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Hablamos con Ingride Santos y la rapera Latifa Drame, directora y protagonista de 'Ruido', una aproximación al 'freestyle', un mundo que lo peta entre los jóvenes y que muchos adultos desconocen

Con esta película, y haciendo honor a su título, tienen ganas de hacer ruido. Nos lo dicen en un momento de una entrevista que quiere celebrar la llegada al cine catalán de dos recién llegadas con muchas cosas que decir: la actriz Latifa Drame y la cineasta Ingride Santos –recién llegada si hablamos de largometrajes, porque tiene muchísima experiencia en el campo de la publicidad y en el mundo de los cortos–. Para charlar con ellas, nos llevan hasta el Parc de l'Espanya Industrial de Barcelona, uno de los lugares que sirven de plató a Ruido, y el escenario que, hasta hace no mucho, reunía a cientos de personas para asistir a espectaculares batallas de gallos: la música urbana y el rap de estilo libre, improvisado, con competidores que juegan con palabras y sinónimos sobre un beat, y usan las rimas como arma arrojadiza, como si fueran aprendices de Cyrano de Bergerac. El freestyle es el gran protagonista de una película que nos acerca un universo cotidiano muy poco visto en el cine, el musical pero también el vital de jóvenes de la periferia en busca de su identidad.
Ruido recorre la peripecia de Lati, una afrodescendiente aspirante a rapera que sueña con triunfar en este mundo masculinizado del freestyle. Marcada por la muerte de su padre, encuentra refugio en la música, a pesar de la oposición de su madre, una mujer musulmana que representa los valores tradicionales que no ven con buenos ojos la vida deseada por su hija. Ingride Santos, la directora del filme, explica que descubrió este mundo de las batallas de gallos cuando preparaba su anterior Beef (2019), producida por Isabel Coixet y con un exitoso paso por el circuito de cortometrajes de todo el mundo.
Ahora, Santos propone un relato de descubrimiento con pinceladas de cine social y mirada singular, visualmente potente y llena de energía, y con el carisma de una protagonista que es toda una fuerza de la naturaleza. Conocida en el mundo del rap como LaTiniebla, Latifa Drame es una joven de Montcada i Reixac que, como su personaje en el filme, es hija de migrantes de Mali. No es el único punto en común entre realidad y ficción, porque Ruido no empezó su proceso como suele suceder, más bien al revés: primero se seleccionó a Drame (y también a Judith Álvarez, la otra protagonista) y después se construyó un guion adecuándolo a las actrices no profesionales por las que se apostaba. Un filme que, por cierto, cuenta con producción de Sábado Time (Casa en flames) y Filmin.
¿Cómo nace el proyecto?
Ingride: Yo había hecho un corto que se llama Beef, y la protagonista era La Tiguerita, que es una cantante de música urbana y en aquel momento hacía trap. A través de ella descubrí todo el tema del freestyle, y empecé a ir cada fin de semana a las batallas. Y tuve claro que aquello tenía que salir en una película. La idea inicial de todo ello fue aquella fotografía: 300 personas reunidas para hacer y ver una batalla de gallos. Me impresionó mucho que tanta gente joven se reuniera para hacer estas luchas verbales, para entretenerse con la palabra. Normalmente se diría que la juventud no tiene estas inquietudes, así que era bastante impresionante de ver. Para la gente mayor es algo como de otro planeta, casi como inexistente, hasta que lo descubren.
¿Cómo hicisteis match con Lati? ¿Cómo os encontrasteis?
