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El humorista ha escrito 'Manual de defensa del català', que seguramente será el libro de no ficción más vendido de este Sant Jordi

Con sentido del humor pero también con la contundencia necesaria, el cómico Òscar Andreu nos tira de las orejas con el Manual de defensa del català (Univers). El subtítulo es del todo elocuente y, por supuesto, sarcástico: Sobre las aventuras y desventuras de un catalanoparlante de ascendencia andaluza en la capital de Cataluña bien entrado el siglo XXI y cómo topa de manera fortuita con la fórmula para salvar la lengua. Por supuesto, ¿cómo salvaremos el catalán? ¡Hablándolo! Parece fácil, pero hacen falta 76 páginas para desgranar todo un argumentario que nos hace reír y a la vez nos devuelve la mirada, como si se tratara de un espejo lingüístico. Si lo acaba petando por Sant Jordi –y todo parece indicar que así lo hará– será una gran noticia.
¿Qué pone en tu DNI?
En mi DNI pone muchas cosas, algunas que son verdad, otras no tanto, y pone una cosa muy importante: que soy español de 27 maneras diferentes. Si te lo tienen que recordar tanto, es que quizás tienen una duda existencial.
¿El humor es el último recurso antes de hacerse el harakiri?
Es que el derrotismo no nos lo podemos permitir, sobre todo por la gente que nos ha precedido, gente que ha sufrido guerras civiles, persecución, violencia extrema por el hecho de ser catalanes y hablar en catalán. Y sí que se puede llegar a interpretar que quizás es el paso previo a acabar tirando la toalla, pero es que eso no entra dentro de mis planes.
Yo creo que hay pocas sociedades que puedan enfrentarse a algo tan definitivo, tanto que apetece luchar a favor, como la defensa de la lengua propia. La defensa de la lengua propia es la defensa de la propia identidad, que es la defensa de la soberanía del pueblo de Cataluña. Esto se estructura alrededor de la lengua, de la cultura. La lengua es solo una excusa.
El bilingüismo banal mata
¿El bilingüismo mata?
El bilingüismo banal mata, esencialmente. Mata a la otra lengua, la que no tiene ejército, la que no tiene jueces, la que no tiene a los medios a favor todo el tiempo, incluso a los propios muchas veces. Claro, nosotros no somos una sociedad bilingüe, nosotros somos una sociedad bilingüizada. Quiero decir que, por presión, sí que hablamos dos lenguas, por presiones diversas. No todas con violencia, pero lo que hay de fondo y muchas veces en la forma es que una de las dos lenguas, la poderosa, la hegemónica, sí que ha acabado entrando un poco con calzador. Por eso digo que este tipo de bilingüismo banal mata, mata a una de las dos lenguas, que suele ser la lengua minorizada, que no es minoritaria, es minorizada. Aquí hay un matiz importante.
La solución, que expones perfectamente en el libro, es hablarlo. ¿Por qué nos cuesta tanto?
Por diversas cuestiones. Primero porque nos hemos acostumbrado a esta indefensión aprendida. Nos han vendido unas motos que nosotros hemos comprado: que si es de mala educación, que si el otro no nos entenderá, que si es de gente de pueblo, que si es de burgueses, que si es de esclavistas... toda esta chatarra la hemos comprado y muchas veces la hemos incorporado.
Pero claro, una vez descubres que esto te lo han vendido y que tú lo has comprado un poco por pereza, un poco por imposición y un poco por fuerza, te das cuenta de que sale más a cuenta mostrarte firme en la defensa de aquello que es tuyo, que es propio, que es tu país y tu cultura, que no renunciar a ello. Si renunciamos a esto estamos renunciando a una parte muy importante de nosotros, de nuestra historia, etcétera. Hemos comprado estas motos pero ahora hay que hacerlas desaparecer.
Hasta ahora nos habían vendido que por educación se tenía que hablar la otra lengua, la lengua fuerte, la que tiene el ejército y todo eso
¿Qué dirías a la gente catalanoparlante que cuando cree que alguien es de fuera se dirige a él en castellano?
Es una de esas cosas que hemos aprendido por presión y por vete a saber qué pensarán. Pero lo que hasta ahora se ha dicho poco, o no se ha dicho muy abiertamente, es que cada vez que hacemos esto, cada vez que nosotros renunciamos a nuestra lengua la estamos llevando a un callejón sin salida, la estamos apuñalando, la estamos estrangulando. Carles Porta haría una temporada entera con todo esto. Hasta ahora nos habían vendido que por educación se tenía que hablar la otra lengua, la lengua fuerte, la que tiene el ejército y todo eso.
¿Se trata de seguir siendo una lengua débil? No, se trata de recuperar el espacio que le corresponde al catalán, que es la lengua de los catalanes, de los Países Catalanes. Yo creo que nos empodera, nos da fuerza. Hasta ahora todas estas situaciones relativamente violentas que podía crear la lengua, esto lo explican los lingüistas: que en una situación en la que una lengua tiene más poder sobre otra, tú lo que haces como hablante, cuando te diriges a alguien que detectas que no es de tu grupo lingüístico, eliges la lengua no marcada. Paradójicamente, la lengua marcada en Cataluña es el catalán. Pues dejemos de marcarla, tenemos que vivirla de una manera natural. Esto no es fácil de hacer, pero una vez abres la puerta, en la libertad también se está muy bien.
Aparte de la responsabilidad individual, quizás debería haber leyes que hicieran el catalán imprescindible para vivir en Cataluña. ¿Crees que a los que hay ahora ya les va bien como está?
