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Restaurantes de Barcelona que no pueden pagar el alquiler: "En 1999 yo era un camarero novato, ¡y con un sueldo de 150.000 pesetas pagaba tres veces mi piso de 50.000 al mes!"

La crisis del alquiler de la vivienda se traslada a los restaurantes de Barcelona en forma de una oferta cada vez menos vinculada a la población residente

Ricard Martín
Escrito por
Ricard Martín
Editor de Menjar i Beure, Time Out Barcelona
Un hombre baja la persiana de un restaurante que cierra, en el Raval de Barcelona
Foto: Shutterstock | Un hombre baja la persiana de un restaurante que cierra, en el Raval de Barcelona
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El precio del alquiler de la vivienda es lo que puede hacer cambiar el voto en las próximas elecciones. O eso es lo que se desprende de la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): la vivienda es el problema más importante que hay ahora mismo para el 55,7 % de los ciudadanos. Quien escribe tiene la sensación de que la crisis de la vivienda de alquiler –gente que paga la renta mensual y se queda con 300 o 200 euros para sobrevivir el resto del mes– se ha trasladado al ámbito de los restaurantes. Al menos en Barcelona. En los últimos meses hemos visto cómo cerraban instituciones de la cocina de la ciudad de todos los tamaños y tipos. Desde pequeños restaurantes familiares como el Sifó o el Dr Zhang, de tique asequible, hasta un gran negocio –también familiar– como El Merendero de la Mari, y también un coloso propiedad de un grupo hotelero como Lomo Alto/Lomo Bajo. 

En España hay una cultura de compra de piso desde tiempos inmemoriales (es decir, desde el franquismo, concretamente en torno a aquel "queremos un país de propietarios y no de proletarios" de un ministro de Vivienda en 1957; porque convertir a los trabajadores en propietarios mediante hipotecas a largo plazo reducía la conflictividad social). El 73 % de la población de España vive de compra, el resto de alquiler.

El 87 % de los restaurantes de Barcelona están de alquiler

Pero en el caso de los negocios de restauración en Barcelona, esta proporción se invierte. Según la Encuesta de Actividad del Sector de Restauración de Barcelona del año 2025 del Ayuntamiento de Barcelona, el 86,9 % de los negocios de restauración de Barcelona son locales de alquiler, y el resto de propiedad. ¿Por qué es así?

"Que la mayoría de restaurantes estén de alquiler no es una anomalía. La vivienda es un bien de consumo y un activo patrimonial, mientras que para un restaurador el local es un factor de producción", me explica el economista especializado en economía regional y urbana y profesor de la UOC, Carles Méndez.

En Barcelona, prosigue, se añade el factor del elevado precio del alquiler comercial en según qué zonas de la ciudad: "Esto convierte la compra en difícilmente asumible para pequeñas y medianas empresas, y estar de alquiler permite reducir la inversión inicial y mantener cierta flexibilidad".

Carles Méndez, economista especializado en economía urbana
Foto: Universitat Oberta de CatalunyaCarles Méndez, economista especializado en economía urbana

¿Permite o permitía? ¿Estamos al inicio de una crisis de los alquileres trasladada a la restauración? ¿Se ahogan los pequeños negocios? Méndez es muy prudente a la hora de afirmar que se está gestando una crisis generalizada para la supervivencia del sector. Entre otros factores, porque cree que "esta crisis ya se está manifestando en determinadas zonas de Barcelona, aunque no necesariamente en forma de cierres masivos" (e insiste en que se necesitan datos sistemáticos para hablar de crisis masiva).

"La crisis de los alquileres de los restaurantes ya se está manifestando en Barcelona, pero quizás no como cierres masivos"

Lo que sí está ocurriendo, mantiene, es que "el aumento de los costes inmobiliarios hace que muchos negocios tradicionales, familiares o independientes tengan cada vez más dificultad para competir con grandes grupos empresariales que pueden asumir alquileres elevados". No es que cierren restaurantes: el problema es que reabren con "operadores con mayor capacidad económica, y una ciudad con muchos restaurantes y, al mismo tiempo, con una oferta gastronómica cada vez menos diversa y menos vinculada a su población residente", reflexiona el economista.