Ingride: Con tu segunda batalla ya te hicieron un vídeo de los mejores momentos y lo colgaron en YouTube, ¿verdad? La Tiniebla era bastante espectacular, porque se metía al público en el bolsillo. Lati tiene un swag y un flow y una puesta en escena... y lo que yo llamo una latitud interpretativa: puede ser súper dulce y, después, un huracán de energía. Hay pocas chicas que se atrevan a hacer esto, y que ella, con la segunda batalla, ya tuviera un vídeo viral es algo que me impresionó. Lati me gustó mucho, pero decidimos hacer entrevistas a todas las chicas que hacían freestyle en España. Y solo eran cinco en Barcelona, cuatro o cinco chicas más en Madrid, una en Asturias y una en Alicante. Las batallas de gallos imponen mucho y hay pocas mujeres que las hagan. Las entrevistamos, todas tenían un talento increíble, pero Lati me encantaba por eso, por lo poliédrica que es a nivel emocional. Y fue un match. Después hicimos un stage con cinco o seis raperas, y después ya te dije: 'Lati, por favor, ¿quieres hacer esta película con nosotras?' Y es a partir de haberlas elegido a ellas que se construyó todo el artefacto narrativo que hay alrededor.
Hay pocas chicas que se atrevan a hacer esto, y Lati, con la segunda batalla, ya tenía un vídeo viral
Lati, explícanos tu versión del match...
Latifa: Pues yo recibí un mensaje en Instagram explicándome esto de las entrevistas a las raperas de toda España. Me decían que me querían conocer. Ingride: Estuviste a punto de no venir, ¿verdad? Latifa: Sí, estuve a punto de no ir [ríen]. Es que yo soy un poco despistada con el teléfono. Aunque sea joven no me gusta mucho estar trasteando el teléfono ni revisando las redes sociales. Entonces pasaron unos días hasta que vi el mensaje. Al final fui, y ya se hizo esta selección de las seis raperas. Para mí, todo era como un juego. Para mí y creo que para todas. Porque Ingride lo planteó todo así, ir jugando e ir aprendiendo y descubriendo cosas.
Antes de entrar en la película, ya tenías una cierta experiencia rapeando. Ya eras LaTiniebla.
Latifa: Yo empecé a rapear con mis amigos. Los acompañaba a las batallas, para verlos, pero no me apuntaba a los eventos: "Hostia, cómo me voy a apuntar a esto, qué vergüenza". Hasta que un amigo mío me animó a hacerlo, y después de que me insistiera, me atreví. Y salió bastante bien: en mi segunda batalla quedé segunda. O sea, la experiencia me gustó mucho.
Una vez tenías protagonista, diste forma a la historia, a qué película harías...
Ingride: Siempre me he sentido un poco misfit en esta sociedad. Y me interesan mucho todas las historias que tienen que ver con personajes de este tipo, que están en un momento bisagra, en un momento de redefinición. Creo que son situaciones vitales que están muy a flor de piel, y que cuando tienes que definirte, a nivel identitario, a nivel de qué quieres hacer o de qué no quieres hacer, de lo que se supone que los demás quieren para ti... Me parece un instante vital muy importante que funciona muy bien a nivel narrativo. Y en este caso, las batallas de gallos me permitían jugar con esto, con el tema de la pertenencia. Y después construimos una trama emocional que diera más ruido a aquella decisión. Son terrenos que me interesan mucho, los terrenos que están en los márgenes, pero no por una cuestión social sino más bien emocional. No estás, no formas parte de la corriente, pero sí que te haces preguntas y tienes que redefinirte, y esto hace que te sientas vivo y que avances por la vida. Creo que son momentos muy importantes. Y el personaje de la película está justamente en este momento.
También hay una vertiente de temas sociales...
Ingride: Sí, Ruido tiene este punto social, pero al final la historia es muy universal, porque habla de una familia. Y, al final, la película intenta emocionar a través de algo que todos conocemos: la familia, los conflictos con nuestros padres, algo muy transversal. Entonces sí que la película intenta ampliar el imaginario, porque el cine también debe servir para que el espectador pueda conocer nuevas realidades y pueda entender personajes que normalmente no tiene a su alrededor. Al final el objetivo es que veas que no son tan diferentes de tu familia o de los problemas que tú has tenido. Latifa: Hablamos de personas de diferentes culturas, pero que realmente tienen los mismos problemas.