Sí, a los que hay ahora ya les va bien porque les interesa que no haya conflicto, porque viven de la pacificación, viven de rendir homenaje a aquellos que nos quieren desaparecidos o, al menos, hacernos callar. No les sale a cuenta que haya alguien poniendo el dedo en la llaga, y cuando digo alguien me refiero a muchísima gente que ya ha dicho basta a esta situación.
Esto pone de manifiesto un conflicto cultural, territorial... son muchos conflictos a la vez y, por economía, todo el mundo decide esconderlo. Pero claro, cuando te das cuenta de que renunciar al conflicto es renunciar a la lengua, renunciar al país y renunciar a la cultura, la renuncia es tan alta que sale más a cuenta no renunciar al conflicto.
Rebáteme esta afirmación: "El castellano nunca fue una lengua de imposición".
Eso que dijo Juan Carlos I hace unos años no se lo creen ni ellos. Solo hay que abrir internet o un libro de historia, no les pediré ese esfuerzo, solo en la Wikipedia la historia de los agravios contra la lengua catalana y la historia de imposición es imposición por tierra, mar y aire.
Y no estoy hablando de hace 300 años, que también, en 1700 los antepasados de los Borbones ya prohíben que los catalanes en la Cataluña del Norte se expresen en catalán en determinados ámbitos. Estoy hablando de hoy, de antes de ayer y desgraciadamente, probablemente esta represión llegue dentro de unas semanas; ya saldrá una noticia diciendo que a alguien no le han atendido en catalán cuando iba al médico, algo que me parece bárbaro. Y quien dice eso dice el hecho de poder vivir de manera normal como un catalán pueda vivir en catalán en Cataluña. Parece que tenga que ser una cuestión básicamente de justicia y de derechos, y debemos reivindicar estos derechos. Y evidentemente, eso de que nunca han impuesto la lengua supongo que es algo que ellos se quieren creer, pero es que no, de verdad, no creo que se lo crean.
¿Qué pasaría si a un guardia civil de Ávila de repente un día a su hijo le da por decir catalanadas?
En el libro te planteas qué pasaría si fuera al revés. Lo del guardia civil de Ávila que no puede hacer vida normal en castellano.
Planteo qué pasaría si un guardia civil de Ávila que trabaja en Madrid de repente un día se levanta y su hijo empieza a soltar catalanadas e intenta poner un canal de tele y solo echan cosas en catalán, y tienen que ir a ver una película que está doblada en castellano, pero es que tienen que ir a Segovia a verla.
Imagino cómo sería la vida si lo que vivimos nosotros casi de manera natural o naturalizada lo viviera él. Me hace gracia poner a esta gente en esta tesitura. Explico en el libro que probablemente lo que haría este guardia civil es pedir el traslado a un lugar donde pueda hablar tranquilamente el castellano; por lo tanto, este guardia civil pediría el traslado a Barcelona, por ejemplo.
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Categorizas diversos tipos de hablantes y hay tres que me han hecho mucha gracia: el hablante de Schrödinger, el Pompeu inesperado y el Gore-Tex.
Hago una especie de repaso a la tipología de hablante de catalán, unos hablantes que han actuado ante la presión y la represión y por lo tanto nos hemos diversificado. Está el hablante de Schrödinger, que ya digo que habla y no habla el catalán a la vez; es capaz en una frase de decir una palabra en catalán y una en castellano, y la sintaxis ya tal. Está el Gore-Tex, que son hablantes que llevan 40 años en Cataluña y son impermeables al catalán. Pueden hablar alemán, pueden decir guten morgen, good morning, kalispera, pero no los encontrarás diciendo bon dia, no los pillarás, porque para ellos supongo que la lengua minorizada y perseguida es el castellano.
El hablante de Schrödinger es el que habla y no habla en catalán
O están también los que he llamado "Pompeus inesperados". Esto también forma parte de lo que decíamos: que iniciamos muchas veces las conversaciones en castellano por economía, por decir "me ahorraré tener que explicarme". Y entonces, hay gente que a la tercera réplica, después de hablar con un acento que podría ser andaluz o extremeño, se pasa al catalán y habla un catalán cojonudo. Y dices: "hombre, es un Pompeu inesperado". Las situaciones de presión, de represión, esta situación anómala, hace que tengamos este tipo de hablantes.
¿Has hecho alguna conexión entre estas tipologías de hablantes y los personajes que haces en La competència?
Sí, de alguna manera tienen su traslación en algunos de los personajes que hacemos y que hago en la radio. Desde el personaje que intenta no hablar en catalán en público para no molestar o que, cuando considera que ya hemos hablado demasiado catalán, ya pide "por favor no molestemos a la gente" –como si un idioma, el idioma propio de un país, molestara–. Está el que no renuncia de ninguna de las maneras, Mohamed Jordi. Está el que hace una mezcla de un idioma y otro de una manera que si lo ves desde fuera no se entendería, pero si has vivido en este contexto se entiende perfectamente. O quien solo utiliza ciertas expresiones catalanizadas, etcétera. O quien resulta que es absolutamente impermeable a cualquier tipo de catalán.
Al fin y al cabo en La competència nos nutrimos de personajes y personas del mundo real para hacer la caricatura. Un poco para subir de tono determinados rasgos, que de hecho es la definición de caricatura, y esto hace que mucha gente pueda, si no sentirse identificada, sí identificar a algunos de estos personajes a su alrededor.
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