El propietario siempre tiene la sartén por el mango 

Tenemos un par de ejemplos bien recientes: Dr Zhang, un restaurante de pequeño empresario, estuvo abierto durante casi diez años en dos ubicaciones: en Sepúlveda, 137, y después también en Aribau, 245. Èlia Caral, chef y propietaria, lo cerró recientemente al no poder asumir el alquiler. "En el local de Aribau asumí un alquiler muy elevado desde el principio, 2.700 euros al mes más IVA. Y los gastos fijos eran tan altos que eso me obligaba a llenar todos los días. Estaba estancada, porque cubría gastos y punto, y eso realmente no es un negocio", explica.

"La compra del local del restaurante por parte del pequeño o mediano empresario se ha convertido en imposible en Barcelona"

Al final optó por cerrar, pero no antes de que "la propiedad, que también lo era de todo el edificio, me hiciera un chantaje, porque no se puede llamar de otra manera: me dijo, ‘si quieres traspasar el local, quiero un 20 % de todo el traspaso. Si no me das ese dinero, no te dejaré traspasar, le diré que no a todos los inquilinos’. El resultado fueron 10.000 euros que fueron directos al bolsillo de un gran tenedor, repartidos en A y B, si me entendéis.

Èlia Caral, chef y propietaria de Dr Zhang
Foto: Scott ChasserotÈlia Caral, chef y propietaria de Dr Zhang

La jungla del alquiler comercial: ¿debe regularse?

Un gran problema de fondo es que el mercado de alquiler de locales comerciales es absolutamente libre; cada acuerdo que se cierra depende de la libertad de pacto entre inquilino y propiedad. "Un pequeño restaurador que haya invertido mucho dinero en adecuar el local y en fidelizar a una clientela vinculada a su ubicación se puede encontrar en una situación muy vulnerable al renovar el contrato", valora Méndez, que no defiende trasladar a los locales comerciales la regulación del alquiler de vivienda, pero sí "encontrar fórmulas que establezcan mecanismos transparentes de actualización de rentas e incentiven los contratos de larga duración".

"Es imposible negociar con los propietarios del inmueble, siempre tienen la sartén por el mango"

"Y la propiedad siempre tiene la sartén por el mango", resume Caral en una frase. Pone el ejemplo del primer Dr Zhang: una encantadora caja de cerillas de 45 m² y una terraza con cuatro sillas. "Al principio pagábamos 1.200 euros, una cantidad razonable. Pero cuando ya llevaba nueve años, el local estaba muy viejo y hacía falta hacer obras. Sin embargo, el contrato de alquiler estaba a punto de terminar. Yo tenía que hacer obras o traspasar el local. Y la propiedad me dijo: ‘No te preocupes, Èlia. No te pediremos nada por el traspaso. Pero al ser un contrato nuevo, te subiremos un 60 %’". Y pasó de pagar 1.200 a 2.000, "¡por un rincón de Sepúlveda de 45 m²!".

Dr Zhang, 2100 euros de alquiler por un local de 47 m2
Foto: Maria DiasDr Zhang, 2100 euros de alquiler por un local de 47 m2

Decidió tirar la toalla: "Los propietarios de los dos locales eran grandes tenedores. Y les daba igual que mi negocio fuera un proyecto local en Barcelona, enfocado a un público familiar. ‘Nos da igual qué se abra, mientras nos paguen lo que queremos’, me dijeron. Y al final todos los restaurantes nuevos acaban siendo iguales", lamenta Caral. Que cierre un restaurante no significa que desaparezca la actividad en el local, matiza Méndez: "el espacio a menudo es ocupado por un operador con mayor capacidad económica. No es un problema cuantitativo, sino cualitativo: qué tipo de restaurante puede sobrevivir y qué modelo de ciudad se acaba configurando".