El cine también debe servir para que el espectador conozca nuevas realidades y pueda entender personajes que normalmente no tiene a su alrededor
Ruido también apuesta por la representatividad de perfiles humanos que no acostumbran a protagonizar películas en nuestro país. La protagonista es una catalana hija de migrantes de Mali...
Latifa: Sí, yo considero que también es importante mostrar cómo dentro de una cultura, en este caso la catalana o española, hay más culturas, y estamos rodeados de personas diferentes, de todo tipo. Y creo que es el momento adecuado, porque no estamos inventando nada, es nuestra realidad. Ingride ha conocido un mundo como el del freestyle, y todo lo que aparece en la película es real. Toda la gente que participa vive el freestyle, cada uno con sus conflictos, que son los que puede tener cualquier joven de mi edad.
Ingride ha conocido el mundo del freestyle, y todo lo que aparece en la película es real
Ingride: De hecho, la escena del freestyle es muy multicultural sin cuestionárselo. Tú bajas a una batalla y hay gente de todas partes, y no es una cuestión que esté en el centro. Es un hecho totalmente normalizado. Quizás nos tendríamos que preguntar si no es que nosotros estamos muy alejados de realidades que en la calle son muy normales, ¿no? O sea, el cine tiene este poder, de abrirte una ventana a mundos y espacios que tú no conoces, y que cuando los ves te das cuenta de que estamos súper vinculados también a estos universos. Al final todos somos personas, somos emociones, somos sentimientos, todos somos humanos perdidos en este planeta. Creo en las ganas de querer verlo y las ganas de querer explicarlo, y esto quizás está mucho más normalizado en otros países. En España no tanto. Y creo que tenemos historias y actores y personajes potentísimos que se podrían poner en el centro. Y ampliar nuestro imaginario, y ampliar nuestra cultura, la musical, geográfica, política, de mil aspectos...
Se trata de mostrar la diversidad de nuestro alrededor, que en el cine muchas veces no vemos...
Ingride: Es que, claro, la gente lo llama diversidad, pero Lati vive en Montcada, yo vivo en el Prat, y es nuestro día a día. Insisto, a nivel profesional hay gente muy buena, y creo que esta película lo demuestra. Y pasa con el mismo movimiento del freestyle, que está un poco a la sombra, y con Ruido intentamos abrirlo un poco. Para mí el cine es eso, es abrir siempre, y ampliar miradas.
Con toda esta construcción de la película, también está la construcción de la actriz.
Latifa: A mí, me gustó el proceso por lo que tenía de juego. A día de hoy, todavía lo siento así: todo el tiempo estás aprendiendo cosas nuevas que te ayudan a hacer un trabajo mejor. A medida que hacíamos el juego, cada vez era más fácil jugar. El proceso ha sido muy divertido. También cuesta un poco asumirlo: '¡Guau, lo he hecho!'. Me han visto mis padres, mi hermana... Ingride: Pero es que tú vienes de una familia de artistas, porque tu hermana es actriz. Latifa: Mi hermana es actriz, ha hecho cine, series, ha actuado en el TNC... y me ha dado muchos consejos. Y tengo otra hermana, la mayor, que es bailarina. Si me gusta mucho el rap es porque me lo enseñó ella y he escuchado mucho en casa. Y aquí tenéis la mezcla de estas dos hermanas mayores [ríen].
¿Veremos a Lati haciendo más de actriz? ¿Se ha abierto una puerta profesional?
Ingride: Sí, tú tienes un deseo, siempre lo dices [ríen].
Latifa: Mi deseo es seguir, la verdad, me ha gustado muchísimo todo esto que me ha enseñado Ingride. Es otro mundo. Y a mí lo que me gustaría es hacer comedia. Yo soy muy fan de la comedia, no puedo estar sin reír, me encanta cuando la gente disfruta de estar conmigo. Y me gustaría mucho hacer algo de comedia, en catalán o en castellano o en cualquier idioma.
