo de Instagram o el de TikTok? Y no solo para pensar, sino para entrar en contacto con ellos mismos: con quién son, con qué les hace felices, cómo se sienten, cómo están, ¿qué quieres que hagamos, qué piensas de esto?

¿Qué herramientas estamos dando a los adolescentes para pensar? ¿El algoritmo de Instagram o el de TikTok?

Trabajando con los actores de la serie, me he dado cuenta de algo muy valioso, que es sentarnos a hablar con ellos, interpelando al adulto que está naciendo en ellos, y no al niño. Porque, claro, cuesta mucho que los padres y madres los vean como adultos, y eso es natural. Porque siempre serás su niño o su niña. Pero a estas edades ya comienzan a tener una visión del mundo y a generar pensamiento propio. Y si te sientas con ellos a hablar, mostrando que te preocupa qué piensan y cuál es su opinión sobre las cosas, ¡se empoderan muchísimo! Y activas esa parte importante que tendrán que usar en la vida.

Pubertat es uno de los grandes estrenos de este mes: ¡estas 5 series también son novedades en las plataformas!

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