Cuando el cliente ya no puede ni pagarse un menú

Es ingenuo pensar que la crisis del alquiler comercial está desligada de la del alquiler residencial. Que se lo digan a Pablo Antico, exsocio del restaurante Sifó, un clásico del menú de mediodía en el corazón del Raval, que hace un año que cerró, tras 23 de servicio: "Nunca tuvimos problemas con el aumento de la renta. Teníamos un alquiler barato que pasó a ser razonable, y tuvimos algún que otro tira y afloja con la propiedad por temas de reformas. Pero nada más”.

Pablo Antico, con gorra, y Jorge Runnacles, expropietarios de L'Ofis y Sifó del Raval
Foto: Ivan GiménezPablo Antico, con gorra, y Jorge Runnacles, expropietarios de L'Ofis y Sifó del Raval

Ahora bien, la estocada vino por la parte “de esos 300 euros de subida de alquiler que sufrieron los clientes, como mínimo. Esa es la parte que a final de mes le falta a la gente para poder comerse un menú, tomarse una copa o disfrutar de un poco de ocio".

"En 1999 yo era un camarero novato, y con un sueldo de 150.000 pesetas pagaba tres veces mi piso de 50.000 al mes!"

Desaparecieron "todos los chavales que ya no pueden venir a comer porque ahora pagan 500 o 600 euros por una habitación". Este experimentado jefe de sala y hostelero opina que "todo esto va de la vivienda. Yo llegué en 1999, y con mi sueldo de camarero sin experiencia, contando propinas, cobraba unas 150.000 pelas. Vivía en un piso que estaba bien, por un alquiler de 50.000. ¡En 1999, el sueldo de un camarero sin papeles daba para pagar tres veces el alquiler!". La pérdida de poder adquisitivo, remata Antico, "ha sido terrible, ¡y la vivienda se ha llevado la peor parte!".  

Rosa Maria Ribera, de El Merendero de la Mari, con su familia y equipo
Foto: Merendero de la MariRosa Maria Ribera, de El Merendero de la Mari, con su familia y equipo

La tenaza de la pérdida de poder adquisitivo del cliente y el aumento del alquiler es mortífera, y no perdona ni a restaurantes pequeños ni grandes. Es el caso del gigante del Passeig Marítim, El Merendero de la Mari, que se vio abocado al cierre a finales del pasado mes de septiembre. Abierto desde el año 1995 en el Palau de Mar, este restaurante de una estirpe centenaria de la Barceloneta tenía capacidad para 200 comensales. 

"Pasamos de pagar 40.000 a 53.000 euros de alquiler y al mismo tiempo se desplomó la clientela"

"Con el último incremento de la renta, nos subieron el alquiler hasta 53.000 euros", explica Rosa Maria Ribera. Esta renta procede de 2024, cuando les aplicaron una subida del 25 % sobre el precio del alquiler. Es decir, con un equipo de treinta trabajadores ya pagaban un alquiler de 40.000 euros. "Y en verano solíamos trabajar mucho, pero este último fue horroroso. Algunos mediodías hemos hecho solo 15 personas. ¿Cómo vamos a salir adelante así?", lamenta Ribera. 

Por cierto, los casos de Dr Zhang, Sifó y Merendero de la Mari ocurren en zonas de Barcelona donde la concesión de nuevas licencias de restauración está muy limitada (el caso de Ciutat Vella) o directamente congelada, como en el Eixample. Esto puede generar lo que en economía se denomina renta de escasez: "su valor no procede únicamente de las características del local o de su ubicación, sino también del hecho de que existe una limitación administrativa para desarrollar su actividad en otros establecimientos", explica Méndez.

Y paradójicamente, esta limitación, que persigue proteger el descanso ciudadano y la diversidad de usos en los negocios de barrio, "puede incrementar el valor de los locales que ya pueden acoger restauración y reforzar la posición negociadora de sus propietarios", asegura el economista. Es decir, exactamente el efecto contrario. 

Los bares más míticos de Barcelona 

Este artículo se ha publicado el 2 de noviembre a las 16 h

 

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