¡Hacemos una llamada a productores y directores de casting, pues! ¿Qué se encontrará la gente si va a ver Ruido?
Ingride: Quizás vale más la pena explicar qué no es Ruido, porque normalmente una película de hip-hop está relacionada con personajes que lo están pasando mal, y con una realidad muy cruda. Gente que son víctimas de lo que tienen a su alrededor. Y Ruido no entra dentro de estos esquemas. Podríamos decir que quizás es una mirada más femenina sobre el rap, pero porque tampoco ha habido muchas más visiones en este sentido. Y es una película más luminosa en este aspecto. Es un viaje que acaba en positivo, es un viaje que acompaña a la prota y que te hace empatizar y vivir este camino con ella. Y sobre todo... la película es Lati. Si la conoces, la película tiene su espíritu. Es inevitable, porque ella está en el centro. Y como todo se ha cuidado y se ha construido a partir de ella, este espíritu se ha quedado ahí. Entonces, el espectador de Ruido también verá una parte de la realidad del freestyle de Barcelona, porque todo el mundo que aparece es de la movida, no hay artificios, todo el mundo que aparece está realmente en el movimiento. Y a partir de ahí, hay una relación de la protagonista con su madre, que interpreta Asaari Bibang, que es una actriz impresionante. Y también la relación que tiene con el personaje de Judith Álvarez, la amiga que la acompaña, que también es muy especial y representa un espíritu de pureza y de valores.
Hablemos de público, ¿veis Ruido especialmente adecuada para esa gente joven que parece reticente a ir a las salas de cine?
Ingride: Totalmente. Mira, uno de los proyectos que más nos está gustando hacer con Ruido es proyectarla en los institutos, y participar en coloquios con gente de primero y segundo de ESO, y estudiantes de bachillerato. Son coloquios súper interesantes, y ves que realmente ellos tienen ganas de ver cine y de cuestionarse cosas, y de hablar de ello. ¡Nos tienen que echar porque no acabaríamos los coloquios! [Ríe]. Siempre es muy fácil culpar a la persona que está lejos de ti, es muy fácil decir que los jóvenes no van al cine y que no les interesa. Y es mentira, les interesa mucho. Quizás a nivel de industria nos tendríamos que preguntar por qué los jóvenes no tienen unos precios más atractivos para poder ir al cine. Igual que existe el día sénior, debería existir el día para que los jóvenes pudieran ir al cine por poco dinero, y seguramente las salas se llenarían más de lo que se están llenando. Y esto lo estamos viendo en los institutos. Los chavales se interesan, se emocionan, ellos lo dicen: me he emocionado con la película. Quizás el trabajo es más nuestro que no suyo.
Es muy fácil decir que los jóvenes no van al cine y que no les interesa. Y es mentira
También habría que hacer más contenidos a nivel cinematográfico dirigidos a los jóvenes, que conecten más con sus intereses...
Ingride: Totalmente, pero como formamos parte de una industria que siempre piensa en la venta, y como se presupone que esta gente no irá al cine, quizás el problema es que no se hacen películas para ellos, porque no son un target atractivo. La pregunta sería qué pasaría si hiciéramos películas para ellos y les facilitáramos poder llegar a las películas, y que se pudieran ver representados como se ven representados en las escuelas, porque las escuelas de Cataluña y España también tienen muchísima diversidad. Yo creo que vuelve a ser un trabajo nuestro, de acercarnos a ellos, y con la película lo estamos haciendo, y la verdad es que está siendo muy agradecido. Yo, directamente, agradezco mucho más ir a los institutos que estar en un festival compitiendo con otras películas. Pero mil veces más, es mucho más bonito, y de repente aquello que has hecho tiene sentido.
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